LUNES, 20 DE JUL.

Malnutrición oculta y bienestar digital: ¿cómo se relaciona el uso excesivo de pantallas con el déficit de nutrientes?

La malnutrición oculta y el bienestar digital pueden estar conectados porque los hábitos, que hoy moldean la vida de niños y adolescentes, están fuertemente influenciados por las pantallas.

 

La malnutrición oculta es un término amplio que incluye desnutrición y otras condiciones como sobrepeso y obesidad. Afecta principalmente a los niños y puede ser difícil de detectar. «Hay que indagar sobre el bienestar digital que está íntimamente relacionado a la malnutrición. Si bien son muchos los factores a tener cuenta cuando existe un déficit de nutrientes, que muchas veces puede pasar por alto en la consulta pediátrica, el bienestar Digital puede estar relacionado» explicó la nutricionista Mariela Gentile.

«La desnutrición habla generalmente de un déficit de nutrientes que no llega a cubrir los requerimientos que se necesitan. Por ende, la desnutrición estaría englobada en lo que es la malnutrición, que es un término mucho más complejo» explicaba la nutricionista en diálogo con Conclusión.

Se le llama malnutrición oculta porque puede verse a simple vista cómo no. «Generalmente uno ve un niño o una niña delgada y piensa quizás puede haber una anemia, retardó en el crecimiento y vamos a investigar cómo está la vitamina D». En contraposición a esto, cuando se ve un niño con sobrepeso u obesidad «pensamos diabetes, hipertensión, pero lo que justamente complejiza la situación de la malnutrición oculta es que engloba a estos pacientes en uno mismo».

La detección de un niño con malnutrición oculta se complejiza aún más cuando los parámetros de crecimiento (talla-peso) son normales. «Puede aparecer una desnutrición oculta, si notamos déficit de vitaminas o minerales. Como así también cuando el crecimiento viene por encima de lo esperado, asociándose a sobrepeso u obesidad».  También puede aparecer déficit atribuido al bajo peso, «como anemias, carencia de B12, déficit de zinc u otras vitaminas y minerales que habitualmente esperamos encontrar en la desnutrición y no en una niña o en un niño que tiene sobrepeso u obesidad».

Las estadísticas en Argentina no son favorables, incluso la última encuesta de nutrición arrojó datos alarmantes, «se está viendo con mayor magnitud porque estamos en lo que se llama una transición nutricional, que se refiere al paso de patrones alimentarios más tradicionales a uno casi abrupto y vertiginoso ligado al consumo de alimentos ultra procesados en donde pasamos de comer la comida de la abuela, a la de paquetes».

La situación se complejiza aún más en un contexto donde las pantallas ocupan un espacio considerable en la vida de los niños. «La exposición nocturna a dispositivos reduce horas y calidad de descanso, lo que impacta en regulación hormonal (leptina, grelina, cortisol) y favorece elecciones alimentarias de menor calidad».

En cuanto al tipo de ingestas la nutricionista explicó que el uso excesivo de pantallas desplaza comidas compartidas en familia, fragmenta horarios y favorece picoteo frente a dispositivos.

Agregando además que tiene un impacto la publicidad digital, «el delivery inmediato y los consumos guiados por estímulos online incrementan la elección de ultraprocesados, desplazando alimentos frescos y nutritivos».

Estas nuevas costumbres ganan terreno a diario generando un círculo de malos hábitos digitales. «Aparecen alteraciones del sueño y la alimentación, pudiendo dar lugar a la malnutrición oculta  que consiste en déficits de micronutrientes y exceso de ultraprocesados» indicó.

En definitiva, lo digital no solo influye en la conducta y el descanso, «también puede condicionar la nutrición que no se ve a simple vista. Y ahí está la clave, ayudar a los padres a reconocer si las pantallas están alterando rutinas de sueño, horarios de comidas o la calidad de lo que sus hijos eligen comer. Porque detrás de esos hábitos, puede estar gestándose una malnutrición silenciosa que merece ser detectada y abordada a tiempo» concluyó.

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