Agronegocios y comercio inmobiliario, las claves para entender la devastación de Bahía Blanca y la severidad de las tormentas
"Para alguien desprevenido, las imágenes de Bahía Blanca, Chubut y Río Negro, me refiero a las inundaciones y a los incendios, pueden parecer imágenes contrastantes, pueden ser leídas como imágenes demasiado diferentes y hasta opuestas. La verdad es que estamos hablando exactamente de lo mismo", indicó el biólogo Guillermo Folguera.
- Info general
- Por Alejandro Maidana
- Mar 30, 2025
Lo que estamos viendo en el país y en gran parte del planeta, son las consecuencias esperadas de situaciones globales, regionales y locales que se combinan. Si bien la contundencia de lo sucedido en Bahía Blanca impactó profundamente por sus ribetes catastróficos, existieron tormentas muy severas en gran parte del territorio argentino específicamente en la zona del litoral que poco han trascendido.
Lo que alguna manera estamos transitando, por un lado, es una concreta crisis climática que predecía, por ejemplo, cambios en los regímenes de precipitaciones, lluvias muy marcadas en determinados momentos de tiempo, acompañada a posterior por situaciones de sequía a nivel regional muy importantes.
Bahía Blanca no es casualidad, toda la región central de Argentina sufrió, entre otros terribles sucesos, procesos vinculados con los agronegocios que generaron impermeabilizaciones de los suelos y pérdidas de la capacidad del suelo de retener agua lo que se llama efecto tobogán, y que hace que los mismos no retengan el agua haciendo que esta se deslice a través de la pendiente.
Hay una gran parte de Bahía Blanca que es una zona deprimida, y después aparecen situaciones locales ancladas en la no mantención mínima de las condiciones en los canales. Haber generado negocios inmobiliarios en lugares donde debía retenerse agua ha generado que toda situación climatológica quede fuera de control. Esto sumado al no cuidado del monte o bosque nativo, sino más bien la apuesta a seguir expandiendo fuertemente los agronegocios.
Lo que llamamos natural nunca es exclusivo de la acción humana, la crisis climática está directamente vinculada con acciones que se desarrollan, por ejemplo, en los países centrales principalmente vinculados con la emisión de gases de efecto invernadero, como así también en el caso de América Latina y particularmente de Argentina, con las situaciones de deforestaciones brutales de montes que impiden la captación de carbono.
“La situación particular de Bahía Blanca o de Tucumán para citar algunos casos impactantes, empiezan a aparecer los efectos explícitos de los agronegocios y de los negocios inmobiliarios. Hablar de cambio climático implica ponerse a discutir qué produce un país y qué sectores se ven beneficiados, hay ciertos sectores que intentan instalar, y ni hablar el presidente, la idea de que es cosa de zurdos o de hippies discutir el cambio climático. Claramente los interpela este debate, ya que significa por ejemplo discutir cómo vive un pueblo, o con qué condiciones atraviesan los sectores más desprotegidos de nuestro país, víctimas en ese caso, de fatales incendios forestales”, indicó el biólogo Guillermo Folguera en dialogo con Conclusión.
Se trata de poblaciones absolutamente empobrecidas que pierden lo poco que tienen. Si bien los impactos son a nivel global, América Latina está teniendo registros muy brutales y nuestro país, tanto a través del ejecutivo nacional como los ejecutivos provinciales, no hace absolutamente nada en este sentido. “Para alguien desprevenido, las imágenes de Bahía Blanca, Chubut y Río Negro, me refiero a las inundaciones y a los incendios, pueden parecer imágenes contrastantes, pueden ser leídas como imágenes demasiado diferentes y hasta opuestas. La verdad es que estamos hablando exactamente de lo mismo y la sucesión de causas involucradas también son muy parecidas, porque estamos hablando siempre de un mismo desencadenante, los negocios. Estamos hablando de múltiples causas involucradas y de aparatos estatales y empresariales que lejos de buscar en algún sentido el interés común, lo único que buscan es una atajada para que esto se reproduzca y se multiplique”.
Bahía Blanca fue víctima principal de una escena que también se vio amplificada en otros lugares del país como el resto de la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Tucumán y Jujuy. “Bahía Blanca bajo agua representa a nivel local la desidia, la falta de inversión y de infraestructura para una ciudad que arrastra su tercer evento catastrófico en 14 meses. Bahía Blanca representa también, como parte de una provincia de Buenos Aires absolutamente devastada por los agronegocios, la expresión máxima de qué se genera cuando la tierra, cuando el lugar en donde vivían comunidades, se vuelve un mero sustrato de los agronegocios, cuando el suelo se impermeabiliza, cuando se comprime, cuando ya no hay pastizales para absorber agua sino que lo único que hay es una tierra dura que hace que el agua corra de los lugares más altos a los lugares más bajos y que explique gran parte de la cantidad de agua que fue a parar a Bahía Blanca y hacer de las calles ciudades”.
Bahía Blanca representa también lo que esperábamos cuando hablábamos de crisis climática o de cambio climático, que las precipitaciones por ejemplo cambien a partir del incremento en la temperatura y el aumento de la humedad, estas mayores precipitaciones concentradas en el tiempo ya dejaron de ser una excepción, ya dejaron de ser un accidente para ser un patrón recurrente. “Bahía Blanca combina entonces las causas locales, regionales y globales para explicar cómo es que estamos hablando de una demoledora cifra de muertos y en donde se pasan la pelota entre el municipio, la provincia y nación para ver quién es menos responsable de todo este desastre. Bahía Blanca con su agua es la otra cara de un modelo que hasta hace muy poco mostraba enormes llamas en las provincias de Catamarca, de Neuquén y que en particular cobró relevancia todo lo sucedido en Chubut y Río Negro. En ese caso los incendios por supuesto que fueron buscados, se sabe que la mayor parte de los incendios en nuestro país son intencionales, se sabe también que el sistema judicial no busca a los verdaderos responsables ni tampoco garantiza que una vez que ocurran los incendios, el suelo se mantenga en el tipo de uso y no por ejemplo que se dirija a un negocio mobiliario”.
Pero los incendios del sur también mostraron otras caras, desnudaron a fuerzas para estatales reprimiendo a las comunidades que pedían la liberación. Mostraron a brigadistas perseguidos por fuerzas de seguridad y por un sistema judicial que le molesta que las comunidades se organicen. “Mostraron también a las comunidades mapuche recibiendo una y otra vez este ataque constante que mezcla racismo con un intento por despojar a la tierra de sus cuidadores. Los incendios también mostraron al igual que Bahía Blanca un ecosistema degradado, en este caso seco, que una vez que esa incendia se expande y también al igual que Bahía Blanca con los agronegocios, plantaciones forestales de pinos fundamentales para explicar la velocidad de las llamas una vez prendida. Bahía Blanca y el Bolsón, usados como imágenes de nuestro país, por último, mostraron otro elemento que es fundamental marcar y que es importante también terminar, mostraron la resistencia social, la organización comunitaria, no sólo a nivel local sino a nivel regional y nacional”.
Comunidades organizándose, buscando apoyar, sostenerse y vivir mejor, buscando cuidar los territorios. “Hay algo ahí de fondo y bien cerquita a la vez de comunidades que se organizan de la fuerza que tienen y mientras tanto, funcionarios que juegan para las empresas, provincias enteras más preocupadas en perseguir a las víctimas que en verdaderamente responsabilizar y judicializar a los responsables. Pero nos quedan las comunidades organizándose. Es ahí que vamos y es ahí al fin y al cabo en donde está nuestra esperanza”.

