VIERNES, 03 DE JUL.

Negro Manuel, el esclavo de Cabo Verde que se convirtió en el primer custodio de la Virgen de Luján

Fue secuestrado de niño, vendido como esclavo y llegó al Río de la Plata en el siglo XVII. Su historia quedó unida para siempre a la Virgen de Luján y, casi 400 años después, avanza su proceso de beatificación en el Vaticano.

La historia del Negro Manuel está profundamente ligada a los orígenes de la devoción a la Virgen de Luján. Nacido en Cabo Verde y esclavizado cuando apenas tenía ocho años, fue el primer custodio de la imagen mariana que, según la tradición, decidió permanecer a orillas del río Luján cuando los bueyes que la transportaban se negaron a seguir avanzando. Casi cuatro siglos después, su legado sigue vigente y su causa de beatificación avanza en el Vaticano.

Manuel nació en el archipiélago de Cabo Verde, desde donde fue capturado por mercenarios portugueses y vendido como esclavo en Brasil. En la ciudad de Olinda, en Pernambuco, fue adquirido por el marino portugués Andrea Juan, quien viajaba rumbo a Buenos Aires hacia 1630.

En la bodega del barco también viajaban dos imágenes de arcilla de la Inmaculada Concepción, encargadas por el hacendado santiagueño Antonio Farías de Saá. Una vez en el Río de la Plata, las imágenes y un grupo de alrededor de treinta esclavos, entre ellos Manuel, emprendieron el viaje en carretas hacia el norte del actual territorio argentino.

La tradición señala que, al llegar al río Luján, en las cercanías de la actual localidad de Zelaya, los bueyes que transportaban una de las imágenes se detuvieron y se negaron a continuar. El episodio fue interpretado como una señal de que la Virgen deseaba permanecer en ese lugar.

A partir de entonces, el joven Manuel fue designado para custodiar la imagen. Vivió junto a la pequeña ermita construida para albergarla, la mantenía limpia y elaboraba velas para que permaneciera siempre iluminada.

Años más tarde, cuando la imagen fue trasladada por Doña Ana de Matos a la otra margen del río Luján, Manuel quiso acompañarla. Su propietario se opuso, pero el esclavo recurrió a la Justicia con una frase que quedó grabada en la historia: «Yo soy de la Virgen, nomás». El fallo le permitió continuar junto a la imagen, convirtiéndose en uno de los primeros casos documentados en los que una persona esclavizada obtuvo reconocimiento judicial para cambiar su situación por motivos religiosos.

Durante casi seis décadas permaneció al servicio de la Virgen de Luján. Murió en 1688 y fue sepultado detrás del altar mayor del antiguo santuario, en el lugar donde hoy se erige la Basílica de Luján, a más de 7.000 kilómetros de Cabo Verde, la tierra donde había nacido.

En los últimos años, su figura recibió un renovado reconocimiento. En 2025, el Vaticano aprobó la documentación necesaria para avanzar con el proceso de beatificación del Negro Manuel, considerado el primer custodio y devoto de la Virgen de Luján. Su historia, que une a Cabo Verde con uno de los principales símbolos de la fe católica en la Argentina, permanece como un testimonio de profunda devoción, resiliencia y anhelo de libertad.

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