JUEVES, 04 DE JUN.

Un nuevo estudio científico reveló el impacto a la salud que padecen las poblaciones rurales de Santa Fe debido a su exposición a pesticidas

Estrés oxidativo y genotoxicidad, esa es la conclusión vertida por una contundente investigación que revela, una vez más, la peligrosidad de un modelo de producción amigo de los químicos y enemigo de la salud.

A pocos días que desde el Ministerio de Ambiente y Cambio Climático de la Provincia informaran los resultados preliminares de los análisis realizados tras los episodios registrados por la enorme mortandad de peces en el río Carcarañá y en el arroyo Colastiné, y que descartara la presencia de los mal denominados “fitosanitarios”, una investigación científica vuelve a marcar la cancha en torno al impacto de los agrotóxicos en toda forma de vida.

Sobre el suceso antes mencionado, el investigador del Conicet y de la UNL Rafael Lajmanovich supo sostener en dialogo con Conclusión que “con frecuencia, estos episodios son explicados exclusivamente en términos de falta de oxígeno, temperaturas elevadas o condiciones climáticas puntuales, como si se tratara de fenómenos naturales inevitables. Esta interpretación describe correctamente el mecanismo inmediato, pero omite el proceso que lo desencadena”.

En los últimos 50 años, Sudamérica se ha convertido en el principal productor mundial de soja. En la campaña agrícola 2019/2020, Brasil y Argentina produjeron 176 millones de toneladas, lo que representa más de la mitad de la producción mundial. Estos dos países, por sí solos, también contribuyeron con el 57% de toda la soja exportada a nivel mundial.

En la húmeda Pampa argentina, la superficie dedicada al cultivo de soja se ha expandido significativamente. En las últimas décadas, se ha observado un aumento en la producción total de cereales. Los cambios más notables en el uso de la tierra se produjeron en grandes fincas ganaderas, históricamente utilizadas para el engorde de ganado, las cuales experimentaron una rápida modernización durante la década de 1990.

Estas fincas transformaron pastizales en campos de soja y adoptaron nuevos paquetes tecnológicos. En cuanto al manejo de cultivos, Argentina se caracteriza por su elevado consumo anual de plaguicidas, tanto de producción nacional como importada. Los herbicidas constituyen la mayor proporción, con un 43%, seguidos de insecticidas y fungicidas, mientras que los acaricidas, nematicidas, molusquicidas, reguladores del crecimiento y otros representan menos del 14%.

La provincia de Santa Fe fue la cuna de la primera colonia agrícola organizada del país. La gran mayoría del territorio es rural, aunque existen zonas densamente urbanizadas. Aproximadamente el 53% de la población se concentra en dos ciudades, Santa Fe y Rosario, donde se ubican complejos industriales, comerciales y de servicios. La provincia contribuye con aproximadamente el 8,3% al producto interno bruto (PIB) nacional y genera el 23,9% del valor total de la producción nacional exportable.

Se trata de la provincia líder en la producción de semillas oleaginosas y la segunda mayor productora de cereales. Cabe destacar que el 75% de las exportaciones de cereales de Argentina y el 58% de sus semillas oleaginosas se envían desde los puertos de Santa Fe. La producción de cereales y semillas oleaginosas representa más del 80% de la superficie cultivada en la provincia. Entre las actividades primarias, la soja constituye el 60% de la producción de granos, seguida del trigo, el maíz, el girasol y el sorgo. En este contexto, Candioti, Santo Domingo y La Pelada —pueblos ubicados en los municipios de La Capital y Las Colonias— han visto aumentar sus áreas cultivadas en los últimos 25 años.

En respuesta a la creciente preocupación por las consecuencias ambientales y para la salud de la agricultura intensiva, un número cada vez mayor de estudios en Argentina han adoptado estrategias integradas de monitoreo que incluyen tanto el muestreo ambiental como el biomonitoreo humano. Esto implica la medición directa de sustancias químicas, sus metabolitos o marcadores biológicos en muestras humanas (como sangre, orina o cabello) y proporciona una estimación confiable de la exposición interna. Combinado con el muestreo ambiental.

Datos contundentes que vuelven a alertar sobre la peligrosidad de los agrotóxicos

El estudio tuvo como objetivo cuantificar los residuos de plaguicidas en matrices ambientales y plasma, y evaluar sus posibles efectos sobre el estrés oxidativo y el daño al ADN en poblaciones rurales de la provincia de Santa Fe. Se recolectaron muestras de suelo y agua de lluvia, y se obtuvieron muestras biológicas y encuestas semiestructuradas de voluntarios en tres pueblos rurales.

Los residuos de plaguicidas se analizaron mediante cromatografía líquida y de gases acoplada a espectrometría de masas. El daño al ADN se evaluó mediante el ensayo cometa y su versión modificada para lesiones oxidativas, junto con las actividades enzimáticas de catalasa y superóxido dismutasa y peroxidación lipídica. Los resultados se compararon con los de una población de control en un entorno urbano. Se detectaron residuos de plaguicidas en el 62% de las muestras de sangre, con frecuencias significativamente más altas en los participantes rurales en comparación con el grupo de control, lo que refleja aumentos en los biomarcadores oxidativos y genotóxicos.

El 62 % de las muestras de sangre de pobladores rurales contiene residuos detectables de agrotoxicos, además de la presencia de plaguicidas, los investigadores observaron mayores niveles de daño genético y estrés oxidativo en las poblaciones rurales en comparación con el grupo urbano, utilizando biomarcadores celulares que permiten detectar alteraciones tempranas en el ADN. Y como si fuera poco, el 47 % de las muestras de agua de lluvia contenía atrazina, un herbicida ampliamente utilizado en cultivos como maíz, que fue prohibido en Europa por producir cáncer. Pese a ello, desde el estado se sigue sosteniendo que «no hay movilidad ambiental de plaguicidas”. Claramente esta afirmación suena cuanto menos preocupante.

En este estudio participaron 145 adultos mayores de 18 años de tres pueblos rurales y de la ciudad de Santa Fe (como grupo de control). Sus características sociodemográficas, hábitos de vida, actividades laborales y parámetros de salud. En cuanto a la proximidad a los campos de cultivo, el 68% de la población encuestada en Santo Domingo y el 82% en La Pelada viven a menos de 500 metros de tierras agrícolas, mientras que en Candioti, el 71% reside entre 0 y 200 metros de estos campos.

En torno al análisis ambiental, se recolectaron un total de 157 muestras de agua de lluvia, sin detectarse glifosato ni AMPA, si bien la atrazina estuvo presente en el 47 % de las muestras. Se analizaron 31 muestras de suelo procedentes de las tres localidades. Se detectaron glifosato y AMPA en el 67% de ellos. Los participantes mostraron un amplio rango de edad y tenían una residencia de larga duración en sus comunidades, en consonancia con la estructura demográfica de ambos departamentos. Esta estabilidad en la residencia aumenta la relevancia de los datos de biomonitoreo, ya que la exposición ambiental a largo plazo puede inferirse con mayor precisión.

Este estudio fue llevado adelante por distintas investigadoras e investigadores del país, podemos mencionar a María Priscila Dechiara, Carlina Leila Colussi, María Fernanda Simoniello, Lucía Magdalena Odetti y el recordado Damián Marino, estoico luchador por la verdad y la ciencia digna que dejó este plano el 9 de diciembre de 2023.

Una nueva y contundente demostración que no se trata de una disputa de “bibliotecas” como se busca imponer, se trata de encontrar respuestas veraces y humanas, a lo que los cuerpos enfermos dejan ver explícitamente. Se trata de la ciencia digna al servicio del pueblo, que es en definitiva, para lo que se preparó y prometió servir.

Estudio científico by giselagentile

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