JUEVES, 04 DE JUN.

Polémica en Reino Unido: prohíben a hinchas israelíes asistir a un partido de Europa League

La exclusión de los aficionados del Maccabi Tel Aviv en el encuentro ante el Aston Villa, programado para el 6 de noviembre en Birmingham, desató una fuerte controversia política. Líderes británicos acusan al gobierno de ceder ante la presión y envían una señal preocupante sobre antisemitismo y seguridad pública.

Una decisión tomada por el Grupo Asesor de Seguridad (SAG) del Reino Unido impide a los hinchas del club israelí Maccabi Tel Aviv asistir al partido de Europa League contra el Aston Villa, que se disputará el próximo 6 de noviembre en Villa Park, Birmingham. La medida fue adoptada a raíz de preocupaciones expresadas por la Policía de West Midlands sobre eventuales disturbios y la posibilidad de que se realicen protestas alrededor del estadio. La noticia generó una ola de indignación y críticas tanto en el plano político como social.

Según informó el club Aston Villa, la decisión responde a una solicitud directa del SAG, que recomendó no permitir el ingreso del público visitante debido a cuestiones de seguridad pública. Desde el club señalaron que se mantuvieron en contacto constante con el Maccabi Tel Aviv y las autoridades locales, priorizando tanto la seguridad de los asistentes como la de los residentes de la zona.

Esta postura fue celebrada por el diputado local Ayoub Khan, representante de Birmingham Perry Barr, quien había impulsado la prohibición. Khan, quien ya había acusado a los seguidores del Maccabi de ser «violentos» y sostenía que el equipo israelí «ni siquiera debería competir en Europa», consideró que la medida era necesaria ante el “riesgo latente” que implicaba el encuentro.

Sin embargo, la decisión generó un profundo rechazo en distintos sectores del arco político británico. El primer ministro Keir Starmer expresó su desacuerdo a través de redes sociales, calificándola como «incorrecta» y remarcando que «no se tolerará el antisemitismo en las calles del Reino Unido». Pese a ello, evitó pronunciarse sobre una eventual intervención del gobierno para revertir la medida.

A su vez, Robert Jenrick, exministro de Inmigración y actual ministro de Justicia, fue más contundente quien exigió que se revoque la prohibición, instando a la Policía de West Midlands a «utilizar recursos de orden público y ayuda mutua». Según Jenrick, impedir el ingreso de judíos a un estadio por razones de seguridad es inaceptable y refleja el fracaso del Estado en proteger a todos sus ciudadanos por igual. También vinculó el caso con sus recientes declaraciones sobre los desafíos de integración en Birmingham, por las cuales había sido fuertemente criticado.

En la misma línea, la líder de la oposición, Kemi Badenoch, calificó el hecho como una “vergüenza nacional”. Cuestionó la contradicción entre las promesas de inclusión del gobierno y la realidad actual: “¿Cómo se ha llegado a esta situación? Si los judíos no pueden ingresar a un estadio de fútbol, ¿realmente están seguros y son bienvenidos en este país?”, se preguntó.

El clima se tornó aún más tenso tras la circulación de un video del imán de Birmingham, Asrar Rashid, quien incitaba públicamente a la violencia contra los aficionados israelíes.

En su mensaje, afirmó: “No tendremos piedad con los aficionados del Maccabi Tel Aviv que lleguen al partido contra el Aston Villa”. Las declaraciones fueron ampliamente condenadas y avivaron las preocupaciones sobre un contexto de radicalización.

En tanto, el líder del partido Reform UK, Nigel Farage, sostuvo que esta decisión «eleva la discriminación racial a un nuevo nivel» y denunció que el Reino Unido está “fallando en su deber de garantizar la igualdad y la seguridad de todos los ciudadanos, sin importar su origen”.

Este episodio se produce menos de un año después de los violentos ataques sufridos por hinchas del Maccabi Tel Aviv en Ámsterdam, durante otro partido de Europa League contra el Ajax. En esa ocasión, grupos organizados agredieron a seguidores israelíes, los golpearon, lanzaron a canales y atropellaron con vehículos, en lo que fue calificado como un «pogromo moderno» por el líder de la oposición holandesa, Geert Wilders.

Los registros audiovisuales del hecho muestran a fanáticos siendo brutalmente golpeados mientras uno de los atacantes gritaba: “Eso es por Palestina”. También se informó que turbas intentaron irrumpir en edificios donde seguidores judíos buscaban refugio, situación que llevó al ex primer ministro israelí, Naftali Bennett, a llamar a la comunidad internacional a “actuar por cualquier medio” para proteger a los ciudadanos judíos.

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