JUEVES, 11 DE JUN.

Más allá de los tabúes: cómo viven la sexualidad los rosarinos en tiempos de crisis

¿Afecta al sexo el contexto económico? ¿Cayó el consumo de productos relacionados a la práctica? ¿Qué rango etario es el que más se interesa por juguetes y accesorios? ¿Quiénes se animan más: hombres o mujeres? Desde el sex shop Prazeres responden todas estas dudas.

En un contexto económico complejo donde «la plata no alcanza», los hábitos de consumo se transforman, pero no siempre desaparecen. Y en ese entramado, el rubro de los sex shops se muestra como un fenómeno particular, ya que no se trata de un comercio de paso, sino de un espacio de «investigación» y búsqueda de bienestar que parece resistir a la coyuntura, incluso en épocas donde científicos además estudian las causas de una «recesión sexual» a nivel nacional y mundial.

Romina Cragnolini, una de las titulares del sex shop rosarino Prazeres, que hace cuatro décadas se encuentra en la ciudad, señaló que en los últimos años hubo una caída en las ventas, aunque es muy difícil determinarlo ya que es un circuito en el que además influyen otros factores como gastos fijos e impuestos, pero que al mismo tiempo la gente sigue consultando constantemente día a día a través de WhatsApp, ventas online y en el local.

Al respecto de esto último, consideró que sucede ya que “siempre fuimos un rubro donde por ahí no somos del paso, sino del que investiga porque ya tiene ganas de innovar en la pareja o de incursionar en algún juguete. No es que pasás y te acordaste de que tenías que comprar un vibrador, siempre la gente busca cuando de repente necesita, por así decirlo”.

Consultada al respecto del comportamiento de los rosarinos como consumidores y en la práctica sexual, Cragnolini derribó algunos mitos como, por ejemplo, que quienes más se interesan en los productos de sex shop son los jóvenes, sino que es tan amplio como “la vida misma”.

Es para todos, para ir conociéndose, para usar en pareja, uno solo, una sola. Entonces, te diría que desde los 18 hasta los 80 es el rango etario. Es muy amplio”, señaló Romina, que además consideró que la franja que más suele comprar en los sex shop es aquella que va de los 40 a los 50 años.

Incluso, consideró que los adultos mayores son para ella “la mejor edad de atender”.

“Amo atender gente grande, porque vienen con un bagaje que es espectacular, porque estamos hablando de otra generación que no tenían información, con muchos tabúes, y sin embargo a veces tienen menos tabúes que los de 18, los de 20, los de 30. Es mágico atender a las personas adultas realmente porque se charla muy lindo, es muy nutritivo lo que te cuentan, quizás ya tienen una vida vivida por así decirlo, entonces es como que te dicen ‘sí, yo de esta vida no me voy a ir sin probar tal o tal cosa…’”, agregó.

Frente a la pregunta sobre si son más los hombres o las mujeres quienes se animan a comprar, Romina consideró que una de las transformaciones más notorias en los últimos años justamente es la paridad de género en las consultas. “Hoy se recontra niveló. Quizás hace años se animaba más el varón, pero hoy las mujeres se animan, preguntan, e incluso las parejas vienen juntas”, dijo.

En la atención al público, el asesoramiento cumple un rol pedagógico. Cragnolini es enfática al desmitificar la idea de un producto que resuelva problemas de fondo por sí solo. “Lo que se busca a veces es la solución mágica, pero si existiera yo no estaría acá. Falta mucha información anatómica y funcional de cómo funciona el cuerpo”.

Para ella, el nudo del problema radica en la confusión entre sexo y sexualidad: “Uno cree que la sexualidad son los genitales y no es así. Si tuviéramos claro que sexo son los genitales y sexualidad somos todos nosotros, el hecho de estar estresado o cansado influiría menos en cómo nos tratamos”. En el caso de los más jóvenes, el consejo es la moderación para evitar el acostumbramiento sensorial temprano: “El cuerpo se acostumbra a un determinado estímulo. Si arrancamos al máximo a los 18, ¿a los 40 qué hacemos?”.

En cuanto a los precios que se manejan, los productos, mayoritariamente importados, presentan un rango amplio que busca adaptarse al bolsillo argentino: “Tenés productos desde 15.000 pesos hasta los ‘iPhone’ de los juguetes que son más caros. Pero hay productos funcionales y buenos de 50.000 u 80.000 pesos”.

Argentina es todavía una plaza menor en este mercado en comparación con Europa, donde el rubro tiene siglos de ventaja, aunque la especialista advierte que prefiere mantener un equilibrio: “Una cosa es naturalizar y otra es abusar y ya exponer la intimidad. Yo respeto mucho eso; me parece que es algo que está bien que esté cuidado porque no deja de ser intimidad”

Finalmente, para quienes se acercan por primera vez, el consejo de Cragnolini es simple y directo: “Siempre hay que hablar, hay que animarse a preguntar. No es todo un cuadrado, hay millones de matices de grises y no siempre lo más importante es el encuentro con penetración”. En un mundo que corre tras resultados inmediatos, el sex shop local parece haberse convertido en un espacio donde, paradójicamente, lo más importante es la charla y el autoconocimiento.

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