DOMINGO, 19 DE JUL.

Día de la Militancia: ¿por qué se celebra en Argentina cada 17 de noviembre?

La fecha se instauró luego de 1972, cuando tras más de 17 años de exilio el general Juan Domingo Perón regresó al país, en el que estuvo una breve estadía que sirvió de base para el regreso definitivo.

 

El 17 de noviembre de 1972 no fue un día más en la historia de la Argentina y, particularmente, no lo fue para el movimiento nacional justicialista: su líder, Juan Domingo Perón, regresó al país en aquella jornada lluviosa en un vuelo de Alitalia tras casi 18 años de exilio impuesto por la dictadura que lo derrocó del gobierno constitucional en septiembre de 1955.

Por ese motivo, cada 17 de noviembre se recuerda en el país del Día de la Militancia, por la movilización que intentó por todos los medios ir a recibir al aeropuerto de Ezeiza a su líder, aunque los militares que entonces usurpaban el poder hicieron lo imposible porque el encuentro el líder con su pueblo no sucediera.

Habían pasado 17 años y 52 días de exilio forzado de Perón por el golpe de Estado de 1955 de la autodenominada Revolución Libertadora. Aquel gobierno de facto no solo derrocó a un gobierno constitucional, sino que además proscribió al peronismo mediante el Decreto 4161/56 e instaló una persecución política que duró casi dos décadas.

Tras un tironeo con el entonces presidente de facto, Alejandro Lanusse, Perón volvió al país. El gobierno de facto había anunciado que las elecciones se concretarían el 11 de marzo de 1973 y la entrega del poder se realizara el 25 de mayo de ese mismo año. Pero impuso una condición: que los candidatos tuvieran que encontrar en el país antes del 25 de agosto de 1972, y permanecer dentro del país hasta la fecha de la asunción. Era una cláusula “anti” Perón.

 

 

Ante la negativa del líder del justicialismo a aceptar las condiciones impuestas para participar de las elecciones, Lanusse pronunció una frase que quedó en la historia: “Pero aquí no me corran más a mí, ni voy a admitir que corran más a ningún argentino, diciendo que Perón no viene porque no puede; permitiré que digan porque no quiere, pero en mi fuero íntimo diré porque no le da el cuero para venir”.

El planteo del militar fue replicado con una gran movilización de militantes peronsitas que cantaron la consigna: “Lanusse… Marmota… Perón va a venir cuando le canten las pelotas”. Fue, finalmente, el 17 de noviembre de 1972

A las once de la mañana de aquel día se abrió la puerta del avión de Alitalia proveniente de Roma y Perón volvió a pisar suelo argentino. Llegó acompañado por una comitiva de unas 150 personas (artistas, deportistas, científicos, sacerdotes, músicos y dirigentes sociales y sindicales). Así, en pos de reconocer a todos aquellos que resistieron durante casi 18 años y aquel día atravesaron la tormenta para reclamar una democracia sin proscripciones, se dio origen al Día de la Militancia.

Una multitud de personas se movilizó bajo la lluvia hacia el aeropuerto de Ezeiza a darle la bienvenida al líder. Su intención no era solamente recibirlo con alegría, sino también protegerlo de posibles maniobras de las fuerzas armadas con el fin de que terminara prisionero.

No obstante, el gobierno militar intentó impedir que la marea humana se acercara al aeropuerto, disponiendo un enorme dispositivo de seguridad en el que participaron 35 mil hombres. El primer objetivo era la disuación: se había declarado el Estado de Sitio. Los militares rodearon el predio del aeroparque con un círculo de hierro, con tanquetas y tanques y numerosos soldados armados cortando el paso sobre los accesos a la autopista cercana.

 

«Lanusse, marmota, Perón va a volver cuando le canten las pelotas», cantó la multitudo justicialista.

 

 

Mientras tanto, en la ciudad, llegaban los trenes de las provincias, atestados de jóvenes y trabajadores. Patrullas del ejército, formadas por jeeps artillados y camiones cargados de soldados circulaban por las calles y trataban de disolver los grupos que se iban formando con gases lacrimógenos, balas de goma e inclusive de plomo. También se confiscaron micros y camiones, por lo que la mayoría de los militantes se vio en la obligación de continuar el largo trayecto a pie.

Así todo, la multitud finalmente logró acceder a las inmediaciones del aeropuerto, que estaba cercado, aunque el General ya se había marchado. Lanusse retuvo al expresidente en el Hotel de Ezeiza hasta la madrugada del día siguiente, tras lo cual el fundador del justicialismo se dirigió a a su casa de la calle Gaspar Campos, en Vicente López. Su estadía se prolongó solamente por 29 días, ya que luego volvió a irse a España.

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