Murió el baterista Daniel Buira, uno de los fundadores de Los Piojos
El músico se habría descompensado cuanto se encontraba en un patio interno de la Escuela de Percusión La Chilinga.
- Espectáculos
- Mar 21, 2026
Daniel Oscar Buira, primer baterista de Los Piojos y uno de los fundadores de la banda, murió este sábado a los 54 años cuando se encontraba en una escuela de percusión del partido bonaerense de Morón.
El músico estaba en la Escuela de Percusión La Chilinga y, según apuntaron testigos ante los efectivos policiales que concurrieron al lugar, se descompensó y quedó sin respiración.
Según el relato de estas fuentes, el baterista estaba en un patio interno del lugar y pidió asistencia porque «no podía respirar». Al salir a asistirlo, perdió el conocimiento. El personal del SAME constató el fallecimiento.
Los efectivos dialogaron con familiares que indicaron que el músico tenía asma. No obstante, el Ministerio Público Fiscal dispuso medidas de rigor para descartar cualquier otra posible causa. La investigación quedó en manos de la UFI 8.
Una pieza clave de una banda icónica
Buira fue parte de “Los Piojos» desde sus inicios a fines de la década del 80 y se consolidó como uno de los pilares rítmicos del grupo, donde acompañó el crecimiento de la banda hasta su separación en 2009.
A lo largo de su carrera, el músico participó en la grabación de discos emblemáticos del rock nacional como “Chactuchac” (1992), “Ay ay ay” (1994), “Tercer arco” (1996), “Azul” (1998) y “Verde paisaje del infierno” (2000), trabajos que marcaron a una generación y posicionaron a la banda como una de las más convocantes de la escena local durante los años 90 y principios de los 2000.
En ese marco, integró la etapa de mayor masividad del grupo, con presentaciones en estadios y festivales multitudinarios, entre ellos los recordados shows en el estadio de River Plate y giras por todo el país. Su estilo combinaba la base del rock con elementos de la percusión latinoamericana, y se convirtió en un referente dentro de su instrumento en la escena local.
Tras la disolución del grupo, Buira continuó ligado a la música a través de distintos proyectos y colaboraciones, además de profundizar su faceta como percusionista, exploró ritmos y formatos más ligados a lo colectivo y lo experimental.
Además, desarrolló una intensa actividad como docente, vinculado a espacios de formación musical y talleres, con un fuerte compromiso en la transmisión de conocimientos a nuevas generaciones de músicos.
En ese sentido, mantenía un vínculo activo con la Escuela de Percusión La Chilinga, un espacio reconocido por su trabajo con ritmos afro y latinoamericanos, donde impulsaba el aprendizaje desde lo comunitario.

