LUNES, 20 DE JUL.

El auge de la moda circular: una tendencia que transforma el consumo textil

Crece el interés global por la reutilización, reparación e intercambio de prendas. Emprendimientos, marcas y consumidores impulsan una industria más sostenible.

Mientras la industria de la moda continúa siendo una de las más contaminantes del planeta, una nueva corriente comienza a consolidarse como alternativa sustentable: la moda circular. Este modelo propone alargar el ciclo de vida de la ropa a través del reciclaje, la reparación, el alquiler o la venta de segunda mano, con el objetivo de reducir el desperdicio textil y el impacto ambiental.

El fenómeno, que en años anteriores se percibía como marginal o artesanal, hoy gana fuerza en grandes ciudades del mundo y en plataformas digitales. Desde tiendas físicas especializadas hasta aplicaciones para intercambiar ropa, la moda circular ya no es una tendencia emergente: se consolida como parte de una transformación estructural en la forma de producir y consumir indumentaria.

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Desde «Renueva», sostienen que el crecimiento de esta tendencia responde tanto a razones ecológicas como de estilo. “Mas allá de reciclar y reutilizar la moda que uno ya no usa, uno elige por gusto y no por tendencia o moda como impone la sociedad de consumo, pudiendo elegir así, prendas de temporadas anteriores”, señala a Conclusión Daniela una de las fundadoras de la marca. Además, en un contexto de inflación global y pérdida de poder adquisitivo, reutilizar o intercambiar se presenta también como una alternativa económica viable.

«Al principio resultaba impensable para la gente, a pesar de que a nivel mundial la metodología de moda circular ya estaba instalada hace rato y después de la pandemia, los precios de la ropa se dispararon tanto con precios tan irrisorios que la gente entendió el concepto de que las prendas están en óptimo estado y a la mitad de precio», explicó orgullosa y agregó: «Ahora hay muchísima aceptación y cada vez es más la gente que compra de esta manera».

El modelo circular no solo está impulsado por consumidores conscientes. Marcas internacionales han comenzado a ofrecer líneas recicladas, servicios de reparación o incluso programas de recompra. El sistema lineal -producir, usar y desechar- está perdiendo legitimidad, especialmente entre las generaciones más jóvenes.

Por su parte, desde «Lo quiero, lo tengo», otra marca local que funciona con la misma metodología, destacan que «siempre detrás de la ropa hay una historia entonces uno le pone mucho valor; por eso esto es una segunda oportunidad que se les da a las prendas».

Según precisaron, aquellas prendas que todavía conservan la etiqueta son las primeras en venderse, seguidas por aquellas de alguna marca conocida y por último, aquellas usadas, siempre en buen estado. «También hay gente que viene y no compra, y no pasa nada, es sin compromiso, la idea es poder probarte libre sin ningún tipo de presión», marcaron entusiasmadas.

En los locales se puede encontrar de todos, ropa urbana o de fiesta, de día y de noche, zapatos y hasta carteras y accesorios. «Cuando las clientas vienen acá, las dejamos libres, que vengan, que miren, que elijan lo que se quieren medir y se lleven al probador todo lo que quieran. Por supuesto que las asesoramos y les hacemos sugerencia, pero que no sientan ese presión del vendedor insistiendo, que sean libres de probarse todo lo que quieran y se lleven lo que más les gusta».

Según explicaron en «Lo quiero lo tengo», hay distintas modalidades. «Nosotros tomamos la prenda en consignación y la tenemos aquí tres meses. En otros lugares la compran directamente. Pero nosotros trabajamos así, la gente nos deja la ropa y apenas la vendemos, transferimos. Nosotros hacemos un listado con lo que dejan y buscamos el valor en conjunto. Después le pedimos el correo, les madamos los códigos y vamos viendo que pasa».

«Esta es una segunda oportunidad que se le da a las prendas», aseguran las vendedoras.«Hay ropa que viene con etiqueta, porque en esta sociedad de consumo, a veces compramos y no usamos. Esa ropa se vende volando. La ropa que es de una marca conocida, también. Y la ropa que está en buen estado, de buena calidad, también se vende rápidamente».

En ese sentido, las titulares de «Lo quiero lo tengo», apuntan: «Hay dos cosas, primero hay que conincidir con la moda circular, y sino, hay que barrer con el prejuicio. Acá ha venido gente a acompañar a otra con reparos. Y después ven que hay cosas nuevas, o casi nuevas, y se entusiasman y se llevan de todo. Y, por otro lado, lo que se consigue aquí es alguna marca en particular, o ropa de mucha calidad que originalmente tiene valores muy elevados como abrigos de cuero, por ejemplo».

Otra arista que se suma a este tipo de negocios es generar espacios de encuentro. «A veces organizamos desayunos, meriendas, o noches de tragos, e invitamos a amigas que, a su vez, invitan a sus amigas, y termina siendo mucho más que un lugar para comprar una prenda. Es un espacio para compartir».

Los desafíos, sin embargo, persisten. Entre ellos, se destacan la falta de regulación que garantice buenas prácticas, la necesidad de cambiar hábitos de consumo arraigados, y el greenwashing de algunas marcas que se apropian del discurso ambiental sin implementar cambios reales.

Aun así, la moda circular crece. Y más que una moda pasajera, todo indica que se trata de una transformación profunda en la manera de pensar, producir y valorar la ropa.

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