JUEVES, 04 DE JUN.

Rosario Sin Secretos: crónica de un sueño cumplido, de la “madre de la criatura”

Inmensamente feliz de haber encontrado respuesta a su pregunta: “Y Belgrano, ¿dónde está?”, Gladys Urquiza, a sus cien años, vivió una previa de este 20 de Junio de 2025, digna del argumento de una apasionante novela histórica.

 

Mientras a sus pies bullía un mar de banderitas celestes y blancas y la algarabía feliz de cientos de niños que acudieron al Monumento junto a maestros y familiares, a realizar su promesa de fidelidad a la Bandera argentina, Gladys Urquiza vivió una jornada luminosa e inolvidable.

En la pared Este del Palacio de los Leones, que da frente al Monumento a la Bandera, ya se estaban dando los últimos retoques al dibujo del rostro de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, prometido para su inauguración en el aniversario 205º de la muerte del creador de nuestro máximo símbolo de soberanía, la Bandera nacional.

La obra del bonaerense Martín Ron viene a reemplazar a otra, también realizada a pedido de la lúcida dama protagonista de esta nota que el 19 de mayo cumplió sus gloriosos cien años, la reproducción de una obra de Rafael Domingo del Villar, cuyo original se exhibe en el Complejo Museográfico Provincial “Enrique Udaondo”, de Luján, Buenos Aires, y de la cual Rosario Sin Secretos se ocupó en su momento.

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Parece que fue ayer, pero en rigor pasó casi un lustro, cuando la providencial intervención de Miguel Ángel Albarracín, el enfermero que desde hace más de una década acompaña a Gladys Urquiza, pensó que “para un artista, nada mejor que otro artista”, y un día invitó al entonces secretario de Cultura, Dante Taparelli, a que la conociera.

Claro, Gladys también fue pintora y escultora y en una oportunidad que fue a visitar la última morada del amor de su vida, el ingeniero Oscar Sergi, en El Salvador, descubrió y se emocionó con “Memorabilia”, la obra de Taparelli que se eleva como una ola infinita de recuerdos en las paredes del ala oeste cuando uno entra al cementerio ingresando por la avenida Francia (alguna vez llamado bulevar Timbúes) con la imagen de cientos y cientos de placas de difuntos rescatadas del descarte y el olvido.

 

 

A partir de allí, que Gladys y Dante se conocieran se convirtió en una misión para Miguel, y así un día lo logró. Siempre está bueno llegar al origen de los acontecimientos y las cosas…

Albarracín… Parece una travesura de la historia recordar que fue Faustino Sarmiento, el hijo de Paula Albarracín, quien actuó como vocero de Justo José de Urquiza, entonces se lo conocía como el “boletinero”, del Ejército Grande, cuando en 1851 ocuparon la casa del rosista Martín Isidoro de Santa Coloma y Lezica aquella Navidad que, con el tiempo, le cambió el nombre a la calle de las Mensagerías (sic) por el de 25 de Diciembre que fue el día cuando se produjo el pronunciamiento contra el “Restaurador de las Leyes” y que el devenir de los acontecimientos terminó nombrando Brigadier Juan Manuel de Rosas. Cambia, todo cambia, dice la canción.

 

 

Justamente a ese hogar ubicado en esa calle y su intersección con Córdoba, el ex secretario de Cultura llegó un día “cinco minutos” para conocerla y saludarla y finalmente la visita se extendió por casi dos horas.

Y allí fue donde surgió “¿Y Belgrano, dónde está?”, la pregunta de esta mujer preocupada por el verdadero origen de la Bandera, oriunda de Venado Tuerto, la misma ciudad natal del arzobispo de nuestra Arquidiócesis, monseñor Eduardo Eliseo Martin. Ciudad que también se hermana con Rosario en la bienaventuranza de ser ámbito en el que desarrolló su vida el uruguayo Cayetano Silva, autor de la pegadiza y mundialmente famosa Marcha San Lorenzo, que hasta se ha utilizado ¡en los cambios de guardia del Palacio de Buckingham!, y que tan lindo sonó en el Monumento en el encuentro regional de Bandas realizado recientemente a instancias del maestro Miguel Ángel Milano.

Marcha que en realidad fue compuesta en honor al general Pablo Riccheri, uno de los dos que se había quedado con uno de los dientes de Belgrano al realizarse su exhumación para dárselos a Bartolomé Mitre como recuerdo, y que, gracias a la valentía de la prensa de entonces, logró ser restituido al Mausoleo, obra del escultor italiano Ettore Ximenes, en el atrio de la Iglesia Santo Domingo, del barrio Monserrat, de Buenos Aires, inaugurado en 1903.

Esta singular anécdota no empaña, en absoluto, toda la trayectoria de un hombre que definió la misión de las Fuerzas Armadas, afirmando que su única función era defensiva, y de ninguna manera debían ser utilizadas para mezclarlas en contiendas políticas.

Por eso el uruguayo Cayetano Silva, director de la Banda de Policía, le dedicó la música de la marcha que originalmente llevó su nombre, circunstancia que, con la humildad de los grandes, declinó Riccheri y pidió se llamara “A San Lorenzo”, por ser esta ciudad su tierra natal.

Siete años después llegaría el escritor, poeta y docente mendocino Carlos Benielli, quien le pondría letra a la música de Silva, sin siquiera haberlo conocido, para pasar a la posteridad como el más lindo y sonoro recuerdo del combate que José Francisco de San Martín, libró junto a otros valientes, en la ciudad de San Lorenzo, tan cerquita de Rosario, el 3 de Febrero de 1813.

¿Qué cosa, no? Allí, en esa ciudad, está sepultada Catalina Echevarría de Vidal, la hermana de Vicente Anastasio, el gran amigo y abogado de Manuel Belgrano, cuyos restos reposan en una pared de la Catedral Metropolitana de Rosario.

Catalina tuvo a su cargo la costura de la primera Bandera argentina nacida en el Rosario. Una plaza lleva su nombre y la foto de su hija Natalia Vidal de Fernández como si fuera ella, la recuerda en calle Santa Fe, frente al costado norte de la Municipalidad de Rosario.

 

 

El encuentro entre Gladys y Dante devino en una convocatoria virtual para pintar la pared trasera de la Municipalidad que da al Monumento a la Bandera con alguna alegoría de Manuel Belgrano.

Se presentaron a la comunidad tres imágenes en una página de internet resultando elegida por el público participante la de Rafael Domingo del Villar, sustituida hoy por la de Martín Ron.

Aquel mural que nos recordaba los dibujos de nuestras revistas infantiles fue inaugurado el lunes 25 de octubre de 2021, con la presencia del intendente Pablo Javkin, quien en esa oportunidad tuvo palabras de agradecimiento hacia Gladys Urquiza por haber sido la inspiradora original de la idea.

¡Qué buena noticia se produce cuando se reconocen los orígenes!

Por eso, está bueno recordar también el trabajo realizado por Ramiro Ghigliazza, ese joven y talentoso diseñador que vivió y estudió en Rosario, y hoy reside en Pueblo Esther, realizando aquella magnífica pintura digital de Belgrano que hoy se expone en el Concejo de la ciudad, y que últimamente, desarrolló una animación fantástica que deseamos compartir.

Aquel encuentro del 2021 entre el entonces director de Cultura y la centenaria “novia de Belgrano” como le dicen muchos que la quieren bien a Gladys Urquiza, se realizó frente a la maravillosa vista de lo que alguna vez constituyeron los territorios de las Baterías Libertad e Independencia que levantara el general Belgrano en el Rosario, esa tarde del 27 de Febrero de 1812, cuando el cura párroco Julián Navarro bendijo su creación blanca y celeste y a las 18.30 la enarbolara el benemérito Cosme Maciel, que supo traerle balandras desde la capital de la invencible provincia de Santa Fe.

Ese día, el verdadero Día de la Bandera, aquel pro hombre, de quien hoy se conmemora la muerte, pidió a la tropa y el pueblo allí reunido: «juremos luchar contra enemigos interiores y exteriores hasta que la América sea un templo de libertad e independencia».

Ese 20 de Junio de 1820, jornada en la que el país estaba sumido en un profundo caos institucional y que pasó a la historia como “el día de los tres gobernadores”, las últimas palabras de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús, a las 7.30 de la mañana, fueron: “¡Ay, Patria mía!”.

Formulamos votos para que podamos, al menos, desde la Cuna de la Bandera, agregarle una hache y poder decir a partir de este 2025, año Jubilar y del Tricentenario del Rosario: “¡Hay Patria mía!”.

Con voluntad de paz, soberanía y conciencia de los orígenes de nuestra historia, la de 336 años atrás y la contemporánea, la de ayer nomás, la que hacemos y escribimos todos y cada uno, todos los días de nuestras vidas.

 

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