MARTES, 20 DE OCT.

Comentarios al margen del acto oficial

Los dimes y diretes de la ceremonia. Trajes, colores, vestidos, peinados y mucho más en este breve comentario sobre la moda en la asunción de las nuevas autoridades.

Toda ceremonia, por más seria y comprometida que ésta sea, tiene sus aristas superficiales. La asunción de las nuevas autoridades que conducirán los destinos del país los próximos cuatro años, no es una excepción a esta regla.

Entonces, aquí van unas apostillas chismosas que no ignora que la cuestión de imagen nunca es un dato menor.

Yo Marta Gabriela Michetti juro… así comenzó el juramento, con evidente emoción contenida, la ahora vicepresidenta de la Argentina. Vestida con un sencillo, a la vez que elegante, traje color marfil, y coqueto peinado, Michetti fue quien invitó al ingeniero Mauricio Macri a hacer lo propio.

De esa forma, el flamante presidente, de impecable traje azul marino, corbata cuadriculada al tono y un brillo apenas notorio de  nervioso sudor en la frente, pronuncio las palabras que demandan Dios y la Patria.

Al tiempo que el ingeniero Macri, en su discurso ofrecía su mejor esfuerzo, desde el palco lindero, recién estrenada como primera dama, su esposa, Juliana Awada, delicadamente maquillada, con impoluto vestido blanco y mangas semitransparentes, probablemente de su propia firma de diseño, aplaudió cada uno de los conceptos vertidos por su marido.

El rabino Sergio Bergman, quien lució uno de sus acostumbrados coloridos kipás y traje negro,  se ubicó junto a la nueva Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, a quien le sentó muy bien su notoria visita a la peluquería. Con ella compartió en varias ocasiones, pequeños comentarios y una o dos sonrisas durante el discurso del nuevo Jefe de Estado.

El “pibe maravilla”, como se lo conoce al nuevo jefe de gabinete, Marcos Peña, presenció las formalidades junto a su esposa, la periodista Luiana Mantero ambos, bellos y elegantes, ella con sobrio negro,

Una mosca blanca suele resaltar en el montón, y algo así le ocurrió a Alberto Fernández, quien no pasó desapercibido con su  traje blanco y corbata negra, que contrastó con una circunspecta expresión que duró todo el discurso.

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