MARTES, 03 DE NOV.

Ataque transfóbico grupal en los Bosques de Palermo: cacería premeditada, inacción policial y la alarma por los discursos de odio

Entre la noche del domingo 1 y la madrugada del lunes 2 de noviembre de 2026, una patota de entre 50 y 60 jóvenes perpetró una violenta agresión coordinada contra mujeres trans en los Bosques de Palermo. La reconstrucción digital impulsada por la politóloga y abogada trans Gabriela Ivy sacó a la luz la premeditación del hecho por parte de grupos organizados en redes sociales.

 

Durante la noche del domingo 1 y la madrugada del lunes 2 de noviembre de 2026, los Bosques de Palermo se convirtieron en el escenario de una violenta agresión colectiva. Un despliegue de entre 50 y 60 adolescentes y jóvenes, que se movilizaban combinando la marcha a pie con el uso de bicicletas, irrumpió en la zona para acosar a las trabajadoras sexuales y mujeres trans que se encontraban en el parque.

La secuencia de los hechos comenzó con un hostigamiento sistemático basado en burlas y provocaciones directas hacia las víctimas. Ante la respuesta verbal defensiva de las mujeres trans, la patota se retiró momentáneamente para reorganizarse y regresar con un despliegue de mayor violencia. Armados con palos y diversos elementos de señalización urbana, los agresores ejecutaron la agresión física; entre los objetos empleados se registró el uso de un cono de tránsito naranja, con el cual golpearon a una de las víctimas en plena avenida.

El ataque fue concebido y ejecutado bajo una clara lógica de espectáculo digital. Los propios agresores registraron las persecuciones y la golpiza mediante filmaciones realizadas con sus teléfonos móviles. Posteriormente, estos videos fueron difundidos y viralizados en plataformas de redes sociales acompañados por la leyenda “A correr los trabas” y emojis de risa, exponiendo una intencionalidad explícita de humillación y celebración de la violencia ejercida.

 

Premeditación y cacería digital: los hallazgos de la investigación de Gabriela Ivy

La reconstrucción de la trama detrás de la agresión fue llevada a cabo por la politóloga y abogada trans Gabriela Ivy, quien rastreó el origen de las cuentas digitales que difundieron el material. Su análisis permitió establecer que no se trató de un hecho fortuito ni de un descontrol nocturno espontáneo, sino de una cacería premeditada por grupos vinculados a la práctica de bici-cross procedentes del conurbano bonaerense, puntualmente de localidades como Bernal y San Martín. Según constató Ivy, las publicaciones iniciales del ataque partieron de perfiles alineados con la estética libertaria.

En el marco de su investigación, Ivy contactó a una de las bicicleterías vinculadas a los perfiles de redes sociales de los involucrados para advertir sobre la gravedad de las agresiones y la inminencia de acciones judiciales. Durante el intercambio, el interlocutor intentó desligarse de los hechos recurriendo a justificativos personales: «Yo no tengo nada en contra de la comunidad homosexual ni las travestis, soy padre de tres hijas».

 

Frente a este argumento, Ivy cuestionó severamente la evasión de responsabilidades colectivas e individuales en actos de violencia grupal. «El recurso de utilizar a las hijas como escudo ya está un poco gastado», indicó la abogada.

Asimismo, la investigación permitió acceder a un registro audiovisual grabado desde la perspectiva de una de las trabajadoras sobrevivientes en el parque. Sin embargo, para garantizar la integridad de las víctimas frente a la desprotección estructural y el temor fundado a sufrir represalias, Ivy tomó la decisión de preservar su anonimato y editar el material. «Silencié el video porque había una de las travestis que estaba hablando (…), me pidieron mantener todo en anonimato», añadió Ivy en un claro mensaje de protección hacía las victimas.

 

Falencias de la Policía de la Ciudad y barreras institucionales de acceso a la justicia

La actuación de las fuerzas de seguridad porteñas frente a la agresión perpetrada en los Bosques de Palermo volvió a dejar al descubierto falencias estructurales en materia de prevención y respuesta operativa. Los efectivos de la Policía de la Ciudad arribaron al sector de los hechos únicamente una vez que el ataque se había consumado, debido a que el personal destinado a esa cuadrante se encontraba abocado prioritariamente a la detención de dos vendedores de paltas en las inmediaciones del parque. Esta selección de prioridades evidenció una atención volcada a la fiscalización de la economía informal por encima del resguardo físico de las trabajadoras ante delitos violentos.

En lo relativo a la investigación del hecho, aunque las autoridades evalúan auditar las imágenes captadas por las cámaras del Centro de Monitoreo Urbano (CMU) para identificar a los entre 50 y 60 involucrados, la reconstrucción del caso descansa por el momento casi de forma exclusiva en las filmaciones de carácter privado que circularon en plataformas digitales.

A esta situación de indefensión se añade la ausencia de testimonios y denuncias formales asentadas en los registros policiales oficiales. La retracción de las sobrevivientes para acudir a las dependencias estatales visibiliza las profundas barreras institucionales y la desconfianza estructural que distancian al colectivo trans del sistema judicial, signadas por el temor a quedar expuestas a nuevas represalias y revictimizaciones.

 

Discursos de odio, disputas narrativas y la respuesta política ante la Marcha del Orgullo

El ataque grupal generó un inmediato repudio y desató una intensa disputa en torno a la narrativa pública de los hechos. Diversos portales mediáticos y cuentas en redes sociales intentaron minimizar la cacería presentándola como una «pelea de fisuras» o un mero incidente de la nocturnidad porteña. Sin embargo, referentes del colectivo LGBTQI+ ratificaron que se trató de un ataque transfóbico deliberado, directamente vinculado al clima de hostilidad que se convalida desde esferas gubernamentales.

 

Ante la gravedad de los hechos, sectores del colectivo de la diversidad sexual recalcaron la urgencia de dar una respuesta política contundente. De cara a la inminente Marcha del Orgullo, las organizaciones enfatizaron que la movilización no puede quedar reducida a un festival festivo o a un line up de presentaciones artísticas. La convocatoria se plantea como una manifestación de protesta directa en las calles para exigir el cese de los crímenes de odio y el rechazo a los discursos institucionales que legitiman la violencia física contra las personas trans.

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