Rosario Sin Secretos: de cuando el RRC se transformó en CRR
Una historia nacida sobre las olas del caudaloso Paraná que, como todos los ríos, nunca es el mismo, pero sigue siendo el nuestro, aunque haya quienes intenten que sólo sea una Hidrovía.
- Ciudad
- Por Graciela Molina
- Abr 16, 2025
Es una regla matemática aquella que dice que “el orden de los factores no altera el producto”, tanto en sumas como en multiplicaciones. Así, 3 x 2 es 6, y 2 x 3, llueve.
Si le robé una sonrisa, ¡alégrese! ¡Estamos vivos y podemos contarlo! Esto ya es un motivo para festejar el día.
Es más, la ciudad toda debería celebrar también tan luminosa jornada a la vera del Pariente del Mar (tal el significado de la palabra de origen tupí guaraní, Paraná), el segundo río más largo de Sudamérica y el sexto más importante del mundo que baña “la cara más larga de Rosario”.
Chascarrillo y etimología aparte, este día nos recuerda que el 16 de abril de 1917 nacía en un pueblo vecino, Alberdi -hoy un querido barrio más de la ciudad- el Club Regatas Rosario, que fue una escisión, ¡sabrá Dios los motivos!, del Rosario Rowing Club, la primera institución del interior del país dedicada al remo. De allí, el juego de palabras con las siglas con el que titulamos esta nota.
La denominada propiedad conmutativa de la matemática se utiliza tanto en sumas como en multiplicaciones y, en este caso, el Club Regatas de Rosario se sumó a la historia del Rowing Rosario Club -nacido en 1887 bajo un predominio de fuerte raigambre inglesa, en plena gestación de los ferrocarriles que conformaron las venas férreas de un país al que se llegaba a través de rieles-, multiplicando el amor de los rosarinos por las actividades náuticas.

El soñado “Tigre en la Chicago Argentina”, profetizado por Alfredo J. Rouillón al ofrecer la venta, sin base, en 80 cuotas mensuales y consecutivas, de los 120 lotes disponibles de la Isla de los Bañistas (donde nació otro sueño, Regatas), se vio auspiciado en el Café de la Bolsa que existía, en 1912, en San Martín, entre Santa Fe y San Lorenzo.
Allí mismo donde en un día de enero de 1903 actuara el payador, escritor, poeta y compositor tucumano Higinio Cazón, inmortalizado en el Café de los Angelitos por Ovidio Cátulo González Castillo y José Razzano que, en la interpretación de Alberto Marino con Aníbal Troilo, le regalamos aquí para hacer un intermedio musical.
“Voy a ser campeón del mundo” grabó en el pupitre de la escuela Dante Alighieri, el porteño nacido en San Fernando más rosarino y una referencia mundial ineludible en el mundo del remo, Alberto Demiddi., uno de los tantos valores nacidos al calor del Club Regatas.
Esto le valió una de sus primeras reprimendas, obligándolo a restañar las “heridas” causadas con su pensamiento y su bolígrafo, al imprescindible mueble de la emblemática escuela.
No fue la primera ni la última: el presidente de facto Roberto Marcelo Levingston , luego desplazado por Lanusse-, designado por la Junta Militar en 1970 tras imponerse en la lucha de Azules y Colorados y echar a Onganía de la presidencia (los golpes se dieron en todos los estamentos), lo retó seriamente una vez.
Fue en ocasión de recibirlo, al cosechar Demiddi un título mundial. Preocupado por su pilosidad cuando tener el pelo largo era sinónimo de juventud y rebeldía y se veía con malos ojos, igual que usar zapatillas, “porque quienes las calzaban no hacían ruido al desplazarse”, increpó al grandioso deportista diciéndole que tenía las patillas “demasiado largas”.
La respuesta no se hizo esperar: “Mire que San Martín también las tenía, eh”.
Criado a barrio y a potrero, Demiddi solía ir con sus amigos a las Cuatro Plazas (que así se llamará en el corazón de la gente aunque la oficialidad lo haya denominado Parque Mitre).
Su entrañable amigo y talentoso dibujante Luis Jaime, a quien el Negro Roberto Fontanarrosa le dijo una vez que “era tan pobre, que ni apellido tenía”, recordó aquel día cuando Demiddi le dijo a una exuberante joven: “¡Te como toda!” y ella se dio vuelta y le contestó: “¡Comeme!”. Se puso tan colorado como las medias que llevaba puestas.
Tal vez ese fue el comienzo de su carácter introvertido que lo llevó a entrenar más que Rocky Balboa cada mañana, corriendo por la playa, llevando sobre sus hombros a un conocido publicista, ya fallecido, petiso él, pero suficientemente pesado como para sostenerlo con sus propios 80 kilos y su metro 83 de altura.
Primero en bicicleta y después con el “Bolita” que pudo comprarse por su trabajo en una conocida embotelladora, “El Gringo”, “La Máquina”, como solían llamarlo, cruzaba toda la ciudad para ir a trabajar al Banco Municipal.
Su padre, un italiano al que la 2ª Guerra Mundial expulsó de Europa, fue un eximio nadador de aguas abiertas y deseaba inculcarle su pasión. Con una rigidez inflexible llegó a estar un largo tiempo sin hablarle por haberlo sorprendido con un pucho en los labios, hasta que Napoleón SIlverio, su futuro suegro, primero, y Mario Robert después, en el Club Regatas que hoy cumple 108 años, descubrieron su tesón, voluntad, disciplina y obsesión por ser el mejor, y lo sumaron al mundo del remo, en una carrera deportiva en la que ganó casi todo lo que disputó, él, solito y su alma, en el “sencillo scull”.
Sara Gabay, su madre, de origen ruso, a quien dedicaba todos sus triunfos, solía tejerle esas tricotas de cuello alto llamadas “poleras”, tan de moda en los 70.

Recordar a Demiddi –campeón argentino, sudamericano, panamericano, europeo, mundial, a quien la historia memora instituyendo el Día del Remero en la fecha de su nacimiento, 11 de abril-, es casi mención obligada. Aun así, no podemos dejar de evocar a Juan Carlos Gómez, Hugo Aberástegui, Luis Pecchenino, Mario F. Güerci, Guillermo Segurado, y Manuel Fernández, entre otros talentosos deportistas de Regatas que dejaron bien en alto el nombre de Rosario en olimpíadas y torneos mundiales.
Integraron la primera comisión directiva, nacida a bordo del yacht “Amalia” y refrendada con asamblea en las instalaciones de otro Club, Gimnasia y Esgrima, en 1917: Juan B. Cordiviola (cualquier parecido con la calle en la que está instalado el Club, anteriormente llamada Calle 31, no es pura coincidencia), a quien acompañaban Jorge Lingenfelder, Germán Pessan, José Martín, Leopoldo Uranga, Ernesto Copello, Gerónimo E. Vaquié, Julio Gabutti, Gervasio J. Colombres, Miguel A. Questa y Emilio Rosenthal.
Hoy están al timón, en una ciudad que “la rema” desde hace años y no “regatea” en el esfuerzo de hacerlo: Ramiro Colabianchi, Juan Luchilo, Nadia Turkenkopf, Paola Gubinelli, Cristian Notthoff, Miriam Brandi, Augusto Robert, Juan Carlos Milesi, Germán Leo, Manuel Cerrudo, Daniel Martín, Claudio Monzón, Bruno Guarnaschelli, Germán San Martín, Hernán Colom, Alejandro Pérez, Alejandro Di Pangrazio, Paulo Rossi, Hans Boldt, Sofía Thoss, Daniel Barrionuevo y Joselina Zuiani.
En la actualidad, además del remo, han incorporado tenis, natación, básquet, gimnasia deportiva, voley, hockey, fútbol, vela y, por esas causalidades que tiene la vida, actividades recreativas y sociales que incluyen campamentos en el islote Cincuentenario.
Decimos causalidades y no casualidades porque exactamente el día que surgió Regatas, nacía Betty Clair, la líder de las organizaciones de boys y girls scout, hija del fundador del movimiento mundial de la Flor de Liz, teniente general británico Robert Stephenson Smytgh Baden Powell, el iniciador de la buena acción del día y del “siempre listo” a disposición.

Como a disposición de cualquier comentario y aporte quedamos en esta columna que acaba de recibir del inefable Alberto Sabathié, un recordatorio muy especial para este 16 de abril: El Día del Auto Antiguo, y aprovechamos a saludar al Rosario Auto Sport, joven institución nacida en Rosario y que tanto bregó para conseguir una deuda postergada durante casi 50 años y finalmente obtenida: la patente histórica provincial.
Nos despedimos con un video que ha hecho historia. El realizado por el Centenario del Club Regatas en el 2017. Pasaron 8 años, muchos de los chicos habrán crecido y algunos mayores tal vez ya no estén. Pero como re-cordar es volver a pasar por el corazón, y esto lo fortalece cuando se trata de buenos recuerdos, no dudamos en compartirlo.
¡Hasta nuestro próximo Rosario Sin Secretos!

