El Reino Unido se plantea un futuro sin la Unión Europea
El referendo del Reino Unido sobre su permanencia como miembro de la Unión Europea (UE) demuestra el resultado de la división dentro del Partido Conservador. Así lo demuestra el siguiente artículo de los periodistas Steven Erlanger y Stephen Castle del New York Times.
- Internacionales
- Mar 5, 2016
Pese a los nobles discursos sobre soberanía y la urgencia política de temas como la inmigración, el referendo del Reino Unido sobre su permanencia como miembro de la Unión Europea (UE) es el resultado de la amarga división dentro del Partido Conservador sobre la relación del país con el Viejo Continente y su lugar en el mundo.
Luego de varias décadas de peleas en torno a la UE, los conservadores han impuesto sobre el resto de la población británica su obsesión política en la forma de un referendo convocado para el próximo el 23 de junio por el primer ministro, David Cameron, con la finalidad de decidir si siguen o se salen de la organización que agrupa a los países europeos. Este partido podría estar aprovechando su primera mayoría en el gobierno desde 1992, pero se está desgarrando por temas que, tradicionalmente, son secundarios para la mayoría de los británicos.
Cameron, quien desea que la nación permanezca en Europa, tenía la esperanza de que el referendo pudiera ser visto como un enfrentamiento entre modernistas ambiciosos y viejos nostálgicos. Sin embargo, él y su aliado cercano, George Osborne, el canciller de la Secretaría de Hacienda, han recibido la oposición de uno de los amigos más cercanos de Cameron, el Magistrado Michael Gove, y de Boris Johnson, el popular y tempestuoso alcalde de Londres que es un viejo rival de Cameron.
Más inquietante para Cameron y Osborne es que casi la mitad de los 330 miembros conservadores del parlamento —al menos 140, incluyendo a seis miembros del Gabinete— apoyan la salida del Reino Unido (propuesta también conocida como brexit) de la Unión Europea. No hace mucho tiempo, en Downing Street se insistía en que solo 80 legisladores conservadores se opondrían a su primer ministro.
Si los próximos cuatro meses se parecen a las primeras semanas de la campaña, las divisiones solo empeorarán, particularmente si la votación termina siendo tan cerrada como sugieren las encuestas. Europa ha sido una línea divisoria entre los conservadores desde los días de Margaret Thatcher. Los orígenes de la disputa son variados.
Hay un argumento económico porque Bruselas es demasiado estricta con la regulación, y muchos afirman que instituciones como la Corte de Justicia Europea pisotean la soberanía de la nación. También hay algunos sectores británicos que prefieren una política exterior más vinculada con la de Estados Unidos que con la del continente sobre el cual el Reino Unido ha derramado tanta sangre y, en otros casos, reflejan la nostalgia por una época en la que el país tenía mayor importancia en los asuntos globales.
La intensidad de las fuerzas contrarias a Europa entre los miembros conservadores del parlamento ha crecido en los últimos años, en parte porque esa actitud es un requisito de “pureza” que se le impone a los que quieren ser candidatos y también por la creciente reacción populista en contra de Bruselas a lo largo de Europa por la severa recesión económica.
El momento seminal en la transformación del Partido Conservador fue en noviembre de 1990 cuando Margaret Thatcher fue obligada a salir del poder por las divisiones internas a causa de una integración más estrecha con Europa, incluyendo el impulso por crear una sola divisa europea. Christopher Patten, exministro conservador que participó en la expulsión de Thatcher, dijo que el euroescepticismo era “alimentado por la sensación de que la defenestración de Thatcher era culpa de Europa”, aunque en buena medida se produjo por los planes para la instauración de un nuevo impuesto que, según los conservadores, les iba a costar la siguiente elección.
Todo ha cambiado desde entonces y la Unión Europea ahora es más grande, diversa y pobre, mientras que el Reino Unido (un caso perdido en términos económicos en 1975), prospera y atrae grandes inversiones. Con la crisis del euro y el aumento de la inmigración neta, los británicos parecen más abiertos al argumento de que el bloque es “una unión análoga en la era digital”, según lo que dice Gove.
El magistrado también cuestionó la fuerza legal del trato que Cameron negoció para modificar la relación del Reino Unido con la Unión Europea. Patten declaró que Gove “no es abogado; no creo que él haya leído un solo texto de leyes”.
El cambio dentro del partido está ligado a la carrera de Philip Davies. Ha dicho que cuando fue elegido en 2005 “era, efectivamente, el único miembro del parlamento que solía ponerse de pie y decir que deberíamos salir de la UE. La gente solía admitir que necesitábamos una reforma para repatriar poderes y afirmar la soberanía británica, pero no decían la frase: ‘Necesitamos salir de la UE’”.
Sin embargo, el profesor de ciencias políticas de la Queen Mary University of London, Tim Bale, dice que la hostilidad hacia Europa une a los conservadores, aun si están divididos con respecto a cómo abordar el problema. Incluso Cameron no es partidario de Bruselas pero cree que los riesgos de marcharse son demasiado altos.
“En verdad, estamos hablando sobre euroescépticos suaves que creen que la Unión Europea es mala, pero que dicen: ‘Podemos manejarlo’”, dijo Bale, “y otros que creen que está mal y que la única alternativa es marcharse.

