MARTES, 20 DE OCT.

Rosario Sin Secretos: “¡A la carga, mis valientes!”, dijo Emeterio y partieron hacia San Lorenzo

Como un pastor que conduce a su rebaño por el sendero de la soberanía, Emeterio Celedonio Escalada Palacios guió a sus milicianos a la previa de la victoria patriótica de José Francisco de San Martín en la Santa Fe de la Vera Cruz de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

 

Bartolomé Mitre había escrito, en su Historia de San Martín, que este valiente acontecimiento que preparó el terreno para librar el combate de San Lorenzo, liderado por Emeterio Celedonio Escalada Palacios, aquel español nacido en el valle del Ebro, el mismo día que Ovidio Lagos, 31 de agosto, pero 63 años antes, había sido “una mera escaramuza”.

Este subliminal ninguneo por parte del fundador, en 1870, del diario La Nación (Eudoro Carrasco y Lagos lo primerearon con La Capital, en 1867), uno de los líderes del Partido Unitario que impulsaba la hegemonía de Buenos Aires sobre el resto de las provincias, sacaba de quicio a un entrañable personaje que ya no está entre nosotros, pero hoy deseamos recordar y homenajear: Hugo Osmar Maiorana, a quien encontramos en la foto de la portada, publicada en el blog Síntesis, en una entrañable nota que escribiera Claudio de Luca.

Porque fue de Maiorana la brillante idea de realizar gratuitamente, cada 30 de enero, el Festival Folclórico “de la Mera Escaramuza” del que participaban destacados artistas, con recitados, música y cuerpos de baile tradicionalistas, y donde nunca faltaba la representación de los pueblos originarios, que acudían a su entusiasta e irresistible convocatoria.

Una forma creativa de marcar agenda con un evento cultural que trasuntaba una información histórica fundamental, y generalmente olvidada.

 

 

Acompañamos una foto de Rosario 3, publicada en 2016, para invitar a la tercera edición del encuentro, realizado en la explanada de lo que alguna vez fue Centro Cultural “Bernardino Rivadavia”, con el tiempo devenido en “Roberto Fontanarrosa”, y que en 1978 se convirtió en el Centro de Prensa del Mundial de Fútbol donde “¡25 millones de argentinos, jugaremos el Mundial!”. Si lo leyó cantando, alégrese, tiene oído y visión musical. ¡Éramos casi la mitad de los habitantes en Argentina por esos años!

Ese mismo lugar, en 1979, gracias a las gestiones de su propietario, Alberto Gollán, fue sede de la radio inaugurada en 1942 como “LT2 General San Martín” (hoy apocopada como Radio Dos), que operaba como filial de la Red Argentina de Emisoras Splendid. “Radio Splendid, la broadcasting de todos los hogares, Radio Splendid, donde las estrellas brillan mááás”, vaya un jingle para los memoriosos. Y los que no lo recuerdan o conocen, aquí va la perlita musical, extraída del baúl de los recuerdos.

 

 

Pero volvamos a Maiorana, porque deberíamos escribir sobre él una verdadera enciclopedia para narrar su interesantísima vida, siempre dispuesta a hacer obras por el desarrollo de la ciudad, la provincia, el país y la interconexión bioceánica.

Una de ellas, la creación de la Fundación Rosarina para el Desarrollo del Cono Sur, con la que durante varias décadas, con su carpetita bajo el brazo, solía mantener reuniones en el hotel de la cortada Barón de Mauá.

Junto al ingeniero Ulrico Maini Cúneo -y muchos otros entusiastas y desinteresados ciudadanos de Rosario y de Victoria cuyos nombres rescataremos en una próxima nota que vamos a desarrollar gracias a otro pionero de esa patriada que logró la importante conexión vial, el ingeniero Emilio Maisonnave-, fue activísimo promotor de las Jornadas Nacionales e Internacionales del Complejo Regional Rosario-Victoria y de la Futura Autopista Interoceánica Pacífico-Atlántico.

Emeterio Celedonio Escalada y Palacios y sus milicianos (gente del Rosario) preparó el terreno el 30 de enero de 1813 para que José Francisco de San Martín y sus huestes, fortalecieran la declaración de libertad e independencia que Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano había iniciado un año antes con la creación, bendición y jura de la Bandera celeste y blanca aquel 27 de febrero. El mismo cura párroco que la bendijo en 1812, Julián Navarro, fue uno de los tantos valientes que participó del combate de San Lorenzo.

De él dijo San Martín, en su parte: “El valor e intrepidez que han manifestado la oficialidad y tropa de mi mando los hace acreedores a los respetos de la Patria, y atenciones de V. E.; cuento entre estos al esforzado y benemérito párroco Dr. Julián Navarro, que se presentó con valor animando con su voz, y suministrando los auxilios espirituales en el campo de batalla.”

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Todo tiene que ver con todo, y para comprender la historia, a veces hay que tener una mirada holística que nos muestre a muchos de sus personajes unidos en distintos episodios de sus épicas vidas, más allá del tiempo y las distancias.

Rosario y San Lorenzo están indisolublemente unidos por la historia, Catalina Echevarría de Vidal, quien junto a sus amigas y las empleadas de su casa, cosió la primera Bandera, descansa en tierras sanlorencinas. Su hermano, el amigo y abogado de Belgrano, Vicente Anastasio Echevarría, fue el armador del buque que capitaneó el francés Hipólito Bouchard, que también estuvo en la batalla de San Lorenzo y un tiempo después salió a recorrer los mares del mundo enarbolando bien en alto la Bandera argentina.

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Siempre nos recordaba Hugo Osmar Maiorana aquellas palabras que algunos le atribuyeron a Santiago Ramón y Cajal, el médico e histólogo español considerado el padre de la neurociencia moderna: “Las grandes obras las sueñan los santos locos, las ejecutan los luchadores natos, las aprovechan los felices cuerdos y las critican los inútiles crónicos”.

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