El Efecto: Leonel Capitano, tango, fútbol y política
El cantor reparte su tiempo entre Rosario y Europa. Por su posicionamiento político asegura que se le cerraron muchas puertas. Pero no reniega, y dice que salió redoblando la apuesta. “Estoy contento de estar en un tango de los márgenes”, comenta en el podcast de Conclusión, El Efecto.
- Conclusion TV
- Por Guido Brunet
- Abr 24, 2025
“Yo voy a hacer tangos nuevos”, se prometió en sus inicios. Motivado por las enseñanzas del Indio Solari (no el ex líder de Los Redondos, sino Jorge, el técnico de fútbol) Leonel Capitano encaró su carrera. Es que en los años en que el cantor jugaba en Renato Cesarini recuerda que el entrenador buscaba modificar constantemente sus sistemas de juego, lo que le enseñó a siempre innovar y buscar componer nuevas canciones.
Entre el bar La Capilla con su abuelo, el recordado arquero de Newell’s y Boca, José Manuel ‘El Loco’ Castro, y los clubes El Fortín y Juventud Unida, Leonel Capitano leyó la vida entre cafés y líneas de cal.
Empezó como un 9 de área y terminó sus aventuras futbolísticas de “carrilero sacrificado”, pero su visión le jugó una mala pasada, y a medida que la fue perdiendo (hoy es de solo el 15%) debió abandonar las canchas, al menos de manera profesional. Aunque, al igual que aquellos cracks del imaginario popular que se perdieron por alguna lesión o malas compañías, Capitano sigue sosteniendo que lo mejor que hizo en su vida fue jugar a la pelota.
El fútbol y el tango son dos disciplinas que se entrelazan, sobre todo en los márgenes debido a su origen plebeyo, como lo describe Capitano, quien además de cantarlo es un apasionado de la historia del género. Como un denominador común, el intérprete y bandoneonista remarca que los grandes exponentes de ambos mundos provienen de los lugares más “postergados y estigmatizados”.
Capitano publicó una veintena de discos de las más disímiles características: íntegramente con temas propios, de estudio, en vivo, homenajes a grandes autores, como el que dedicó al recordado guitarrista de Gardel Guillermo Barbieri, entre otros trabajos discográficos. En su trayectoria también se animó a incursionar en otros estilos y en algunos discos se cuelan chacareras y candombes, todo interpretado con igual destreza y pasión.
Nadie es profeta en su tierra
Desde hace unos veinte años el autor se reparte entre Rosario y Europa, donde viaja cada temporada para realizar giras de cinco o seis meses. Como dice el dicho ‘nadie es profeta en su tierra’, y por extraño que parezca, el músico encuentra en su ciudad pocos espacios para desarrollar su arte. Reniega de la política cultural local y lamenta la falta de reductos para el arte autogestivo, que siempre propició. Tal vez, una de las causas sea su compromiso político.
Luego de una valiente versión del clásico ‘Qué me van a hablar de amor’ de Julio Sosa, que Capitano, junto al trío de guitarras El Escolaso, modificó para rebautizarlo como ‘Qué me van a hablar de Offshore’ en un importante canal de televisión de la ciudad de Rosario, en alusión al ex presidente Mauricio Macri, el cantante experimentó una suerte de censura mediática. “Mi objetivo fue poner en evidencia que el espacio que yo apoyaba (Frente Social y Popular) no tenía lugar en los medios”, explica sobre aquel hecho que se viralizó rápidamente por redes sociales.
“Si después de cantar ‘Qué me van a hablar de offshore’ me van a llamar para un concierto, pero me van a decir que no diga nada de política, como me pasó… no voy”, cuenta Leonel. No conforme con eso, y como respuesta a las negativas que recibía para presentarse en vivo, el autor compuso una suerte de declaración de principios titulada ‘La Fundición Libertad’ que muchos relacionan con una entidad de la ciudad de Rosario con fuertes vínculos políticos y en medios de comunicación. Entonces, “yo redoblé la apuesta, dije ‘de acá salgo acelerando’. No me quejo, me parece que es lo que corresponde”, afirma en el podcast de Conclusión, El Efecto.
Sus posturas políticas atraviesan toda su obra. “Si quieren ir a ver una presentación complaciente no vengan”, llegó a decir en alguna entrevista a modo de (anti) invitación.
“Me gusta cuando el arte escribe con una razón existencial e inevitablemente se filtra algún contenido social. Que en una canción de amor se note el contexto social ya me parece un tema político. Si sos escritor, algo de tu ideología se va a filtrar por más que no quieras”. Y subraya: “Lo que está mal visto en el tango es no escribir desde la clase trabajadora. Eso es una acción política. En Discépolo u Homero Manzi, por más que no tengan un posicionamiento, por el carácter plebeyo del tango, su lugar social, de clase, siempre se manifestó”.
El tango a Maradona
El primer contacto entre Leonel Capitano y Diego Armando Maradona fue a sus cinco años, cuando, con la inocencia y confusión de un niño, le fue a pedir que le firme un “contrato”. En cambio de eso se fue con un autógrafo. Su padre fue técnico de Emelec de Ecuador cuando el astro debutó en Newell’s, por lo tanto, allí pudo mantener un segundo encuentro. La tercera oportunidad fue durante el cumpleaños número cuarenta del gran capitán de la Selección, donde fue invitado a cantarle ‘Mi tango a Maradona’, compuesto unos años antes.
Finalmente, se dio el momento más épico cuando, en el programa La Noche del 10, donde fuera de rutina, se animó a entonar en vivo un fragmento de la canción. Al otro día cuenta que “no podía caminar por la calle”.
Años más tarde, el ídolo mundial se comunicó con él a través de un colaborador para ofrecerle hacerse cargo de su tratamiento de la vista en Cuba. Por modestia, no aceptó el ofrecimiento, pero fue un gesto que el cantor no olvida.
Tango, joven y plebeyo
Hoy en algunos lugares es símbolo de estatus o snobismo. En Europa convoca a miles de personas, muchos rioplatenses, pero por sobre todo nativos del viejo continente, pero en Argentina durante muchos años fue menospreciado y bastardeado.
Sobre la juventud en el género, dice: “El tango en la cúspide ha estado en manos de los jóvenes. Cuando alcanzó una casi masividad, en la década del 40 y 50, los clásicos de la música mundial fueron compuestos por gente muy chica”. “Al pasar los años, se echaron sobre el tango una andanada de prejuicios con la idea de imponer nuevas músicas digitadas desde afuera, se intentó marcar esa diferencia en los años 60, entre jóvenes y viejos, que en ese momento era gente de 40 años. La grieta era entre jóvenes, fue una cosa impuesta”, completa.
Sin embargo, para el vocalista, la fuerza del tango radica, entre otras cosas, en que se trata de un estilo donde se marcan con contundencia los cambios sociales. “Hace veinte años las mujeres que tocaban tango eran el 5%, hoy son más del 30%”, ejemplifica Capitano.
“Siempre el tango fue relegado por marginal o por viejo. Yo estoy contento de estar en un tango así, de los márgenes, de donde es el tango. Ahí me siento cómodo, aunque no me pasen en los medios”, asegura orgulloso el cantor.

