Por Candelaria de la Cruz

Las últimas que se dieron a conocer fueron en septiembre del 2018. Uno de ellos fue en Constitución al 2400 cuando al menos cuatro personas pasaron y abrieron fuego sobre la fachada del club en el club Francisco de Godoy donde resultó herido un adolescente de 14 años. El otro, en barrio Bella Vista cuando una práctica de fútbol infantil en el club Amistad, tuvo que ser suspendida y obligó a los chicos a tirarse al suelo para protegerse de la lluvia de balas que atravesaron el campo de juego. El día anterior ya se había registrado un hecho similar horas antes de la concentración. La solución más próxima fue crear murallas.

Este jueves, se difundió la noticia de un ataque a un polideportivo municipal de Boulevar Seguí al 5400 perpetrado el martes cerca de las 20 horas. Si bien no hay confirmación oficial del hecho ni de la presencia de chicos en el lugar, la situación alarma tanto a vecinos como autoridades ya que, las detonaciones según declaran, se escuchan a diario.

La violencia marca la cancha y la violencia cambia la geografía de los clubes y polideportivos de los barrios. Desde el 2016 hasta el día de hoy al menos siete balaceras -según pudo recabar este diario- tuvieron lugar en distintos clubes y predios de fútbol de la ciudad

El presidente de la Federación de Clubes de Santa Fe y tesorero de la Asociación Rosarina de Entidades Deportivas Amateurs (Areda), Néstor Bianchi, confirmó la problemática y afirmó en diálogo con Conclusión, que el último episodio, si bien no fue en un club, sino en un polideportivo municipal, despertó la preocupación de quienes conforman la Federación. «El auge del narcotráfico fue creciendo estos últimos años y la codicia de estos muchachos, es mayor donde hay gente joven y lo clubes de barrio son los más vulnerables», afirmó Bianchi y remarcó que «donde hay mucha marginalidad, siempre hay mas posibilidades que haya balaceras».

Según su experiencia, Bianchi contó que por más que ellos sigan «bancando» a los chicos que no pueden pagar una cuota, el camino del delito esta muy cerca «cuando los chicos tienen hambre«.

«Donde hay glonomerado de chicos, es en los clubes y la gran mayoría de ellos están en zonas marginales, es ahí donde los narcos quieren incursionar», sostuvo.

Antes los clubes eran un refugio, ahora los chicos se tienen que refugiar de las balas…

En marzo del 2016, dos bandas se cruzaron a balazos en zona norte, momento en el cual, 40 chicos de entre 5 y 12 años practicaban fútbol en el club Defensores de América, de Casiano Casas y Washington. Los disparos se produjeron en el playón deportivo de la Municipalidad, a 50 metros del club, pero dos nenes de siete años fueron alcanzados por las balas. Benjamín y a Gino primero fuero atendidos en el Hospital Alberdi y luego en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca). A uno de los pequeños la bala le atravesó la pierna, mientras que al otro lo rozó. A partir de allí y tras varias reuniones, se determinó la construcción de un muro.

Casi dos años después, en las inmediaciones del club Temperley, un adolescente de 17 años y otro joven fueron alcanzados por las balas cuando dos personas a bordo de un Volkswagen Gol se pusieron a la par y abrieron fuego. El menor resultó herido en el glúteo y fue trasladado al Hospital Italiano, mientras que el otro joven resultó ileso.

El 23 de julio del 2018, dos hombres se pusieron a discutir en la puerta del club Itatí, hasta que uno sacó un arma y efectuó tres disparos, para luego huir del lugar. En ese momento se jugaba un partido de fútbol infantil. Como consecuencia de los estallidos de los vidrios, dos chicos resultaron heridos.

Uno de los últimos casos y de los más resonantes ocurrió el 5 de septiembre del 2018 cuando una pelea entre padres derivó en un brutal ataque a tiros contra el frente del club Francisco de Godoy, de Constitución al 2400 y lo que era una jornada normal de fútbol infantil, terminó en una pesadilla donde varias balas traspasaron el portón de ingreso e hirieron a un niño 14 de años que se encontraba en el gimnasio de la entidad, juntos con un centenar de personas.

La balacera que ocurrió una semana después en el predio del Club Deportivo Amistad llevó que ahora, el club se encuentre amurallado. Ese 12 de septiembre de 2018, los chicos tuvieron que buscar lugar para refugiarse y esquivar la lluvia de balas. Si bien no hubo víctimas, apenas unos días antes, en la misma zona un enfrentamiento armado, hizo que el club tenga que suspender las prácticas.

De la libertad del fútbol a los muros de contención

«Sólo un alambrado es lo que separa a los chicos de la violencia», señaló el representante de Arera y es ese alambrado el que las autoridades del ministerio de Seguridad decidieron reemplazar para «proteger» a los chicos de las balas.

Un muro de cemento fue la «solución» provisoria que se encontró luego de la brutal balacera sufrida en el 2016 y que cambió por completo la vida de los clubes de barrio y dejó en evidencia la desprotección en que se encuentran muchas de esas entidades, en las que paradójicamente, la libertad era su mayor atributo.

El primero fue en 2017 en el club Defensores de América, luego se le sumó el Club Atlético 17 de Agosto, ubicado sobre el límite del barrio homónimo y Las Flores y un tiempo después el Millonario, General San Martín A y Renacer.

En tanto, durante el 2018, tras la balacera al club Amistad que conmocionó al barrio Las Flores, los padres de los chicos y las autoridades de la institución se reunieron con la coordinadora municipal del Plan Abre y pactaron la construcción de un muro perimetral para mejorar las condiciones de seguridad. El muro ya los protege.