Lutman sobre sanciones en el Malvinas: “El monstruo es grande, nos exige la negación del otro”
El ex jugador de Newell’s y profe de infantiles reflexionó sobre lo ocurrido en la escuela de fútbol infantil. “Ganó un sistema de miradas que activa estas microviolencias todo el tiempo”, dijo a Conclusión.
- Ciudad
- Jun 5, 2025
Cuando se conoció la sanción que el club Malvinas Argentinas, que depende de Newell’s Old Boys, aplicó a seis niños de 9 años por tomarse una fotografía con Ignacio Malcorra, jugador de primera de Rosario Central, el ex jugador leproso Kurt Lutman escribió en su cuenta de Instagram: “Ojalá los que estuvieron a cargo de la sanción aprendan, expandan la mirada e integren una forma de andar mas cuidadosa en espacios infantiles. Estamos aprendiendo a desarmar un sistema de creencias enorme que ya tenemos dentro nuestro y que vamos a tener que enfrentar/nos con valentía y honestidad, pero también con tolerancia al proceso de desaprendizaje”. Y agregó: “El monstruo es grande. Nos exige ganar por encima de todo. Nos exige la negación del otro. Nos exige dividir entre triunfadores y fracasados”. A partir de esa reflexión, se generó con Lutman, que trabaja con infancias y dar charlas en clubes, esta charla con Conclusión.
“Lo que demuestra esto es que hay un nivel de tensiones y presiones en los espacios infantiles que hace que sucedan estas cosas, que aparezcan sanciones ridículas por temor al otro. Lo que está en discusión acá es cómo nos vinculamos con la otredad”, dijo Lutman a este diario digital.
Ex jugador de la primera de Newell’s, hijo de un técnico de las inferiores del club en el que se crió, escritor, Lutman también ocupó el lugar que ahora tiene Juan Álvarez, encargado de la escuela de fútbol infantil de Malvinas, en la era posterior a la opaca presidencia de Eduardo José López. Tal vez por eso, dice, “caerle al muchacho encargado de ese espacio lúdico como único responsable queda bien, pero es negar el volumen del problema».
Se pregunta: “¿Por qué es tan escandaloso? Porque estamos acompañando criaturas, estamos tratando a ese universo infantil como si fuera una discusión en un bar”. Y avanza sobre una responsabilidad que es mucho más extendida que la de un profe. “Por eso la categoría de sistema de creencias, y por eso es necesario desarmar un montón de cosas que uno ya tiene adentro a nivel comunitario. Somos parte de una comunidad en la que ganó un sistema de miradas que activa estas microviolencias todo el tiempo, y somos parte de eso”, dijo.
Para Kurt, “es interesante utilizar un episodio así pero desde un lugar nutritivo. Incluso también protegiendo al pibe este que se equivoca y lo tiran a los leones. Porque en realidad, lo que hizo este pibe, pasa en todos lados. Yo voy a la ciudad deportiva de Central y si quiero entrar con la camiseta de Newell’s me la hacen sacar. Se hizo cultura. Ojalá fuera un problema de una persona sola o de una comisión directiva, seria más sencillo”.
Cultura del éxito
Al ampliar la mirada desde el episodio puntual hacia un campo más vasto, que es el que posibilita las condiciones de producción de ese tipo de conductas, el asunto se complejiza. “Hay una cuestión que es estructural. Un puñado de microviolencias que tienen asidero en la dicotomía victoria-derrota”, dice Lutamn.
Para el ex jugador, “es la traducción de las reglas de juego adultas de la alta competencia a las infancias. Hay chicos y chicas de 5 a 12 años que para querer jugar a algo tienen que atravesar una prueba. Cuando antes, con querer jugar a algo bastaba para poder ingresar. Ibas con tu vieja o tu viejo, te anotaban y el único límite era la cantidad”.
Pero, ahora, “convocan a 80 o 100 pibes y los examinan. Es como si fuera una prueba de adultos, pero ahora está pasando en primera infancias”. Es la cultura de la productividad, el rendimiento, la autoexigencia y el éxito que tienen supremacía en el conjunto de valores comunitarios. Dicho por Lutman, suena así: “Todo es medido desde la búsqueda de la victoria. Si el profe que dirige, que también será evaluado, a chicos se seis o siete años, termina en el marco de la competencia penúltimo, lo primero que vamos a decir los papás es ‘este profe no le enseña bien a los nenes’. Y eso es un problema, porque él también va a ser medido por la foto final. ‘Cómo salieron en el torneo, tanto. Ah, fue un año de mierda’. No, pasaron un montón de cosas fabulosas”.
Por eso, el problema no puede reducirse a un profe o un espacio deportivo en particular. “Nosotros como parte de la comunidad cuando nuestros hijos vuelven de jugar a algo lo primero que le preguntamos es ‘cómo salieron’”, reflexiona Kurt.
Eliminar el error
Como formador de pibes y pibas en espacios deportivos destinados a las infancias, el ex delantero leproso afirma que lo que está en discusión “tiene que ver con el vínculo error-victoria”. El primero, tan humano, es enemigo de la segunda.
“Los clubes entran en crisis porque quieren ganar y que los chicos no se equivoquen, pero que se formen. Es muy difícil si no habilitás el proceso de error lógico, orgánico. Para que yo descubra algo, primero tengo que hacer prueba y error, y más en un deporte”, señala.
“Como se busca estar lo más arriba posible en la tabla cuando arranca el torneo, ahí empiezan las tensiones, las presiones y los pibes empiezan a limitarse en la conducta adentro de la cancha, porque lo que buscan ya no es descubrir el juego, improvisar, inventar, sino no equivocarse”, abunda.
Para Lutman, en algunos clubes buscan promover la idea de la formación y el juego de manera combinada con la competencia, pero la presión social sobre el éxito desequilibra esa frágil balanza. “Hay una confusión muy grande porque se busca todo eso junto. Pero si vos le das una prioridad a tener que ganar, se lleva puesto todo lo otro”, asegura.
“Yo como profe quiero que los chicos aprendan este año y armar un equipo lo más competitivo posible. Cuando empieza el torneo y perdí la primera fecha, el proceso de formación se desplaza y aparece la búsqueda de la efectividad. Entonces ya no espero que ese pibe aprenda, sino que busco ganar los tres puntos. Porque está en juego, también, cómo yo voy a ser hablado yo como profe. Incluso, hasta está en juego mi trabajo, en función de la efectividad”, reflexiona.
El optimismo de las tensiones
A pesar de la descripción de un presente poco edificante, Lutman responde ante la consulta de Conclusión que es optimista. ¿Soy optimista porque hace más de ocho años que comparto estas tensiones y discusiones. En todos los lugares cuando uno puede poner sobre la mesa esta discusión y habilita ciertos debates, la mirada colectiva empieza a cambiar”, dice.
Y agrega que “como todo sistema de creencias hegemónico, toma el centro de la escena y no te deja ver otras alternativas. Ahí aparecen las frases ‘el fútbol es para ganar’ o ‘servís o no servís’, y se comienza a traducir la alta competencia en infantiles”.
Pero en misma naturaleza de ese sistema que exige triunfo y éxito, pero a la vez ofrece la posibilidad a pocos de alcanzarlo -y, en ocasiones, a un precio excesivamente elevado-, Lutman cree que existe una puerta de salida. “Cuando uno discute esto, te dicen ‘yo como papá lo que más me conviene es que lo acompañen a mi hijo en forma amorosa y vaya aprendiendo’. Todos lo están padeciendo, pero nadie lo blanquea”.
Es que, agrega, “piensan que ese esquema (de éxito) sirve cuando su hijo es titular, entonces no necesita del otro, le parece que el otro le demora el proceso al hijo si juegan todos. Ahora, cuando le hijo empieza a escalar en la edad y va a un club donde lo dejan tirado, y no juega, empiezan a reclamar por un espacio mucho más amable. Ahí se empieza a experimentar en el cuerpo”.
Finalmente, Kurt afirma que contrarrestar esa bajada de la mirada de la alta competencia a las infancias “es una mirada que se va construyendo, y también hay un montón de gente que la está sosteniendo. Soy optimista por eso, y los clubes están en crisis con esta mirada. Uno puede decir esto pasa en todos lados, pero hay un tensión en esos lugares, la gente está empezando a sentirlo, a discutirlo, y en su proceso a interpelarlo. No es que no está pasando nada ni nada se mueve, porque si no le regalaríamos un escenario a estos sátrapas, que no existe. Es como sentir que todos son votantes de (el presidente Javier) Milei. Y no es así, e incluso el que lo votó no necesariamente es liberal”.

