MIéRCOLES, 03 DE JUN.

Rosario Sin Secretos: para Tuella, le erramos en la elección del casco histórico

En este conflictuado y conflictivo Tricentenario, hacemos entrega del último capítulo en que hemos dividido la primera publicación escrita en “letra de molde” del Rosario de 1801, por don Pedro Tuella, el primer historiógrafo de la ciudad.

 

Con la entrega de este texto completamos el pormenorizado trabajo sobre la geografía vernácula, publicado por Pedro Tuella, en el primer periódico aparecido en Buenos Ayres.

En él, descubrimos -y compartimos- su apreciación sobre el prometedor territorio que habitamos y nos habita, y destacamos lo que consideró un error: el sitio de origen de la población, pues Tuella, este aragonés que fue maestro, recaudador de impuestos para la Corona Española y dueño de una oportunísima Pulpería y Almacén de Ramos Generales, en las inmediaciones en que en la actualidad se encuentra el Monumento a la Bandera, sostenía que equivocamos la elección del lugar sobre el que se realizaron los primeros asentamientos.

En efecto, el padre adoptivo de quien confeccionara, por indicación de Manuel Belgrano, la primera Bandera de nuestra libertad e independencia, Catalina Echevarría, (o Etxeberría si nos atenemos a su origen vasco), asevera en su escrito que, otra sería la historia, si el puerto se hubiera ubicado en lo que hoy es el querido barrio Arroyito, donde está el arroyo Ludueña que, en tiempos de los albores del Rosario, se llamaba Salinas y, por supuesto, no estaba tan contaminado como en nuestros días.

¿Y por qué el Salinas pasó a llamarse Ludueña? En homenaje al capitán Antonio de Ludueña, que llegó para aquerenciarse en estos pagos allá por 1718, huyendo de belicosas tribus de guaycurúes que venían asolándolo desde el norte santafesino.

Ludueña pidió permiso para ello a su amigo, Luis Gómez Recio, uno de los descendientes de Luis Romero de Pineda aquel “hijo, nieto y bisnieto de conquistadores” al que le habían otorgado estas tierras en 1689, como “merced por los servicios prestados a la Corona”.

Según esta data, estaríamos celebrando un Tricentenario con un “delay” de 36 años.

Ahora bien, si nos atenemos al origen Divino y Providencial de la Patrona y Fundadora, Nuestra Señora del Santísimo Rosario, cuando el gobernador y capitán general del Virreinato del Río de la Plata, Bruno Mauricio de Zabala pidió la creación del curato del Pago de los Arroyos en 1730, para “la atención al desamparo espiritual en que se encontraban los vecinos españoles y los naturales”, nos encaminamos hacia un quinquenio que arranca en 1725 con la llegada de Francisco de Godoy junto a pacíficos y cristianizados calchaquíes y el nombramiento del primer Alcalde de la Santa Hermandad, Francisco de Frías, y la creación de la primera capilla de adobe y paja que, ab-origen (desde el origen), acompañó la fe de y por la incipiente ciudad.

Motivos suficientes como para festejar y fortalecer nuestra historia, identidad y soberanía, con bombos y platillos, entre 2025 y 2030. Sólo hay que estar atentos a las fechas, como por ejemplo, el próximo 25 de mayo que se cumple el Centenario de la inauguración del Camarín de la Virgen, ubicado en el subsuelo de la Iglesia Catedral, donde se venera la misma imagen traída desde Cádiz, España, en 1773, que vio Belgrano con sus propios ojos, cuando llegó para convertirnos en Cuna de la Bandera y de la Escarapela.

 

También el 25 de mayo, justo el aniversario de la Revolución que nos dio Patria, se celebra el 189º aniversario de la inauguración y bendición del segundo templo, construido bajo la dirección del arquitecto Timoteo Guillón, que en 1836, cuando éramos un poco más de 1.000 habitantes, se consagró al culto de la Virgen María. El dibujo de la portada de esta nota nos muestra un fragmento de la obra en óleo que la talentosa artista francesa Léonie Matthis, radicada en Argentina, pintó en 1840.

“Y si los moradores de este considerable territorio viesen que está en su mano el remedio de esta calamidad, si comprendiesen que con facilidad y sin mayores costos pueden tener, no sólo aguadas permanentes para abrevar sus haciendas, sino también para regar sus campos, más, para poner molinos y otros ingenios ¿cuál debería ser el reconocimiento con que deberían, en este caso, tributar gracias al Autor de la naturaleza, que les proporciona estas conveniencias? Pues el punto está en que pueden disfrutar de ellas, o yo estoy ciego; voy a explicar lo que concibo en el caso.

“He dicho que este territorio forma un cuadro de veinte leguas por frente y que en sus cuatro frentes son el Paraná, el Arroyo del Medio, la frontera de las pampas, y el río Cará-cará-añá.

“Su superficie es llana, sin más desigualdades que las que causan las lomas, las cuales están rodeadas de valles y cañadas.

“Las lomas son de pequeña elevación, y todas tienen dirección de Sud-oeste a Norte, que es el mismo rumbo que traen las aguas para las cañadas de que se forman los arroyos hasta que entran en el Paraná; luego la mayor elevación de la superficie del cuadro, como lo enseñan las corrientes, es la parte de hacia dónde vienen los arroyos que es el frente que mira a las pampas, paralelo al Paraná.

“Después de esto, pongamos la mira en el río Cará-cará-añá que viene de las Sierras de Córdoba, y trae el nombre de Río Tercero, hasta que en el paraje nombrado la Esquina de la Cruz Alta, entrando en esta jurisdicción del Rosario, lo muda en el de Cará-cará-añá y desde allí es uno de los frentes de este cuadro, como queda dicho. Ahora, pues, figuremos que entre este río y el Paraná forman un número 7, como efectivamente es así, o más bien un ángulo recto, cuyos lados son de veinte leguas cada uno, que es la dimensión que corresponde a cada frente, por los cuales lados corre el agua progresivamente empezando el Cará-cará-añá, para nuestro caso, la corriente desde la Esquina de la Cruz Alta, que es punto en que empieza a hacer frente de nuestro cuadro, hasta la confluencia o vértice que forma con el Paraná, que es el otro lado de dicho ángulo, desde donde continúa la corriente por otras veinte leguas, hasta el Arroyo del Medio, que forma otro frente paralelo al Cará-cará-añá; luego atendiendo a la declinación de estos ríos, el punto más elevado está en la esquina de la Cruz Alta, por donde empieza el agua a descender por los lados del ángulo..

 

“De la primera deducción tenemos que en la superficie de este cuadro hay declive general desde el frente que mira a las pampas hasta el Paraná respecto a que los arroyos traen una vertiente desde aquel frente a este.

“De la segunda deducción tenemos que el punto más elevado de este cuadro está en la Esquina de la Cruz Alta; y para confirmación de esto expongo que el Arroyo del Medio y el de Pavón, que son los arroyos que más distan de la Esquina de Cruz Alta, y que como los demás se forman dentro de los términos de este cuadro por el desagüe de los campos, son lo que traen más agua que los otros arroyos, lo cual es una prueba evidente de que hacia los arroyos del Medio y de Pavón, tienen estos campos la mayor declinación; luego no hay ni puede haber duda de que el punto más elevado de toda la superficie de este cuadro está en la Esquina de la Cruz Alta, en donde toca el Cará-cará-añá al venir de Córdoba.

“Este río por verano, que es cuando padecen seca estos campos, siempre viene crecido, y ya no necesito decir más para que se comprehenda que de él se pude sacar cuánta agua se quiera por acequias y conducirla por todas partes, hasta traerla a la Capilla, y en el salto de las barrancas del Paraná formar molinos y otros ingenios. Ninguna insuperabilidad se presenta a este importantísimo proyecto. El Cará-cará-añá no tiene barrancas en la Esquina de la Cruz Alta, que es muy en abono del proyecto, y al pasar por allí se derrama por los campos cuando viene muy crecido como quien dice: ¡pueblo del Rosario!, ¿por qué no me llamas? No ves que deseo visitar tus tierras y hacerte feliz? Ábreme la puerta.

“Si se ofreciese clavar palizadas para hacer represas o puentes para atravesar las acequias, los montes de Santa Fe tienen cuanto ñandubay se necesite, cuya madera debajo del agua, primero se petrifica que se pudre; y sino en cualquier parte se hacen ladrillos, y para argamasas el Paraná tiene infinita arena y Córdoba dará toda la cal que se quisiese a cambalache de ganado vacuno, del que en breve no cabría en estos campos si se verificase el proyecto.

“Otro proyecto me ocurre, también de suma conveniencia: los primeros que aquí poblaron erraron en la elección de sitio; porque una legua hacia donde se halla el Arroyo Salinas es mejor lugar por varios títulos, especialmente por el buen puerto que allí hay para las embarcaciones del Paraná, requisito esencialísimo que no tiene este lugar donde está la Capilla; y por esto no tiene comercio con las dichas embarcaciones, pues rara es la que aquí arriba. Es de tal forma desamparada esta playa que no se puede asegurar en ella siquiera canoas; porque las sudestadas alborotan al Paraná a lo infinito, y las olas las hacen pedazos contra la tierra. Pero por fortuna hay remedio, y se puede hacer un puerto tan seguro como el mejor del Paraná.

“Al pie de estas barrancas se encuentra infinidad de piedras, muchas de tal mole, que serían precisos barrenos para despedazarlas.

“Estas piedras, a quienes todos desprecian por inútiles en su concepto, yo no obstante las miro con estimación, porque pueden servir para cimientos de edificios, y sobre todo, porque me consta que son calcáreas.

“Pero mientras no se les da otro destino, hagamos uso de ellas para formar una isleta artificial en frente de esta Capilla, de forma que entre la isleta y la parte de tierra, quede una canal en donde puedan entrar embarcaciones para estar al reparo de todos los vientos.

“Esta obra no sería muy costosa; pues con una o dos balsas formadas de canoas se traería por el mismo río de la distancia de menos de cuatro cuadras cuanta piedra fuese menester para levantar la dicha isleta.

“Cuando el Paraná está bajo sería la ocasión más oportuna para hacer esta obra, porque entonces hay más piedras descubiertas, y también entonces a la canal se podría dar excavaciones para hacerla más profunda, cuyos escombros se irían acumulando sobre la misma isleta, en la que también se clavaría estaquería de sauce verde, que luego prenderían y serían otros tantos sauces”.

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