Rosario Sin Secretos: de títulos, titulares y otras yerbas…
Cuando el año pasado publicamos la historia “el cura, el alcalde, su esposa y su amante” ni soñábamos, y lo agradecemos vívamente, que este titular inspiraría el título del libro “El alcalde, el cura, el capitán y la tucumanesa” presentado este año en nuestra ciudad.
- Ciudad
- Por Graciela Molina
- Dic 14, 2025
En el capítulo de Rosario Sin Secretos escrito el 12 de diciembre de 2024 -citando la correspondiente fuente de su autor, el historiador profesor doctor Darío Barriera- para narrar aquel intento del que podríamos considerar el primer intento de femicidio registrado y acaecido entre la noche del 11 y la madrugada del 12 de diciembre de 1810, se abrevó en el artículo publicado en el año 2010, en el Anuario del Instituto de Historia Argentina Nº 10, páginas desde la 57 hasta la 84, de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, entitulado “El execrable libro de sus hechos. Cultura jurídica, retórica y deslegitimación de la autoridad en un proceso contra el alcalde del Rosario (1810-1811)”.
A partir de la lectura de las 29 páginas escritas y subidas a internet en el sitio Memoria Académica, https://memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.4699/pr.4699.pdf, recreamos una historia apasionante de amor y desamor, que llegó a manos del historiador por casualidad o, el tiempo lo ha demostrado, causalidad, ya que permitió la publicación de un interesante libro -quince años después- que cuenta episodios ocurridos en 1810, cuando en los Buenos Aires había aires de revolución, y que también forman parte de nuestra historia vernácula.
Decimos de amor porque relata el amor piadoso de un párroco, Julián Navarro -el mismo que bendeciría, dos años después, la Bandera que Manuel Belgrano creara el 27 de Febrero de 1812-, quien valientemente denuncia a un alcalde corrupto y abusador con dos mujeres de su vida y, también -en un genuino ejemplo de sororidad-, manifiesta la actitud de la esposa engañada, pero consciente, al rogarle a ese mismo cura que no revelara dónde estaba escondida la amante, Manuela Hurtado de Pedraza.
Sí, “la Tucumanesa”, la heroína que luchó en las invasiones inglesas, reconocida por el Rey de España y que murió en la indigencia, la misma que aquella noche de diciembre, en el Rosario, había huido del pérfido y borracho funcionario que la buscó para matarla, pero que sin dudas, la Providencia Divina se encargó de proteger.
La manera en la que el autor accedió al valioso material la conocimos a raíz de un interesante podcast de Radio Universidad, en el que el autor del libro, basado en un sumario judicial, cuenta el origen de la investigación. Allí narra cómo y cuándo su propia esposa y colega, la historiadora profesora doctora Miriam Moriconi, investigando para escribir su propia tesis del doctorado, en el antiguo edificio del Archivo General de la Nación (antes de que lo trasladaran al predio alguna vez ocupado por la cárcel de Caseros), encuentra y fotografía en forma completa un voluminoso expediente de 450 fojas “que le llevó un año entero leer, escrito a mano por diversas personas con caligrafías que no son extraordinariamente claras”.
¿Quiénes habrán sido los sumariantes que tuvieron que escribir semejante escándalo social? ¿Los jueces, los testigos, los vecinos que dieron a conocer su versión de los hechos?
El libro, basado en el expediente encontrado en la Sala IX, Tribunales, Leg. 62, Expte. 9: “Proceso contra el alcalde de la hermandad del Partido del Rosario, don Ysidro Noguera por varios excesos de q le acusan el cura Don Julián Navarro y el Capn. Dn. Pedro Moreno”, del Archivo General de la Nación, seguramente lo develará.
La buena noticia que podemos agregar -y lo celebramos- se produce 200 años después de ocurrido el escandaloso suceso en la futura Cuna de la Bandera (1810/2010), ya que al encontrar fragmentos de la historia de la historia, nos topamos con otra historia de amor: cuando Miriam le entrega a Darío la copia de las 450 fojas diciéndole simplemente: “esto es para vos”, más aun teniendo en cuenta que el profesor Barriera estaba trabajando, en aquella época, con otros temas, buscando material sobre el siglo XVIII, acerca de la historia de la justicia rural en Santa Fe. ¡Enhorabuena!
En nuestra portada, la cúpula de la tercera iglesia catedral construida en Rosario, reciente y felizmente refaccionada su fachada, y en cuyo subsuelo está el Camarín de la Virgen inaugurado en 1925 con motivo del Bicentenario de la ciudad.
Allí se custodia la misma imagen de María del Santísimo Rosario que fuera mudo y fiel testigo de esta historia, y que el propio Belgrano viera con sus propios ojos, encomendándose a su protección, cuando aún estaba en la humilde capilla de adobe y paja.

Inadmisible sería pasar por el lugar, en pleno casco histórico, frente a la -todavía en obras, pese a haber sido inaugurada- Plaza 25 de Mayo, y no entrar a visitarlo para tener un encuentro más cercano con nuestra propia historia.
En ese bello espacio público -declarado Lugar Histórico Nacional por la Cámara de Diputados de la Nación, en 2015- ubicado en la manzana comprendida por las calles Córdoba, Buenos Aires (antes Camino Real), Santa Fe y Laprida (ex Comercio), que fuera donada por “el primer urbanizador” Santiago Montenegro para instalar la plaza Mayor, junto con los terrenos primigenios para levantar las distintas iglesias matriz que se sucedieron, se levanta un conjunto escultórico muy interesante, creación del italiano Alejandro Biggi, que también tiene una “historia secreta” que el doctor e historiador Víctor Nardiello contribuyó a develar y de la que prometemos ocuparnos a la brevedad para compartirles gratuita y desinteresadamente.
Quiso la Providencia que ese “secreto” tuviera que ver con la efeméride que celebramos hoy al cumplirse un nuevo aniversario de la fundación del entrañable Club Italiano de Rosario.
El conjunto escultórico inaugurado en 1883 con la presencia del entonces presidente del país, Alejo Julio Argentino Roca, se denominó “Monumento a la Libertad”, y vino a reemplazar la “Pirámide de la Constitución” erigida ¡el 25 de Mayo de 1856! Qué extraño mensaje nos arroja la historia, ¿es la libertad superadora de la Constitución, o es respetando la Constitución como verdaderamente se honra la libertad?
Y como nos agrada incentivar la imaginación para ejercitar la memoria y activar el cerebro, nos preguntamos si, en su enigmático gesto, en esa magnífica composición artística de mármol de Carrara, Mariano Moreno no estará pensando ¿qué está haciendo Bernardino dela Trinidad González de Rivadavia y Rodríguez Rivadavia -tal el nombre completo del que se sentó e inauguró el “sillón presidencial”- junto a Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano y José Francisco de San Martín?

Lo dejamos ahí, diría Neustard, otro Bernardo que murió ¡justo un Día del Periodista!, creado a instancias y homenaje a la publicación del primer órgano de prensa de las ideas patriotas, en aquel revolucionario 1810, la Gazeta de Buenos Ayres, mismo año que por estos pagos se gestaba el escándalo mayúsculo que dio origen al expediente judicial rescatado del olvido, doscientos años después.

