MIéRCOLES, 03 DE JUN.

Rosario Sin Secretos: el asesinato impune del funcionario que creó, por misericordia, el Banco Municipal

No existían los prontuarios. Ni siquiera se había estrenado el revolucionario sistema de identificación de huellas dactilares creado por el argentino de origen croata, Juan Vucetich, cuando Floduardo Grandoli fue asesinado por un agente policial de la Comisaría de Pesquisas.

 

El crimen del ex jefe político de Rosario Floduardo Grandoli, acaecido en plena vía pública en confusas circunstancias el 6 de diciembre de 1897, nunca fue juzgado.

¿Cuáles fueron los motivos? ¡Sólo Dios lo sabe! La cuestión es que el tema no trascendió públicamente y hoy puede dar más para escribir una misteriosa novela que una narración histórica. Pero no pudimos sustraernos al dato que nos había traído la Providencia.

Hacía apenas seis años que se había creado la Comisaría de Pesquisas, bajo la jefatura política de Juan Agustín Mazza, sí, el que tenía la fabulosa quinta con el pintoresco castillo construido a la vera del arroyo Ludueña, y que fue demolido para dar lugar a la Usina Sorrento.

Desde ese mismo solar salieron los “leones” que fueron a parar a la entrada del hoy remozado Palacio Municipal, y de los que contamos su historia en otro capítulo de Rosario Sin Secretos publicado en el Diario Digital Conclusión, el pasado 27 de enero.

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Efectivamente, la Comisaría de Pesquisas, era la encargada de obtener datos de sospechosos y resolver delitos que otras dependencias policiales no pudieran dilucidar. Investigación y control social eran sus principales misiones en una época en la que a la inmigración, especialmente la de los estratos sociales de menores recursos, se la relacionaba con la criminalidad. Averiguación de antecedentes, elementos indeseables, agitadores sociales, deportación, eran términos comunes para la mentada “Ley de Residencia”.

La Comisaría de Pesquisas era algo así como la actual PDI (Policía de Investigaciones) pero con connotaciones más parecidas a la de los servicios de Inteligencia, por cuanto su rol principal era el de obtener toda la información posible, en su mayoría de obreros o militantes anarquistas que “subvertían” el orden social con reclamos, especialmente salariales. Pero no sólo en ese sector trabajaba esta repartición, ya que también procuraba datos de los itinerarios de ferrocarriles y tramways, salida y llegada de barcos, moradores de inquilinatos, parroquianos de fondas, embarques y desembarques, y todos aquellos movimientos que pudieran revelar algún movimiento sospechoso de posibles delitos o altercados sociales.

Floduardo Grandoli, nacido en el seno de una tradicional familia rosarina, fue hermano de Octavio, el primer intendente de la ciudad elegido por votación popular, y también de Cleto Mariano, el joven de apenas 17 años que murió abrazado a la Bandera argentina, en la cruenta batalla de Curupaytí, la que se encuentra en el Museo Histórico “Julio Marc”. Lamentable y afortunadamente al mismo tiempo, estará cerrado al público durante casi dos años por reparaciones en el edificio construido por Ángel Guido, allí donde antes del Parque de la Independencia estaba la estancia de los Tiscornia.

De este verdadero héroe, Cleto, también nos ocupamos en una nota subida el Día del Abanderado, 22 de Septiembre, del pasado 2024.

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Los Grandoli, algunos de los cuales vivían en el solar que hoy ocupa el Colegio Cristo Rey, de Laprida (cuando se llamaba Comercio) casi 9 de Julio, eran descendientes, por línea paterna, de la familia italiana más antigua de la ciudad, y por vía materna (Magdalena Correa Esquivel) de los Gómez Recio, que a su vez tenían de ancestro a Luis Romero de Pineda, el primer propietario “oficial” de las tierras del Pago de los Arroyos. ¡Alejo presenció en 1812 la creación, bendición y jura de la Celeste y Blanca, junto a Belgrano, en la alta barranca de las ceibas!

Pero regresemos a aquel Grandoli, Floduardo, que fue muerto un día como hoy, sin que nunca pudiese conocerse la motivación aunque sí los protagonistas involucrados, pues figuran en los archivos de las Memorias Políticas de la Jefatura que se conservan en el Museo de la Ciudad “Wladimir Mikilievich”. Fue justamente Mikilievich quien asentó en su Diccionario que el lema de los Grandoli fue “Servir a la Ciudad”.

¿Ese fue su pecado? ¿Ocuparse de los más vulnerables?

Una sala lleva su nombre en el Banco Municipal de Rosario. ¿El motivo? Fue gracias a su iniciativa la creación de la centenaria institución que nació para combatir la usura.

Así decía la nota que presentó a la Comisión Conjuntiva que, en aquel entonces, cumplía la misma función que el actual Concejo: “Tengo el honor de elevar a esa Comisión el proyecto de un Monte-Pío Municipal. En el Rosario existen, por desgracia, numerosas casas encubiertas bajo la denominación de Monte Pío, que no son otra cosa que centros de usura donde no sólo se explota al necesitado que va allí, aguijoneado por la necesidad de empeñar prenda u objeto más caro para satisfacer los apremios del hambre, sino que también se da guarida segura a los artículos robados, por cuanto negociantes sin escrúpulos los reciben sin beneficio de investigación, ignorándose procedencia, propiedad y demás condiciones necesarias para garantir honestamente el empeño. Es un hecho comprobado que la usura hace precisamente sus víctimas en las clases más desheredadas y más acreedoras en consecuencias a la ayuda de los poderes públicos”.

Este hombre que luchó contra las mafias enquistadas en el poder, se convirtió casi en un mártir olvidado de las páginas negras de nuestra historia, como también el doctor Francisco Netri, a quien asesinaron en la esquina del Teatro Olimpo, en Mitre y Urquiza, cuando representó “la voz legal” de los chacareros de la región en aquel memorable “Grito de Alcorta”, incentivado por el compromiso social de sus propios hermanos curas, José, que misionaba en Alcorta, y Pascual, en Máximo Paz, y que conocían, mejor que nadie, la realidad adversa que vivían los campesinos en su relación con los grandes terratenientes.

En un homenaje a la memoria de Grandoli, Roberto Miguel Lifschitz supo decir: “No es casualidad que en esa época se hayan creado tantas escuelas, teatros, hospitales y también entidades económicas y financieras, que constituyeron el hilo conductor del desarrollo de Rosario”, y recordó que la entidad pignoraticia nació “con el objetivo de cumplir una función social destinada prioritariamente a los sectores más postergados de la sociedad del Rosario”.

Aquella Comisión -¡oh, casualidad!- tenía miembros con ideas e intereses enfrentados. Por un lado había un empresario, Emilio Dionisio Ortiz, que pedía que el presupuesto designado para abrir el Banco se destinara a pagar deudas contraídas con prestamistas extranjeros, mientras que el educador y periodista Eudoro Díaz, defendía a ultranza el proyecto de Grandoli, como una verdadera necesidad pública.

“Es un deber de justicia el que me propongo cumplir al felicitar al concejal señor Ortiz por el entusiasmo, la tenacidad y la entereza con que defiende los fondos que dice corresponder a los prestamistas… De suerte viene a aparecer en este caso, más católico que el mismo Papa”, ironizó Díaz, advirtiendo que la aceptación de esas condiciones implicaría “dar por intervenida la Municipalidad, cosa que no se llevará a cabo bajo concepto alguno”.

El paso siguiente, luego de una larga sesión, fue la aprobación de la Carta Orgánica del Banco Municipal de Préstamos (Montepío) y Caja de Ahorro, para “prestar un importante servicio a la clase trabajadora, resguardándola de ser expoliada”, y de cuya historia en el tiempo también escribimos un capítulo en Rosario Sin Secretos.

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Lo volvemos a obsequiar a nuestros lectores, con la esperanza de que, la flamante Ciudad Autónoma, tome cartas en el asunto, a manera de homenaje a quien fue muerto por darle “un duro golpe a los usureros que lucraban escandalosamente con el contrato de prenda”, como nos recordara Juan Álvarez en la historia más oficial del Rosario.

En un viaje virtual a nuestro glorioso pasado, podemos apreciar una bella fotografía de calle Sarmiento (alguna vez, Libertad), donde se levantó la sede central del Banco Monte Pío impulsado por Floduardo Grandoli.

Advertimos en la postal, la circulación vehicular de sur a norte, contraria a la actual.

También, para deleite de los memoriosos y nostalgiosos, podemos ver parte del frente del grandioso Cine Teatro El Nilo, de Felipe Millia, construido por el arquitecto Alfonso Capdevila.

“La Sala preferida de las familias”, con sus cómodas 1.100 butacas pullman, fue inaugurada en 1948, y luego subsumida, en aras del progreso, por el edificio del Banco de Empeño Municipal.

Nos “empeñamos” y formulamos votos para su pronta puesta en valor, en beneficio de la memoria y el futuro turístico de la bella ciudad que habitamos y nos habita. ¡Que así sea!

Y en este día especial, visitamos el Mausoleo erigido en la Sección 1, Solar 3, el lote 48 (“il morto qui parla”), del cementerio El Salvador: una bellísima obra realizada por Luiggi Fontana en mármol arabescato. ¡Gracias, arquitecto Fernando Fagoaga, por la gentil y amable guía!

En este lugar, el genial artista italiano, supo cincelar en el arte funerario, la columna truncada que simboliza la vida sesgada a Floduardo Grandoli, a la joven edad de 40 años.

La fotografía de nuestra portada testifica la monumental obra de Fontana allí erigida, a poco de ingresar por la entrada de Ovidio Lagos.
Una rosa, rogando por el eterno descanso de su alma, fue allí depositada en nombre de una ciudad agradecida por aquel primer acto de gobierno que tuvo al elevar el proyecto para la creación del fondo de dinero municipal, a partir de los descuentos en los sueldos de los trabajadores, con el fin de otorgar pensiones o ayudas a los aportantes o a sus familiares, para “prestar un importante servicio a la clase trabajadora, resguardándola de ser expoliada”, como él mismo dijo en el discurso inaugural del Monte Pío.

 

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