Explosión en Ezeiza: cuando el estado abandona el rol de controlar, las plantas químicas no son industrias, son bombas de tiempo
La peligrosidad de vivir en un país donde el gobierno desmanteló los controles que evitan desastres, quedó en evidencia. El DNU 70/2023 de desregulación económica, redujo exigencias y controles bajo el lema de eliminar trabas. La opinión de científicos sobre una situación que genera alarma y preocupación.
- Info general
- Por Alejandro Maidana
- Dic 1, 2025
El pasado viernes 14 de noviembre cerca de las 21 horas, una brutal explosión hizo desaparecer el Polo Industrial Spegazzini, ubicado en la localidad bonaerense de Ezeiza. Como consecuencia del impacto, varias fábricas explotaron, generando alerta y temor entre los vecinos.
La fuerte estampida se escuchó a varios kilómetros de distancia, incluso en la Ciudad de Buenos Aires. La onda expansiva produjo fuertes vibraciones en las viviendas de las inmediaciones, rompiéndose vidrios y ventanales, y también afectó el centro comercial Los Nogales, en Tristán Suárez, donde estallaron vidrieras.
El siniestro se produjo inicialmente en cercanías de una empresa de agroquímicos, aunque la onda expansiva afectó también una fábrica de plásticos (identificada como Plásticos Lagos), otra de pinturas y una de cubiertas. Aproximadamente siete galpones de distintas empresas resultaron afectados. Entre ellos, se vio alcanzado el depósito de Iron Mountain, una papelera que ya había sufrido un incendio en 2014.
El control de las llamas y el avance para ponerle fin a la cortina de humo que no cesaba, llevó días, al igual que el peritaje que aún no finalizó. Si bien se pudo constatar que había fósforo rojo en la empresa donde se habría originado el incendio, muchas son las sustancias químicas que podrían haber originado el siniestro que milagrosamente no se cobró ninguna vida.
Este tipo de nube de gases originada por los distintos químicos, tiene la facultad de generar lluvia ácida local. Destacando que también liberó al aire mezcla de plaguicidas, solventes y residuos de envases que la lluvia puede arrastrar y depositar sobre barrios, suelos y cursos de agua.
La ciencia digna y su reflexión sobre el evitable siniestro sucedido en Ezeiza
El DNU 70/2023 (Desregulación económica) redujo exigencias y controles bajo el lema de eliminar trabas. “El Ministerio de Ambiente rebajado a subsecretaría, con recortes superiores al 60%, no hizo otra cosa que debilitar la fiscalización, inspecciones y peritajes. Se fusionaron y vaciaron organismos técnicos claves (INTI, Vialidad, Áreas de Inspección Industrial, dejando sin capacidad real para auditar plantas químicas y sistemas de seguridad”, indicó el científico y docente universitario Rafael Lajmanovich.
Cuando el estado abandona el rol de controlar, las plantas químicas no son industrias, son bombas de tiempo. Lejos está de tratarse de libertad, esto no es otra cosa que riesgo industrial tercerizado en los vecinos. “Lo que se vivió en Ezeiza no fue solo humo, es lluvia de agroquímicos producto de un modelo que concentra fábricas de plaguicidas al lado de zonas urbanas, con controles ambientales recortados”, enfatizó quién ha llevado adelante reveladores estudios científicos que demuestran el impacto de los agroquímicos a la salud y la vida.
Para el médico, investigador y docente en Salud Socioambiental Damián Verzeñassi, hay dos puntos de partida importantes en el análisis de la explosión del Polo Industrial Spegazzini. “La primera es la impunidad con la que se sigue autorizando y permitiendo espacios que son altamente peligrosos por la característica fisicoquímica y combustible de los productos que almacenan, producen y después utilizan. La explosión de este depósito de agrotóxicos, generó más daño que en la aplicación concreta de los mismos. La combustión de estos productos genera una nube tóxica que contiene dioxinas y furanos sumamente nocivos para la salud, ya que son cancerígenos”.
Por otro lado, Verzeñassi hizo hincapié en la utilización en nuestro país de productos prohibidos en muchos países del mundo. “Están prohibidos por el daño comprobado que originan a la salud, pero en Argentina se fabrican, se acopian, se venden y utilizan sin ningún tipo de restricciones. Ahí tenemos dos elementos claves, la impunidad es manifiesta, ya que jamás un empresario o funcionario político se va a responsabilizar por lo sucedido o por lo que pueda suceder. La carga de partículas que aún pulula por el aire del lugar, sigue siendo muy importante, lo que lamentable garantiza un impacto a la salud”, indicó Damián Verzeñassi.
La estoica lucha contra la instalación de Nitron en Villa Constitución, un antecedente que hoy cobra una relevancia más que importante
Corría el año 2019 cuando vecinos de esta ciudad ribereña y cuna del Villazo, no dudaban en salir masivamente a decirle NO a la instalación de la empresa transnacional PPT Warrant (Nitron) en la Zona Franca del lugar. Fueron más de 10.000 firmas las que en aquel momento salieron a responderle con acampes, manifestaciones y distintos tipos de acciones culturales en pos de que esta firma no se afinque.
Bajo el velo de la necesidad de reactivación de la economía interna, suele esconderse un gran condicionamiento a la calidad de vida de las mayorías. Empresas que llegan con promesas embelesadoras, pero que tienen como premisa no mostrar su contracara, ya que ésta es la que esconde gran parte de la verdad.
Aquella presentación realizada por la empresa Nitron a la Secretaría de Medio Ambiente, tenía en su médula falencias y desprolijidades manifiestas. En el mismo no se encontraba la localización y no existía un estudio de la región urbana, esto teniendo en cuenta que la Zona Franca se encuentra ubicada en frente del Barrio Sagrado Corazón de Jesús y a orillas del río donde tiene una salida al mismo en su parte trasera, a esto habría que sumarle la cercanía de escuelas, centro de salud y una estación de combustible, con la peligrosidad que esto sugeriría en aquel momento.
Años de luchas y asambleas permanentes fueron vitales para que la instalación no se lleve a cabo, si bien es permanente la insistencia de la firma para poder lograr su cometido. Lo sucedido en Ezeiza, no hizo otra cosa que demostrar de manera explícita la peligrosidad que refieren este tipo de depósitos, siempre apoyados por controles laxos y la complicidad de gobiernos de turno. Una bomba de tiempo siempre dispuesta a ser detonada.

