Rosario Sin Secretos: a 100 años de aquella vez que un “peludo” pasó en tren
Una pintoresca y centenaria historia, en modo rojo y blanco, que arrancó en un convoy del Ferrocarril Central Argentino y que, partiendo desde la “iluminada” Buenos Aires, pasó por la “Chicago” argentina, arribó a los andenes de la “patricia” Santa Fe, y culminó en “la docta” ciudad de Córdoba llevando a un “peludo”, y no de regalo.
- Ciudad
- Por Graciela Molina
- Mar 4, 2026
El refranero popular nos llena de figuras familiares que integran un diccionario coloquial al que no podemos eludir a la hora de entretejer recuerdos.
Hubo una época en la que “caer como peludo de regalo”, era llegar de sorpresa a un lugar en el que no se nos esperaba. Pero en este caso no es así, porque muchos sombreros Panamá se elevaron en alto por los militantes radicales que fueron a saludar a su candidato a la presidencia del país, “El Peludo”, Hipólito Yrigoyen, aquel 4 de marzo de 1926, quien respondió cortés y satisfecho, haciendo lo propio con su clásico “bombín”.
Los trenes, las venas férreas de un país desarrollado y progresista, dolorosamente ausentes en la actualidad, no sólo transportaron cargamentos de riqueza incalculable, personas que se trasladaban de un lugar a otro de nuestro extenso territorio, haciendo crecer a ambos lados de la vía pueblos y ciudades enteras, promoviendo crecimiento y desarrollo… También fue el medio de transporte elegido por los candidatos presidenciales que hacían sus campañas en contacto directo con la gente en los confines más distantes de la Nación.
Era cierre de campaña de las elecciones legislativas nacionales del 7 de marzo, y el ex presidente de la Nación, Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen, el primero elegido democráticamente con la novedosa y saludable Ley Sáenz Peña que venía a terminar con los consuetudinarios y miserables fraudes electorales, había partido bien temprano de la Estación Retiro en Capital Federal con una abigarrada multitud que concurrió a despedirlo para desearle éxito.
No iba solo, lo acompañaban sus correligionarios y candidatos a diputados y senadores nacionales por la Unión Cívica Radical, entre los que se encontraban Horacio Oyhanarte y Jorge Raúl Rodríguez. A quien le suene este nombre como el que detenta el renovado Centro de Calidad de Vida para las personas mayores, ubicado en Juan Domingo Perón y Provincias Unidas, aclaramos que sí, se trata de la misma persona.
De Rosario el tren partió, después de los discursos de rigor de Oyhanarte y Rodríguez, a las dos y cuarto de la tarde, rumbo a Santa Fe y luego con destino a Córdoba, donde se repitieron las manifestaciones de afectos al viejo líder.
Seguramente la locomotora iba conducida por el inefable y elegante maquinista Francisco Savio, del que recientemente escribimos sobre el centenario de su récord sudamericano de velocidad al unir Buenos Aires y Rosario en 3 horas y 21 minutos, el Día de la Escarapela.
Ya en “la docta”, al día siguiente, “El Peludo” fue recibido por una multitud convocada por los comités que lo acompañaron a lo largo de la tradicional calle de la capital mediterránea, San Jerónimo, hasta la plaza Vélez Sarsfield, ámbito en el que todos los dirigentes fueron aclamados con incansables vítores.
Aquel 7 de marzo de 1926, la UCR logra un contundente triunfo con 33.898 votos (39,08%) contra 97.880 (11.32%) del Partido Socialista y 96.502 (11.16%) de la Unión Cívica Radical Antipersonalista.
El líder radical, que nunca ejerció su profesión, la abogacía, había sido bautizado como “El Peludo” por su carácter taciturno y misterioso, pero aún con su silencio, supo ganarse la adhesión popular.
“Más le temo a los de adentro que nos quieren vender que a los de afuera que nos quieren comprar”, solía decir el cofundador, con su tío, Leandro Nicéforo Alem y Aristóbulo del Valle, de la UCR, y quien encabezó la revolución de 1905 que aceleró la sanción de la ley de sufragio universal masculino, obligatorio y secreto que lo llevó a la presidencia, a los 64 años, en 1916.
No le gustaba que le tomaran fotografías. Impensable en esta época de febriles y cansadoras selfies. Al respecto una vez sentenció: “No me he retratado nunca, por principio. Creo que lo único que merece sobrevivir de un hombre es su espíritu, la memoria de sus acciones, no el cuerpo deleznable y pasajero”.
Fue víctima del primer golpe militar encabezado por el general José Félix Uriburu, azuzado por una derecha rancia y oligárquica y su desmedida ambición petrolera.
La muerte lo sorprendió en la más absoluta austeridad y pobreza, en idéntico caso al vicepresidente de Marcelo Torcuato de Alvear, el nunca bien ponderado rosarino Elpidio González, que supo transitar las aulas del emblemático Colegio Nacional Nº 1 ubicado en 9 de Julio 80 de esta ciudad.

