Rosario Sin Secretos: a cien años de la partida de la Emperatriz, en el Día de la Escarapela
Con 303,9 kilómetros recorridos en 3 horas y 21 minutos desde Buenos Aires a Rosario, batieron el record de velocidad sudamericano de la mano y el temple del impecable maquinista ferroviario Francisco Savio que conducía la locomotora "La Emperatriz", vestido de riguroso traje y guantes blancos. Eso sucedió en el 114º aniversario de la creación en el Rosario, por parte de Manuel Belgrano, de la Escarapela nacional.
- Ciudad
- Por Graciela Molina
- Feb 13, 2026
Cien años exactamente pasaron de aquel 13 de febrero de 1926 cuando a las 7 de la mañana partía un tren desde la estación Ferroviaria Retiro, en Buenos Aires, con destino a la, por entonces muy progresista, ciudad de Rosario.
¿Dónde se diseñó la fabulosa locomotora? Pues -otro motivo de orgulloso para los rosarinos- en los talleres de Rosario del ex Ferrocarril Central Argentino, en las instalaciones del Portón Nº 1, de avenida Alberdi y Humberto 1º, según se afirma en el sitio de internet dedicado a la difusión de las Artes Plásticas, del inefable profesor y licenciado en Artes Visuales, Arnoldo Gualino. De ese interesante blog también es la fotografía que ilustra nuestra portada. ¡Gracias!
La locomotora a vapor PS10 Nº 191 bautizada como «La Emperatriz» comenzaba a chirriar su poderoso grito de acero de alta resistencia, en aleación con aluminio, níquel, acero inoxidable, cobre y hierro fundido, para «cantar victoria» al arribar a destino, a las 10.21, en la «Chicago argentina».
Su conductor, el inefable maquinista Francisco Savio, apasionado por los trenes, arrancó el 1º de mayo de 1896-sí, providencialmente el Día del Trabajador- con sólo 13 años, limpiando el depósito de locomotoras. Sería luego engrasador, ayudante de mecánico, ajustador y fogonero, hasta que a los 24 años rindió su examen como maquinista de 5ª categoría.
Sólo pasaron seis años hasta que lo ascendieron a la primera categoría, gracias especialmente a su honorabilidad y gran don de gentes.
Así que le resultó muy sencillo estar a cargo de los «trenes especiales» que debían trasladar a presidentes, entre ellos José Figueroa Alcorta, Victorino de la Plaza, Roque Sáenz Peña, Marcelo Torcuato de Alvear, Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón, o a personalidades distinguidas internacionalmente, como por ejemplo, el príncipe de Saboya, el duque Eduardo de Windsor o el cuatro veces elegido presidente de los Estados Unidos, Franklin Roosevelt.
Un hombre cortés, sencillo pero siempre elegante, Savio lucía chaqueta, gorra y guantes impecablemente blancos, aún y a pesar que la locomotora a vapor que tripulaba usaba carbón, leña o fueloil para hervir el agua cuya presión traccionaba los pistones y las bielas de la caldera.
Después de 36 años de servicio, Savio se jubiló, sabiamente, sin haber sufrido en todo ese tiempo ningún accidente.
En su homenaje la «Parada Kilómetro 48», («il morto que parla») del Ferrocarril General Mitre, fue designada -en el partido de Escobar-, como Estación Maquinista F. Savio, y su casa museo en la localidad de San Martín donde vivió hasta su muerte ocurrida en 1963, año en el que por nuestras calles circuló el último tranvía, tiene innumerables recuerdos de su ejemplar existencia.
El mismísimo noticiero Sucesos Argentinos proyectó en 1968 un cortometraje de 35 mm, en blanco y negro, con motivo del Día del Ferroviario, sobre la 191 -hoy en la legendaria ciudad de Pérez- y Francisco Savio, filmado muy cerca de nuestra ciudad sobre la línea del ferrocarril Rosario Puerto Belgrano, que nos complacemos en compartirles.
A propósito del nombre de la histórica locomotora que es preciosamente custodiada en la vecina localidad de Pérez, ferroviaria por antonomasia, una emperatriz es la soberana de un imperio, con rango superior a una reina, que gobierna sobre extensos territorios a otros monarcas. Una verdadera «Emperatriz» de la historia ferroviaria que llega «sobre rieles» hasta nuestro presente.
Cuna de la Bandera y de la Escarapela
Rosario, por todos es sabido, es Cuna de la Bandera argentina desde aquel 27 de Febrero de 1812, cuando Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús decidió crear, hacer bendecir y jurar nuestro máximo símbolo de soberanía nacional. Pero antes, exactamente el día 13 de febrero, en plena tarea de ejecución de las baterías Libertad e Independencia, escribió al gobierno nacional desde su campamento en el Rosario: «Parece que es llegado el caso de que V.E. se sirva declarar la escarapela nacional que debemos usar para que no se equivoque con la de nuestros enemigos, y no haya ocasiones que puedan sernos de perjuicio; y como por otra parte observo que hay cuerpos del ejército que la llevan diferente, de modo que casi sea una señal de división, cuyas sombras, si es posible, deben alejarse, como V.E. sabe, me tomo la libertad de exigir a V.E. la declaratoria que antes expuse».
Sin dudas que Manuel Belgrano conocía la importancia de los símbolos para mantener en alto la moral de los soldados y del pueblo.
Cinco días después, el 18, el Triunvirato aprobó el pedido y fue adoptada por decreto, ordenándose que todo el Ejército luciera la flamante divisa.
Recién el 23 -no teníamos wsp ni comunicación instantánea, por ese entonces- estrenamos por primera vez la Escarapela en el Rosario.
Es bueno recordar que el 25 de Mayo de 1810, French y Berutti, además de unas cintillas identificatorios -no escarapelas-, repartían armas, por eso se los llamaba «los chisperos» de la revolución.
De manera tal que no sólo somos Cuna de la Bandera, sino también de la Escarapela. Otro motivo de orgullo y dato de interés para agregar a la agenda turística.
Quiso la Providencia que hoy nos encontráramos en la zona del Monumento a la Bandera con María Angélica Spinelli, de la localidad de ¡Pérez! quien llevaba una escarapela en su pecho. Al preguntarle porque lo hacía, dijo, orgullosa, «porque soy argentina», y fue entonces que departimos acerca de las gloriosas efemérides que relacionaban las dos ciudades.
La «Novia» de Belgrano
Siempre nos referimos a los mensajes de la Divina Providencia y en esta nota no podían estar ausentes.
Hace 100 años atrás partía de Retiro hacia Rosario «La Emperatriz» que marcó un record sudamericano de velocidad.
Con permiso de los dos grandes amores de Belgrano que le dieron sendos hijos, uno con María Josefa Ezcurra, la hermana de Encarnación, la futura esposa del brigadier Juan Manuel de Rosas, quienes terminaron criando a Pedro Rosas y Belgrano; y otra con María Dolores Helguera, Manuela Mónica, nos vamos a referir a Gladys Urquiza, quien hoy también partió hacia la eternidad. Googlear su nombre es conocer más de su historia.
Rogamos que descanse en paz quien ha sido dada en llamar «la novia de Belgrano», por su profundo espíritu belgraniano, su clara admiración hacia el pro hombre de nuestra historia y por ser la inspiradora de la imagen del prócer que luce la pared este del Palacio Municipal que da frente al pasaje Juramento.
El retrato del creador de la Bandera fue pintado de cara al glorioso Monumento que nos representa en el mundo, y por allí no hay persona local o turista que pase por el lugar que no atrape en su celular una fotografía para reenviar a alguien.
El mismo monumento diseñado por Alejandro Bustillo y Ángel Guido, que posee maravillosas esculturas de José Fioravanti, Alfredo Bigatti, Eduardo Barnes, a las que se sumaron las de la inolvidable Dolores Candelaria Mora Vega de Hernández, Lola Mora, la primera escultora latinoamericana.
Escultora, igual que Gladys Urquiza.

En su homenaje, y como sabemos que gustaba mucho de la música nacional, vaya en su querida memoria este tema del «Caballero Cantor» Andrea Ignazio Corsini, el siciliano argentino célebre por haber interpretado, entre otros, el tango Caminito y los valses La Pulpera de Santa Lucía y Tristeza Criolla que, justamente, un día como hoy, estaría cumpliendo el 135º aniversario de su nacimiento.

