MARTES, 20 DE OCT.

Llegan las fiestas, y con ellas los excesos

Se aproximan las celebraciones, y junto a ellas un ejército de calorías. Para conocer en detalle a lo que nos exponemos, Conclusión dialogó con la licenciada en nutrición Mariela Gentile.

Por Alejandro Maidana

Se viene la navidad, y pegadita a ella el cierre de año, dos excusas notables que suele encontrar el argentino para darse grandes banquetes. Parecería que todo está permitido, y que la abundancia está relacionada a este tipo de festejos.

En las comilonas de Navidad o Año Nuevo, se pueden llegar a consumir 8.000 calorías, el equivalente a unos cuatro o cinco días de dieta normal, y pesar entre 2 y 4 kilos más en la balanza. Una parte por lo que se comió y se tomó, y otra por los hidratos de carbono y la sal que retienen líquidos.

Los efectos de estos excesos no solamente engordan, los dolores abdominales, vómitos y diarrea, suelen ser los cuadros médicos más frecuentes.  Éstos suceden por comer y beber en exceso, dormir poco y cambiar el ritmo habitual de vida. Lo anteriormente nombrado se torna más riesgoso en personas mayores de 60 años o que poseen enfermedades  preexistentes como pueden ser diabetes, hipertensión u otras.

Para darle un marco concreto a todo lo antes mencionado, Conclusión charló con la licenciada en nutrición Mariela Gentile. “El aporte calórico y de baja calidad nutricional suelen darse con asiduidad en las fiestas. Básicamente partimos de que, ya sea en Nochebuena o fin de año, se pueden llegar a consumir entre 3.000 y 4.000 calorías. Si consideramos que el aporte calórico nutricional normal para un adulto sano varía entre las 1.500, 1.800 o 2.000 por día, dependiendo del género y sus actividades. Es decir que en una sola comida estaríamos duplicando el aporte calórico de todo una jornada”, sostuvo la nutricionista.

Costumbres ya naturalizadas que lejos están de ser beneficiosa para nuestra salud. Sobre el alto valor calórico expresado en abundantes platos  Mariela Gentile indicó: “Esto se debe a que tanto en la entrada, plato principal como en el postre, los índices calóricos son muy elevados. Es decir que por volumen aportan mucha cantidad de calorías, un ejemplo es del vitel toné, el pan dulce, budines, comidas que son muy elaboradas con ingredientes con un alto contenido en grasas como la crema de leche, la mayonesa y la manteca”.

“Si bien hacer dieta en las fiestas es algo utópico, lo ideal es armar una mesa saludable y planificar la misma fundamentalmente proponiendo que las porciones sean proporcionales a los comensales”, aportó.

Lo que suele sobrar de las cenas y los almuerzos posteriores, se traslada a lo largo de la semana. Es decir, los excesos se extienden y junto a ellos los riesgos que conllevan.

“Entiendo que es muy difícil, ya que lo cultural nos atraviesa. Pero una de las alternativas es que cada familia lleve lo que comería cada uno de sus integrantes, y no porciones para cinco. Y otra cosa fundamental,  es proponer comidas acordes a nuestra temperatura. La mayoría de lo que ponemos sobre la mesa nada tienen que ver con nuestra época del año, sumar ensaladas y frutas, puede ayudarnos”, dijo.

Sobre no repetir también hizo fuerte hincapié, “lo ideal sería respetar los platos y tratar de no repetir, pensar un postre equilibrado también. Una alternativa podría ser ensalada de frutas y una bocha de helado, consideremos que un pan dulce o budín pueden tener entre 800 y 1.000 calorías dependiendo del aporte de frutos seco que tengan”.

“Vuelvo a repetir, todo esto tiene intima relación con las porciones y el tamaño de las mismas.  La calidad y la cantidad de los alimentos también juegan un papel preponderante. Un último consejo como profesional, tratar de hacer entrada, plato principal y postre, solo la noche de las fiestas. Es decir, los días subsiguientes al 25 hasta llegar al 31 por la noche, tener una alimentación habitual, para después volver a consumir algo diferente. Es muy distinto hacer dos o tres comidas abultadas por las fiestas, que una semana de descontrol”, concluyó la profesional.

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