Murió Darío Lopérfido, ex funcionario de los Gobiernos de Macri y de la Rúa
En los últimos meses su estado de salud se había deteriorado de manera acelerada a raíz de una enfermedad neurodegenerativa.
- Info general
- Feb 27, 2026
El ex funcionario y gestor cultural Darío Lopérfido murió este viernes a los 61 años como consecuencia de una Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), enfermedad neurodegenerativa que él mismo había hecho pública en un artículo reciente.
Según trascendió esta jornada, en los últimos meses su estado de salud se había deteriorado de manera acelerada. El propio Lopérfido había decidido anticiparse a los rumores y contar en primera persona el diagnóstico en un texto publicado en el portal Seúl, donde abordó al enfermedad con crudeza.
“Tener ELA es una mierda. No por la posibilidad de morir, que me tiene sin cuidado. La vejez me resulta odiosa; morir sin atravesar esa catástrofe humana, en cambio, me parece un alivio”, escribió entonces. En otro pasaje, describió lo que consideraba la particularidad más desoladora del cuadro: “El problema de la ELA es que es una enfermedad sin épica. Un buen cáncer te da todo un tiempo con tratamientos espantosos durante el que podés aparecer pelado y decir ‘yo le voy a ganar al cáncer’. En la mayoría de los casos, el pelado se muere. Pero le deja un legado a su familia: que pueden decir ‘cómo la peleó’”.
Carrera política
Lopérfido nació en Buenos Aires el 5 de junio de 1964 y, a lo largo de su vida, desarrolló una carrera que combinó la gestión cultural y la actividad política. Durante la presidencia de Fernando de la Rúa fue secretario de Cultura de la Nación y luego secretario de Medios de Comunicación.
En ese período integró el denominado Grupo Sushi, un núcleo informal de jóvenes funcionarios y asesores que rodearon a De la Rúa, primero en la Ciudad y posteriormente en la Rosada. El mote -instalado con ironía en la prensa- aludía al perfil de clase media acomodada de los integrantes de este espacio, en contraste con la tradición del radicalismo histórico.
Entre reuniones políticas y cenas en restaurantes de moda, el Grupo Sushi simbolizó una renovación generacional dentro de la Alianza, pero también fue blanco de críticas que lo señalaban como expresión de una dirigencia distante de la crisis social que se profundizaría hacia el final de ese gobierno.
Su vida privada también tuvo momentos de fuerte exposición pública, especialmente durante su relación con la guitarrista y compositora María Gabriela Epumer, figura central del rock argentino de los años ochenta y noventa, integrante de bandas como Viuda e Hijas de Roque Enroll y colaboradora habitual de Charly García. La relación, que unió a un funcionario con una artista de culto, concentró atención mediática en una época de creciente interés por la vida íntima de los personajes públicos. Tras la muerte prematura de Epumer en 2003, Lopérfido la recordó en distintas entrevistas como una figura decisiva en su vida personal, en un registro muy distinto al tono confrontativo que solía adoptar en el debate político.
Años más tarde, de regreso en el ámbito porteño, ocupó cargos durante la jefatura de Gobierno de Mauricio Macri, entre ellos el de ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.
En esa función impulsó reformas en el funcionamiento de organismos artísticos y promovió una agenda orientada, según definía, a la profesionalización de la gestión y la ampliación del acceso a bienes culturales. Sus detractores, en cambio, lo acusaron de imprimir un sesgo ideológico en las políticas culturales y de confrontar innecesariamente con sectores artísticos.
Su paso por el Teatro Colón, donde se desempeñó como director general, fue uno de los capítulos más visibles de su trayectoria. Allí promovió una política de coproducciones internacionales y una reorganización administrativa que, según sostuvo, permitió mejorar la programación y la proyección internacional de la sala. Sin embargo, también enfrentó conflictos sindicales y críticas por decisiones de gestión.
Antes y después de esos cargos, Lopérfido mantuvo una presencia activa en el debate público, con intervenciones en medios de comunicación, columnas de opinión y participación en foros culturales. Su figura quedó asociada a varias declaraciones criticables sobre la historia reciente, que generaron fuertes rechazos y pedidos de renuncia por parte de organismos de Derechos Humanos.
Uno de los episodios que marcó un punto de inflexión en su carrera fue su cuestionamiento público de las cifras de víctimas de la última dictadura militar. Aquellas declaraciones provocaron una ola de repudios, movilizaciones y finalmente su salida del Ministerio de Cultura porteño en 2016.
Ese episodio consolidó su perfil como figura polarizante: para algunos, un funcionario dispuesto a desafiar consensos; para otros, un dirigente que cruzó límites inaceptables en temas sensibles para la sociedad argentina.
Tras dejar la función pública, continuó vinculado a proyectos culturales y mantuvo presencia en medios y redes sociales.
En el plano vida personal, volvió a tener una pareja conocida: en 2014 se casó con Esmeralda Mitre, la heredera del diario La Nación. El matrimonio finalizó a principios de 2018 y un año más tarde, junto a Vinnie Blache Spencer, tuvo a su hijo Theo.

