Otro desarrollo para Rosario: habitar la política del territorio
Una conversación con Óscar Madoery sobre la planificación, las desigualdades y la potencia de pensar proyectos de desarrollo desde el lugar que habitan las comunidades
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- Por Totalidad Abierta · Centro de Estudios Poliedro – Espacio de Ideas
- Oct 22, 2025
Un itinerario al ras del territorio
Óscar Madoery es politólogo, profesor universitario e investigador especializado en desarrollo y planificación territorial. Fue director de la Maestría en Desarrollo Local de la UNSAM y hoy enseña en la Universidad Nacional de Rosario. Su recorrido combina gestión pública, investigación aplicada y trabajo con gobiernos locales y organizaciones sociales. Lo su enfoque se centra en la forma de mirar: desde el territorio y con la gente adentro. A contramano del paradigma economista y tecnócrata, Madoery insiste en que el desarrollo es, ante todo, una decisión política que distribuye sentidos, recursos y poder.
La entrevista que compartimos abre un mapa para pensar Rosario y su región más allá del slogan: una zona metropolitana con asimetrías, barrios populares relevados, y una trama productiva compleja que necesita actualizar sus vínculos sin romper su memoria. ¿Qué propone Madoery? Otro desarrollo: uno que arranque de abajo, respete las identidades locales, y ordene prioridades desde la vida concreta—no desde la lógica de la acumulación por la acumulación.
Desarrollo como proyecto político de una comunidad
Para Madoery, el punto de partida es claro: ninguna decisión de desarrollo es neutral. Elegir “equilibrio fiscal” como norte o “vida digna” como horizonte dibuja rutas distintas. La pregunta no es abstracta; es cotidiana: ¿quién paga, ¿qué se prioriza y para quién se gobierna? En esa clave, el desarrollo deja de ser un indicador macro y se vuelve un prioridad ética-política: alimentación, salud, educación y hábitat como bienes irrenunciables.
Esta toma de posición recoloca el debate. No es negar de la economía; es subordinarla al bien común. Es reconocer que las políticas no se miden solo por su eficiencia contable, sino por su capacidad de ampliar derechos y reducir vulnerabilidades.
En este sentido, nos invita a pensar en la política del territorio, dondec Estado, comunidad y mercad juegan en un mismo plano La historia reciente mostró límites del “Estado solo” y del “mercado solo” no puden. Madoery propone rearmar el triángulo: Estado fuerte, comunidad organizada y sector privado comprometido, conducidos desde el territorio. El cambio es metodológico y cultural: las comunidades dejan de ser beneficiarias para ser protagonistas. Eso exige escucha, tiempos de maduración y pactos concretos.
La experiencia de RENABAP, SISU y FISU da muestra que—cuando hay acuerdos y financiamiento específico—las políticas de integración urbana pueden mover el amperímetro. Pero también advierte: si los consensos no se sostienen, el péndulo político interrumpe procesos. El resultado: barrios a medio urbanizar, expectativas rotas, capital social fatigado. La lección: fragilidad institucionalidad y participación social para que las políticas sobrevivan a los cambios de gobierno.
Es invertir el eje y la relación, Francisco nos propone la pirámide invertida—metáfora que atraviesa el pensamiento social del papa—pone la base arriba: los últimos primero. Aplicada a políticas públicas, ordena la agenda desde quienes más sufren. De allí emana la tríada 3T: tierra, techo y trabajo como derechos sagrados y criterio de evaluación del desarrollo. ¿Urbanización? Con suelo servido y titularidad segura. ¿Vivienda? Con estándares de dignidad, no de supervivencia. ¿Empleo? Con formalización, innovación y cuidados en clave local.
Esta ética de prioridades—puesto sobre Rosario—implica integrar barrios populares al tejido urbano (no rodearlos), garantizar conectividad, acceso a equipamientos y al mercado de trabajo, y anclar la producción en cadenas locales con valor agregado.
Rosario metropolitana: empezar por lo crítico y demostrar que se puede
Rosario ya no es una ciudad “sola”; es un sistema urbano atravesado por flujos de trabajo, servicios y movilidad que desbordan las fronteras administrativas. La respuesta no es grandilocuente; es incremental: elegir dos o tres problemas críticos y resolverlos interjurisdiccionalmente (movilidad, residuos, áreas productivas), con metas verificables. Mostrar resultados tempranos que legitimen la cooperación y habiliten el paso siguiente. “Primero gatear, después caminar, luego correr”.
Es posible habitar otra planificación urbana para construir desde el Arraigo y las ciudades intermedias otra escala que ordena el desarrollo. Argentina padece una hiperconcentración demográfica que se reproduce en las provincias. Madoery propone mirar la potencia de las ciudades intermedias y de las vocaciones productivas que se cultivaron por décadas: territorios productivos, no solo “sectores” despegados de su entorno. Ese enfoque reconoce escuelas técnicas, saberes locales, redes de proveedores, cultura del trabajo. Recuperar esas tramas es política de arraigo: que las y los jóvenes puedan proyectar su vida donde nacieron, sin migraciones forzadas.
El arraigo no es nostalgia; es estrategia de desarrollo. Fortalece cadenas de valor, retiene talento, cuida el ambiente y reduce costos sociales de la expulsión territorial.
Madoery cita a Rodolfo Kusch: “El estar precede al ser.” Antes de cualquier proyecto está la vida compartida, el barrio, el ambiente, el trabajo, la escuela, el club; el estar que nos sostuvo y nos hizo posibles. Desde ahí, Rosario puede narrar otro desarrollo: uno que no renuncie a la producción ni a la innovación, pero que ordene las prioridades desde quienes habitamos todas las formas de esta ciudad, eso es, desde el humedal hasta el último pasillo de una villa. La política del territorio es eso: poner la geografía al servicio de la dignidad.

