JUEVES, 04 DE JUN.

Adiós a Claudia Schijman: la actriz y maestra que convirtió el arte en un refugio

Debutó en TV con Antonio Gasalla, apareció en la serie de Netflix El Eternauta y en numerosos proyectos teatrales, televisivos y fílmicos.

La muerte de Claudia Schijman conmocionó al mundo artístico argentino. La actriz, docente y formadora de generaciones de intérpretes falleció a los 66 años, luego de haber sufrido un incendio en su casa del barrio porteño de Palermo. Aunque el fuego no fue de gran magnitud, las llamas bastaron para provocarle graves quemaduras en los brazos. Tras permanecer internada durante varios días en el Hospital Fernández, su salud se deterioró y murió el 26 de octubre de 2025.

El incendio ocurrió en su vivienda de la calle Nicaragua al 5500, un edificio tipo PH en pleno Palermo. Vecinos alertaron a los bomberos al ver humo salir del departamento. Cuando el personal de emergencias logró ingresar, encontró a Schijman consciente pero con lesiones severas. Fue trasladada de inmediato al hospital, donde se mantuvo estable por algunos días. Su fallecimiento, confirmado el domingo, dejó un vacío profundo entre colegas y ex alumnos que la consideraban una referente dentro y fuera de los escenarios.

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Nacida el 8 de agosto de 1959, Schijman transitó una carrera diversa y comprometida. Su rostro comenzó a hacerse conocido en los años noventa, cuando participó en El Palacio de la Risa, el emblemático programa de Antonio Gasalla. Su talento versátil le permitió moverse entre la comedia, el drama y la docencia con una naturalidad poco frecuente. Trabajó también en Gasalla en Telefé y Gasalla en Libertad, además de integrarse a producciones televisivas como Verdad y consecuencia, Soy tu fan, El Eternauta y Menem, su participación más reciente, donde compartió elenco con figuras de distintas generaciones.

En el cine dejó su huella en títulos como Evita, Corazón iluminado, Mi reino por un platillo volador y Diario para un cuento, de Alejandro Agresti. Pero quienes la conocieron de cerca aseguran que su verdadera pasión estaba en la docencia. Durante más de tres décadas dio clases de actuación en espacios culturales, hospitales y talleres comunitarios. Para ella, el teatro era mucho más que un oficio: era una herramienta para sanar, comprender y transformar.

“Claudia enseñaba a mirar el mundo con otros ojos. No importaba si eras actor o no, te hacía encontrar algo tuyo en cada escena”, recordó una ex alumna en redes sociales. Otros colegas destacaron su generosidad, su compromiso con las causas sociales y su capacidad para acompañar a los más jóvenes en sus primeros pasos dentro del arte.

La Asociación Argentina de Actores emitió un comunicado en el que lamentó profundamente su fallecimiento, resaltando su extensa trayectoria y su aporte al desarrollo del teatro nacional. “Fue una artista íntegra, de las que dejan huella en quienes la rodean”, expresó la entidad.

Claudia Schijman deja detrás una carrera sólida, una comunidad de discípulos que la consideraban una maestra de vida y una obra que trasciende los límites del escenario. Su despedida no sólo duele por las circunstancias trágicas, sino también porque se va una figura que entendía el arte como un acto de amor, compromiso y humanidad.

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