Día Mundial de la Prevención del Suicidio: ¿Qué son los suicidios feminicidas?
Un informe del Observatorio Nacional de la organización Mumalá da cuenta de los casos ocurridos en el país. Una mirada de género sobre la inducción a quitarse la vida como efecto de la violencia sufrida.
- Info general
- Sep 10, 2026
En el Día Mundial de la Prevención del Suicidio y en el contexto del crecimiento de la tasa de casos ocurrida en 2025 en Argentina -hasta convertirse en la primera causa de muerte violenta por sobre los asesinatos y los siniestros viales-, la organización Mujeres de la Matria Latinoamericana (Mumalá) difundió un informe con datos sobre los “suicidios feminicidas”. ¿De qué se trata?
El concepto nace en los años 90 del siglo pasado en el lenguaje de las militancias feministas. “Los suicidios feminicidas son aquellos en los cuales mujeres e identidades feminizadas deciden quitarse la vida como posible efecto de la violencia de género recibida”, explica el documento.
“Las violencias machistas, los abusos de poder crónico, el odio o menosprecio por la condición sexogenerica, la persistente falta de respuesta y acompañamiento efectivo del Estado, se inscriben como desencadenantes de estas muertes violentas, en un marco de una problemática multicausal y compleja”, abunda el informe.
Y explica que “los suicidios por inducción o ayuda existen en múltiples legislaciones, pero únicamente El Salvador (país con alta tasa de femicidios) incorporó los motivos de género, en su Ley Integral de Protección a la Mujer vigente desde 2012”.
El indicador contempla las muertes violentas autoinfligidas de niñas, adolescentes, mujeres e identidades feminizadas con antecedentes de haber sido abusadas sexualmente, que sufrieron violencia de género u obligadas al ejercicio de la prostitución o en situación de trata. Para Mumalá, entonces, “no son suicidas, son víctimas de femicidas”.
Los datos
La organización mide los suicidios feminicidas desde 2020. En su informe con datos hasta agosto de este año, señala que que en algo más se seis años pudo documentar 79 casos de suicidios inducidos que poseen como una de sus raíces la violencia de género.
En la provincia de Santa Fe se registraron el 8% de esos casos, siendo la de Buenos Aires la que mayor porcentaje acumula, con 36 puntos del total, en el orden de su población en relación al total del país. Córdoba, según el informe de Mumalá, fue la provincia en la que ocurrieron el 14% de esos casos y Tucumán el 10.
En tanto, en la Ciudad de Buenos Aires (CABA) se registró el 3% de los casos nacionales de suicidios feminicidas y en Santa Cruz, con una población mucho menor, el 4% de esos hechos. El documento da cuenta de que en siete distritos del país no se registraron casos que hayan podido documentarse.
La edad promedio de las víctimas es de 26 años. “Son víctimas más jóvenes comparadas con el promedio de edad de las víctimas de feminicidios (39 años). Además 17 eran niñas y adolescentes (de 0 a 18 años). La víctima más joven tenía sólo 11 años al momento del hecho. Una era adulta mayor, tenía 60 años o más al momento del hecho”, detalla.
En cuanto a los posibles inductores, el Observatorio indica que “en el 71% de los casos se identificó la violencia de género padecida, como posible inductor del suicidio a partir de la denuncia, publicación y visibilización pública de entorno familiar y afectivo de la victima”. Mientras que “el abuso sexual se identificó en el 29% de los casos”.
Una cifra destacada es la que informa que el 46% de las víctimas de suicidio feminicida había realizado una denuncia. “Este dato casi triplica el porcentaje de las denuncias realizadas por las víctimas de femicidios en el mismo período de tiempo (16%)”, compara el informe.
Casos concretos
El documento de Mumalá recoge algunos hechos puntuales que dan cuenta del fenómeno. Uno de ellos es el de Ema Bondaruk, una adolescente de 15 años,quien “había empezado en un nuevo colegio, le gustaba el teatro y el canto y quería estudiar Psicología. Su vida transcurría entre la escuela, sus amistades, su familia y las redes sociales”.
Hasta que en agosto de 2024, después de que se difundiera sin su consentimiento un vídeo íntimo entre sus compañeros, decide terminar con su vida. “Este trágico y conmovedor hecho puso en agenda la violencia digital entre adolescentes y la falta de herramientas para prevenirla y abordarla.
Su mamá Laura Sánchez, con el paso del tiempo, dejó de preguntarse únicamente qué había ocurrido con su hija para empezar a cuestionar qué había fallado alrededor de ella.
“No teníamos herramientas. Nosotros como familia no las teníamos. La escuela tampoco las tenía. No era un tema instalado, casi no se hablaba de violencia digital”, dijo Laura en su momento. Hace unas semanas pasó por Rosario en su militancia por la sanción de la denominada Ley Ema de prevención de la violencia digital. Sobre eso dialogó con Conclusión en esta nota.
Otro caso que incluye el documento de Mumalá es el de Sathya Aldana. Dice: “En una clase de Educación Sexual Integral (ESI), Sathya Aldana, una adolescente de la ciudad de Córdoba, contó que su progenitor abusó de ella durante seis años. La escuela actuó, la familia acompañó, la denuncia se realizó y Sathya prestó declaración”.
En los primeros meses se ordenaron una serie de medidas, pero posteriormente durante más casi 3 años, la causa estuvo inmóvil. “Con el grave daño en su salud mental, Sathya tuvo que soportar la inacción de la (in)justicia, la libertad de su progenitor y las reiteradas revictimizaciones por parte de la fiscalía”, recuerda el documento, para agregar que “en enero de 2020, se suicidó”.
Su mamá y una abogada, con perspectiva de género armaron el rompecabezas, buscaron los testigos, realizaron peritajes y aportaron autopsias psicológicas, es decir, hicieron todo el trabajo que la fiscalía no realizó, continúa el informe. “Aportaron todas las pruebas de la instrucción. Walter Insaurralde fue condenado en un juicio histórico sin precedentes en el país. La Cámara Tercera del Crimen de Córdoba junto al veredicto del jurado popular introdujeron la figura del abuso sexual seguido de muerte responsabilizando a Insaurralde por los abusos reiterados y por el fallecimiento de Sathya, sentenciándolo a cadena perpetua”.
¿Cosas de hombres?
El trabajo del Observatorio Nacional de la organización recuerda que “una situación insoslayable es que de 10 personas que se suicidan en Argentina, 8 son varones”. Desde una perspectiva de los estudios de las masculinidades, Mumalá busca una aproximación a una explicación del fenómeno, que reconoce multicausal.
Entre otros elementos, señala el “mandato de autosuficiencia” en los varones. “ ‘Vos podés con todo, no dependas de nada ni de nadie’. Éstas afirmaciones son arbitrarias, falaces y no racionales sustentadas en las ideologías de la masculinidad”, dice.
También se registra menor tendencia a solicitar asistencia profesional por parte de los varones o retardo en el pedido de la misma; lo cual implica un déficit en el nivel de alarma. “Hay que aguantar y no ser un débil”, “No llores”. En relación a éste aspecto la demostración de vulnerabilidad psico/emocional es vista como una pérdida, más que como ganancia y mejora bienestar del varón”, señala la organización.
Otra cuestión que pone en juego es la canalización del malestar a través de conductas de riesgo, como por ejemplo el consumo problemático de sustancia. “Llega el finde y me la doy en la pera”, “lo tengo controlado, puedo dejarlo cuando me pinte”. Éstas frases responden a mandatos imperativos que atentan de manera directa contra la salud psicofísica de varones”, abunda.
También identifica el reforzamiento de estereotipos de género y presiones de mandatos y roles hegemónicos tradicionales como otro factor. Y los ejemplifica como ideas como Hombre= Proveedor. “Cuando éste rol se ve amenazado, representa una situación crítica”, sostiene. Además, el documento afirma que esos estereotipos “en contextos de crisis contribuyen a un aumento del estrés psicológico, desregulación emocional y tendencias a conductas suicidas en varones de edad productiva”.
Por último, señala “el aumento, instauración y replicación de discursos de odio” como un factor a tener en cuenta. “Es decir, para lograr un enfoque integral sobre la problemática, además de promover el acceso a la salud mental, ésta debe cuestionar los mandatos de género, machistas y patriarcales, que dificultan expresar y por ende abordar el padecimiento subjetivo en las masculinidades”.
Ese tramo del informe concluye con una cita de la escritora y activista estadounidense Bell Hooks: “El primer acto de violencia que el patriarcado exige a los hombres, no es contra las mujeres, sino que participen en actos de automutilación psíquica”.


