MARTES, 21 DE JUL.

Manuel Puig: televisión, cine, folletín, cartas y novelas a 90 años de su nacimiento

La TV Pública emitirá el documental "Regreso a Coronel Vallejos", realizado por Carlos Lucio Castro en 2018. Un momento especial para recorrer la vida y parte de la obra del escritor nacido en Coronel Villegas el 28 de diciembre de 1932.

Por Graciana Petrone

En homenaje a los 90 años del natalicio del escritor argentino Manuel Puig, nacido el 28 de diciembre de 1932, la TV Pública emitirá el documental «Regreso a Coronel Vallejos», realizado por Carlos Lucio Castro en 2018.

“Coronel Vallejos” es, justamente, el nombre con que el escritor argentino llamó al pueblo en donde se desarrolla la historia de una de sus novelas más renombradas: “Boquitas pintadas”, que fue llevada al cine en 1974 con dirección de Leopoldo Torre Nilsson.

La novela está basada en su ciudad natal, Coronel Villegas, como también con personajes del lugar en una suerte de ficción y realidad, lo que causó conmoción en una comunidad pequeña a finales de la década del 60 cuando el libro fue publicado por editorial Sudamericana. Muchos de sus habitantes no se lo perdonaron.

Pese a que la narrativa puignana fluctuó en una delgada línea sobre lo que fue el boom latinoamericano, el autor fue reconocido en su propia tierra después de su muerte, mientras que en España o México sus libros eran apreciados estando él con vida.

Ricardo Piglia, de hecho, escribió que la literatura argentina de finales del siglo XX debe leerse en “las claves dadas por tres autores diametralmente opuestos”: Rodolfo Walsh, Juan José Saer y Manuel Puig. A los tres los une una suerte de necesidad de fundir lo político y lo literario. Pero estas diferencias parecen acortarse en cuanto lo social y político se modifican en las postrimerías de los años sesenta y en los albores de la década venidera, y se establece así una unión casi imposible de disolver. A los tres autores los une el compromiso con el entorno pasada la dictadura de Juan Carlos Onganía, el retorno de la democracia –con los tiempos virulentos que provocó la aparición de la Triple A– hasta la llegada del golpe de Estado en 1976. Walsh paga con su vida la militancia explicita a través de su escritura, mientras que Saer y Puig son más indirectos y ese compromiso funciona mediante la técnica narrativa, que a su vez ambos la desarrollan de manera diferente.

“Puig arma su propio mundo con la premisa de no despojarse de lo que está en su inconsciente, a la vez que le brida un espacio en su creación que es al mismo tiempo homenaje y dimensión crítica, y desdibuja la figura del narrador dejando ese protagonismo para un conjunto de voces”, agrega por su parte el escritor y docente José Amícola en “Manuel Puig y la tela que atrapa al lector” (1992).

Radio, folletín, cine y cartas

El bricolaje es una de las características de la narrativa de Puig que arma sus historias e incluso sus personajes con distintos elementos muy dispares entre sí. “Retazos de una poética en extinción que aún no encontró teoría”, escribió el crítico Luis Chitarroni en una reseña sobre “Boquitas Pintadas” publicada en el suplemento que la Revista Ñ le dedicó por completo al autor nacido en General Villegas al cumplirse veinte años de su muerte. Retazos o materiales de desecho con los que se elaboran otras cosas, pero no un mero armado, sino uno especial que pone en debate las fronteras de del arte.

Fue cuestionado por los conservadores de su época, de hecho Juan Carlos Onetti lo consideró de “folletinesco”, y dijo también que “sabía cómo hablaban los personajes de Puig pero no cómo escribía Puig”. El mismo Vargas Llosa afirmó que el argentino había llevado su homosexualidad a la literatura, al igual que en su vida, a lo que el escritor argentino le respondió a través de una entrevista a su colega de Perú refiriéndose a él como “una vieja amargada”.

Lo que con el paso de los años desentrañó la crítica argentina, con la que Puig había mantenido una relación muy tensa, es que utilizaba elementos como cartas o diarios íntimos para “intentar ofrecer un modelo para armar al lector”.

Boquitas Pintadas

“Boquitas pintadas de rojo carmesí”, cuenta con ocho entregas, (como un folletín) al igual que la segunda.  Empieza con la necrológica de Juan Carlos Etchepare publicada en la revista mensual “Nuestra vecindad” de Coronel Vallejos. Luego aparece la primera carta que le envía a la madre de Juan Carlos Nené, quien fue novia del difunto, para darle el pésame, y más tarde le manda otra epístola para preguntarle si Juan Carlos fue cremado ya que su voluntad era esa. Ante la falta de respuesta, ya que las cartas son interceptadas por la hermana solterona de Juan Carlos, Nené escribe otras en donde le pide recuperar las epístolas amorosas que habían intercambiado cuando eran novios. Aparecen también otros personajes, de distintas clases sociales que incluyen escenas de abusos y maltratos por parte de los personajes masculinos de la novela. También son parte de la trama películas, radioteatros y boleros.

La segunda entrega: “Boquitas azules, violáceas, negras”, comienza con una carta que le escribe Nené a Mabel, su amiga que está en Coronel Vallejos, y en la que le recuerda cuando eran niñas y solo hablaban de novios. Nené le relata las peripecias de la preparación de su casamiento con Massa, un cordobés que no quiere vivir en Vallejos, y lo que planearon e hicieron después de casarse. Luego, aparece una de las entradas comienza con un informe policial que da lugar a que el autor desarrolle un homicidio perpetrado entre maldad y abuso de poder. La novela termina con una necrológica de Nené quien muere en 1968 y con otra escena en la que su marido quema las cartas de amor que su difunta mujer intercambió con Etchepare, ya que cayeron en sus manos a través de la hermana solterona de Juan Carlos.

La novela se presenta por entregas y no capítulos, como un folletín. Utiliza cartas, como también películas, radioteatros y encabezados de avisos fúnebres e informes policiales. La mayor parte del libro se basa en intercambios epistolares, con fechas y firmas al final de las esquelas. Frases de tangos de Le Pera aparecen al inicio de muchas de las entregas. El mismo autor dijo sobre su obra luego de que fue llevada al cine, que los personajes de «Boquitas pintadas» tenían un aire «gardeliano».

Villegas, el cine y el Viejo Mundo

Puig fue hijo de padres de clase media. Su infancia transcurrió en Coronel Villegas, pueblo en el que estableció desde chico una relación especial con el cine y también con su madre quien estudió en la universidad y era considerada por eso como una mujer “atípica”.

En 1951 el escritor se anotó en la carrera de Filosofía y Letras, pero lo que realmente le interesaba era ser cineasta. A los 20 años cumplió con el servicio militar y poco después se fue a Roma con una beca del gobierno italiano para estudiar en el Centro Sperimentale di Cinematografía.

Sin conseguir trabajo en Roma fue a París. En 1958 viajó a Londres y escribió su primer guión. En 1960 volvió a Buenos Aires y colaboró como asistente en tres películas y cuando regresó a  Roma, empezó a creer que no llegaría a ser guionista o director de cine, como era su ilusión.

Algunos de los libros de Puig forman parte del canon moderno de la literatura occidental. A través del cine, del musical y del teatro, sus novelas llegaron a públicos muy amplios en todo el mundo como “El beso de la mujer araña” o “Boquitas pintadas”. Sin embargo, en la Argentina de principios de los 90 había quedado confinado a un reducido círculo de lectores informados o instruidos.

Manuel Puig murió el domingo 22 de julio de 1990. Un locutor porteño comentó la noticia de su fallecimiento en la radio: «Según un cable de último momento, en México murió un escritor argentino que acá no suena; se trata de Manuel Puig». Ese comentario mostró que se trataba de un autor casi ignorado en su propia tierra.

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