Brasil pone en marcha la mayor planta termoeléctrica a gas natural de Latinoamérica
La capacidad instalada de este complejo energético GNA es de tres gigavatios (GW), que incluye las usinas GNA I y II, suma inversiones totales por 12.000 millones de reales (unos 2.182 millones de dólares) y tiene potencial para abastecer a cerca de 14 millones de hogares.
- Internacionales
- Jul 29, 2025
Brasil dio un paso clave en su estrategia de diversificación energética con la puesta en marcha de la unidad UTE GNA II, la planta termoeléctrica a gas natural más grande de América Latina. Ubicada en el Puerto de Açu, en el estado de Río de Janeiro, la central comenzó su operación comercial entre fines de mayo y comienzos de junio de 2025, tras recibir la aprobación de la Agencia Nacional de Energía Eléctrica (ANEEL).
La planta, que opera bajo tecnología de ciclo combinado -con tres turbinas a gas y una de vapor-, posee una capacidad instalada de 1.673 megavatios y una eficiencia energética superior al 60%, gracias a un sistema que permite generar 572 MW adicionales sin aumentar el consumo de combustible. Además, está diseñada para funcionar con hasta un 50% de hidrógeno mezclado con gas natural, lo que refuerza su perfil ambiental.
El proyecto forma parte del complejo energético desarrollado por Gás Natural Açu (GNA), una alianza entre BP, Siemens Energy, SPIC Brasil y Prumo Logística. La inversión total asciende a unos R$ 7.000 millones, y la infraestructura incluye una planta desalinizadora que utiliza agua de mar casi en su totalidad, minimizando así el uso de recursos hídricos dulces.
Con la incorporación de GNA II, el complejo energético del Puerto de Açu alcanza una potencia total de 3 GW, al sumarse a la planta GNA I (1.300 MW), inaugurada en 2021. El consorcio cuenta además con licencias para ampliar su capacidad hasta los 6,4 GW, lo que convertiría al sitio en uno de los polos energéticos más relevantes del continente.
En un país altamente dependiente de la generación hidroeléctrica, la nueva planta térmica tiene un rol estratégico: ofrecer respaldo ante la baja en los niveles de los embalses durante períodos secos. Se estima que su entrada en operación podría aumentar en un 23% el consumo de gas natural en Brasil, con una demanda adicional de hasta 6 millones de metros cúbicos por día entre julio y noviembre.
El impacto también se refleja en lo social: durante su construcción se generaron cerca de 10.000 empleos, y se implementaron programas de formación con cupos gratuitos, de los cuales el 41% fue ocupado por mujeres. Además, la obra alcanzó un récord de más de 20 millones de horas-hombre sin accidentes laborales.
Durante el acto de inauguración, Lula da Silva afirmó que Brasil tiene potencial para liderar la transición energética a nivel global. «En lo que respecta a la transición energética, Brasil puede ser un país imbatible. Lo que antes parecía un sueño lejano, hoy es una realidad, gracias a la fe en que era posible lograrlo», dijo el mandatario.
Por su parte, el ministro de Minas y Energía, Alexandre Silveira, consideró que la usina representa un ejemplo de confianza renovada de los inversores extranjeros en Brasil. «Este proyecto demuestra que las empresas dejaron de lado el capital especulativo y volvieron a apostar por inversiones de largo plazo en el país, generando empleo y crecimiento económico».
Así la cosas, está claro que la entrada en funciones de GNA II marca un hito no solo para el sector energético brasileño, sino también para América Latina, al posicionar al país como líder en generación térmica limpia y eficiente en la región.


