Lala Pasquinelli en Rosario: «Normalizamos la violencia, el hambre, el dolor, la incomodidad, como parte del deber ser de las mujeres»
La fundadora del movimiento Mujeres Que No Fueron Tapa está en la ciudad para presentar el libro "La estafa de la feminidad", construido en base a miles de historias y testimonios surgidos de las campañas virales impulsadas en redes sociales. En entrevista con Conclusión, ahondó en los conceptos del control social sobre las mujeres a partir del control de los cuerpos, los estereotipos de género y los mandatos, y reflexionó sobre el escenario político actual.
- Ciudad
- Por Florencia Vizzi
- Ago 8, 2025
Hace algunos años, la campaña #HermanaSoltáLaPanza estalló en redes sociales, dio la vuelta al mundo y se convirtió en ícono al poner sobre la mesa un tema que atraviesa a todas las mujeres: los estereotipos de belleza que se les imponen, las exigencias sobre sus cuerpos por parte de una sociedad que se arroga los derechos de decirles cómo deben verse y que las humilla y obliga a esconderse si no responden a ese patrón hegemónico.
A partir de esa consigna, miles de fotos de distintos lugares del mundo indudaron las redes sociales. Y con las imágenes, llegaron los testimonios, la tortuosa obligación de convertirse en un estándar inalcanzable, la culpa por no alcanzarlo, las cientos de horas y lágrimas dedicadas a esconderse de las miradas por no ser “como debían ser” y el juzgamiento permanente sobre sus cuerpos y decisiones. Porque, en definitiva, la campaña impulsada por el movimiento Mujeres Que No Fueron Tapa (MQNFT) no se trató nunca de un debate superficial o estético, todo lo contrario, puso el ojo en la constante presión social sobre el control de los cuerpos y en cómo se ejerce el poder a través de ese control.
María Laura Pasquinelli es artista, abogada, escritora y fundadora de Mujeres Que No Fueron Tapa, una organización feminista de transformación social, y también creadora de la campaña HermanaSoltáLaPanza, que llegó a las tapas de los principales diarios de América y Europa. En 2023 fue elegida por la BBC como una de las 100 mujeres más influyentes del mundo por su trabajo sobre mandatos y estereotipos de género.
Tras el éxito de esa campaña, hubo otras, como #HermanaSoltáElReloj o #AsíNadieTeVaAQuerer o #NosTenemos, todas en la misma dirección, “hackear” esos estereotipos y los mandatos que la sociedad capitalista impone a las mujeres como deber ser. Los miles de testimonios recogidos por MQNFT en las sucesivas campañas, se convirtieron en un libro, «La Estafa de la Feminidad», que Pasquinelli, “Lala” como todos la conocen, presentará este sábado 9 de agosto en Rosario. (Teatro La Morada, San Martín 771, 11 hs)
Antes de su llegada a la ciudad, Lala Pasquinelli dialogó con Conclusión en una extensa entrevista en la que profundizó en el concepto de la «feminidad» como estafa, entre muchos otros temas. “Concretamente, la estafa se configura porque todas entramos a cumplir con el manual de la feminidad, a partir de la promesa que nos dice que si nosotras obedecemos las lógicas del ritual, obtenemos los hábitos y los consumos que tenemos que tener para ser consideradas «buenas mujeres» y ser aceptadas, vamos a alcanzar la felicidad”.
“La promesa es que si vos haces el esfuerzo de producir tu cuerpo de una manera que encaje en el ideal de belleza actual, eso se supone que te garantiza acceder a ser elegida, probablemente en un trabajo, pero sobre todo, ser elegida por una pareja, obviamente, por un varón heterosexual, blanco, preferentemente propietario, etc. Es lo que te garantiza acceder a la familia y a la maternidad, que sería como el epicentro de la felicidad de las mujeres y ahí se termina un poco el cuento», profundiza Pasquinelli. Y agrega: “Esto después está atravesado por cuestiones de clase, cada clase va agregando algunas otras obligaciones, estudiar, recibirte, pero en general tener pareja y formar una familia siguen siendo las obligaciones principales, y ahí está puesta nuestra energía y nuestro esfuerzo. La estafa se configura cuando, a pesar de haber hecho todo lo que “tenés que hacer”, la felicidad no llega porque, justamente con lo que más te vas a encontrar ahí es con explotación y violencia».
Hablar de violencia no es solo referirse a violencia de género. «Hablamos de las distintas formas de la violencia con las que nos encontramos las mujeres ya por el solo hecho de cumplir con estas ritualidades. En el libro se habla mucho de cómo, desde muy pequeñas, vamos normalizando la violencia, el hambre, el dolor, la incomodidad, como parte del deber ser de las mujeres, calladita te ves más bonita, la belleza duele, todas esas cosas que las hemos vivido en carne propia muchas de nosotras y que después nos constituyen, forman parte de esa idea de que ser mujeres es eso, aguantar».
Promesas incumplidas y la configuración de la estafa
Para «Lala», la configuración de la estafa es precisamente, el incumplimiento de esas promesas, promesas en las que son educadas las mujeres desde que nacen, y de las que no escapan nunca. Y también, en cómo las mujeres son introducidas en esas promesas por otras mujeres, las «maestras». «Vamos siendo introducidas unas por otras, en esta educación en la feminidad, vamos siendo introducidas no solo por mujeres cercanas, que son las que nos van a educar, porque además ese es el rol de las madres también, producir buenas hijas. No es que nuestras madres están locas o son malas, sino que sobre ellas también hay un peso que les implica producir estas hijas buenas, que son las hijas “normales”, por decirlo de alguna manera, y al mismo tiempo las maestras más públicas, que son todas estas que vemos en redes sociales, que vemos en los medios, en la representación de las mujeres, que es esta mujer blanca, joven, delgada y feliz. Ahí se configura esta estafa que es, justamente, el incumplimiento de esas promesas».
Tal vez, lo más acabado de la estafa es que, aún cuando las mujeres son conscientes de estas ecuaciones, las decodifican y entienden como funcionan, e intentan evitar reproducir estos modelos, están tan incorporadas en el inconsciente y en la estructura psiquícia, que muchas veces se transmiten en forma totalmente involutaria. Se cuela un comentario, una mirada, un juicio, que repercute en los propios hijos y reproduce ese modelo.
En relación a ello, Pasquinelli agrega que «lo tenemos tan encarnado, en nuestra idea de lo “normal” y cuando es en el cuerpo de tu hija, de tu hijo, en el que aparece esa diversidad, ese deseo de otras cosas, hay como una especie de “pulsión normalizadora”, eso nos habita a todos y por eso es tan arduo y tan permanente el trabajo de volver a repensar todas estas cosas que forman parte del sentido común». «El sentido común de cada época, en general, es un destilado de las ideas más tradicionalistas y erróneas, pero que están todas partes, entonces, por más de que uno lo entienda y lo piense, eso ya está, se construyó y en tu vida empieza a funcionar y no lo vas a dejar de perpetuar, o no vas a dejar de sentirte mal porque no encajás en alguna de esas cosas».
También remarca la importancia de tener espacios de pertenencia para que circulen estos debates y se puedan desarmar esas ideas. «Es muy díficil el trabajo porque todo el tiempo te encontrás con quienes creen que tu rol es solo maternar y quedarte en tu casa haciendo las tareas domésticas o que tendrías que hacerte algo en la cara o que te dice cómo vas a andar así, que te queda más lindo estar más flaca… Porque las opiniones son de todo tipo y color todo el tiempo. Porque el cuerpo de las mujeres es un territorio, un objeto público, un territorio que está ahí disponibilizado para la opinión, para el control».
En ese sentido, Pasquinelli ahonda: “Esta lógica del control del cuerpo de las mujeres se ejerce a través de estos dispositivos muy sutiles, incluso son cosas que no parecen importantes o que no tienen una incidencia, y a eso es a lo que apunta. Todo nuestro trabajo, es justamente deconstruir esas cosas que son sutiles que forman parte de nuestros hábitos cotidianos, politizar todos esos hábitos cotidianos porque ahí está la captura de nuestro cuerpo y de nuestra energía”.
Dispositivos políticos y el control de los cuerpos
A partir de la lógica del control sobre los cuerpos, en la charla aparece el filósofo Michel Foucault, y a propósito de ello, Pasquinelli trae también a colación a la escritora Naomi Wolf, quien plantea que la dieta es un «dispositivo político».
“Y pensándolo en la clave de Michel Foucault, la dieta como un dispositivo de control del cuerpo de las mujeres desde un montón de perspectivas. Cualquiera que haya hecho una dieta restrictiva para adelgazar sabe perfectamente que te obsesiona, no podés pensar en otra cosa, no tenés una disponibilidad ni intelectual ni psíquica para ninguna otra cosa que no sea el hambre que tenés, lo que te dan ganas de comer, con qué cosas te tentás, cuándo vas a comer, si ya comiste demasiado, o sea no podés pensar en otra cosa. Pero al mismo tiempo, el hambre también te debilita, también limita tus capacidades cognitivas, también la subnutrición que nos auto imponemos justamente como una mejora, en todas estas lógicas de control de los cuerpos que es, ya no hace falta que eso venga impuesto por una norma escrita, por la formalidad de la norma, sino que vamos a ser nosotras mismas. personas privilegiadas en este mundo. donde más del 30% de las personas se están muriendo de hambre y sufren fragilidad alimentaria, vamos a ser nosotras mismas las que nos privamos del alimento, con todo lo que eso implica además, simbólicamente, ser vos la que está privando la nutrición a vos misma”.
En ese sentido, también apunta contra la moralización y el juzgamiento sobre quienes eligen otros cuerpos o simplemente, fracasan, por diversas razones, y no logran éxito con sus dietas. “Por eso cuando hablamos de todos estos temas que tienen que ver con la belleza, nunca estamos hablando simplemente de un cuerpo, o de una imagen, sino que estamos hablando de esto, de la moralización de determinados cuerpos que se jerarquizan en virtud de su apariencia, aparecen como mejores, como moralmente o intelectualmete superiores. Aparece siempre esta idea de que quienes encajan en este ideal de belleza representan una moral superior y de que hay, entonces, algunas identidades que son mejores que otras” .

Profundizando un poco más en esa línea, la abogada y escritora apunta: “Siempre digo que la belleza y la dieta es también una pedagogía de la insuficiencia, una pedagogía del fracaso. Vos siempre estás atrás, nunca vas a llegar a ser eso que se espera de vos, nunca vas a autocontrolarte tan bien, a pasar el suficiente hambre o por lo menos tu apariencia no va a dar cuenta de eso, nunca vas a ser suficientemente joven, suficientemente blanca, o lo que sea…porque además hay un modelo para cada partecita del cuerpo. Entonces tenemos un modelo de ceja, un modelo de pómulo, y por supuesto, tratamientos para modificar todo eso en el caso de que esa partecita de tu cuerpo no encaje”.
Autocuidado, vida fit y despolitización
El devenir de la entrevista llega, en este punto, a la millonaria industria de la belleza, los miles de millones que se mueven alrededor de estos conceptos y también, muy en boga en redes sociales, el llamado “autocuidado” y una multiplicidad de exigencias en pos de “quererse uno mismo y tratarse bien”. Hay que comer sano, hacer el ejercicio adecuado, caminar, sumergirse en agua helada, cuidar, nutrir la piel, desarrollar músculo, ingerir fibra, sonreir siempre, mostrarse hermoso, ir al gimnasio, ser feliz aunque sea infeliz… la lista es interminable.
“Acá lo que está dado, detrás de todo esto, de la promoción de estas formas de vida tan banales, superficiales, es la representación de la felicidad. La felicidad es también un tema del que tenemos que hablar con urgencia. En la representación de la felicidad está toda la iconografía de estos cuerpos, haciendo ejercicio, comiendo “sano”, viajando a lugares paradisíacos y consumiendo todos los bienes que se suponen que te van a traer la felicidad. Pero en esa lógica del consumo y del consumo del propio cuerpo y de productos y objetos, está la profunda despolitización de la vida, con todo lo que esto implica, en un mundo que está al borde del colapso en términos medioambientales, en un mundo donde el capital está cada vez más concentrado, en un momento del mundo donde el capital tiene niveles de concentración históricos, o sea, nunca se vio esto, lo mismo sucede con los medios y plataformas. Entonces hay muy poquita gente, o sea, ocho personas tienen el 50% de la riqueza de un mundo habitado por 9.000 millones de personas, es una locura. Hay ocho tipos decidiendo cómo vivimos, cómo morimos, de qué nos vamos a morir, qué comemos y qué consumimos. Y eso también tiene que ver con estas formas de vida que se promueven con estos modelos identitarios, donde ahora de repente para las mujeres cuidarte es ir al spa mientras lo más probable es que te maten en tu casa. El 66% de los femicidios ocurren adentro de nuestras casas, nos violan, violan a nuestras hijas, ¿y cuidarte es ir al spa o hacerte el skin care?, se pregunta la activista.
«Yo creo que cuidarte es aprender defensa personal, enseñarle a tu hija autodefensa, o adquirir la conciencia de la opresión, adquirir conciencia de género y de clase, eso es autocuidado, no hacernos la cosita de la cara», remarca.
Pero también señala algo más profundo y preocupante en relación al reinado de la vida fit. «Estos altos niveles de despolitización que estamos viviendo también tienen que ver con estos modelos identitarios, donde todo es vos, ocúpate de vos, no mires para el costado, levantate a las 5 de la mañana, hacer las 200 flexiones, date los golpecitos en la cara, visualizá, y la vida te va a sonreír. Y como la vida no te sonríe, porque básicamente vivimos en un sistema político, social y económico que nos está aplastando, vos no vas a pensar que es el sistema social, político y económico, vas a pensar que sos vos, que no te hiciste bien los golpecitos, que no te levantaste todos los días a las 5 de la mañana, o que no hiciste las 200 flexiones que tenés que hacer”.
En ese sentido, Pasquinelli también entiende la importancia de pensar en las infancias. Y apunta: “Hoy la batalla cultural a la que nos estamos refiriendo, en relación con el avance del capital y el cercamiento total de la clase trabajadora, y es esta disputa que se está dando sobre las infancias. Yo creo que en este momento, la infancia es como una etapa que pareciera estar en franca extinción y desaparición, casi que no existe más la infancia como una etapa lúdica, como una etapa sin tanta coordinación, regla, control, productividad. Hay una captura del tiempo de las infancias y estos modelos de productividad, de explotación del cuerpo, de aprovechamiento del tiempo, se están instalando a través de formas para mí muy radicales de la división sexual del trabajo, que parece una cosa antiquísima y que sin embargo, si hoy miramos los contenidos que consumen y que están orientados a varones y mujeres, nos vamos a encontrar con una cosa del roce y el celeste radicalizada, no sólo en términos de colores, sino en términos de lo que se les propone, los modelos identitarios que hoy tienen las infancias son aberrantes a mi criterio: hoy tenemos a las pibas, adolescentes o muy jóvenes, queriendo tener un sugar daddy o una cuenta exitosa de OnlyFans y a los pibes apostando y queriendo ser criptobros».
Y reflexiona: «Yo creo que ahí es donde justamente se está avanzando, este modelo está arrasando más esas identidades porque estos pibitos no tienen el capital ni simbólico, ni cultural, ni nada para poder contrarrestar eso y los adultos, que somos quienes tenemos que estar ahí sosteniendo y dando y generando la atención, no lo estamos haciendo realmente, mayoritariamente hablando, no lo estamos haciendo, y eso para mí es súper, súper preocupante».
*María Laura Pasquinelli presenta «La estafa de la feminidad» este sábado en Rosario, a las 11, en el Teatro La Morada, San Martín 771

