JUEVES, 04 DE JUN.

Rosario Sin Secretos: pororó, pororó, por Oroño, a 200 años del nacimiento de un gran amigo

Sabemos que el 20 de julio, a instancias de un rotario, se celebra el Día del Amigo para memorar la fecha en que el Hombre pisó la Luna. Pero, de tanto “estar en la Luna”, a veces se nos olvidan las historias de la “Patria Chica” que hicieron grande la Patria, y Oroño, es, mucho más que un hermoso y romántico bulevar.

 

Con la firma del intendente Santiago Pinasco -el mismo que promovió, estando en Italia, la construcción de la estatua ecuestre de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, que la colectividad italiana levantó por suscripción en el parque de la Independencia y tiene en Génova una copia idéntica-, se promulgó, en 1904, la ordenanza municipal Nº 10 con la cual se cambió el nombre al bucólico Boulevard Santafesino para imponerle el de Nicasio Oroño.

El mismo en el que los hermanos bayoneses, en 1900, consiguieron baratísima (¡por estar demasiado alejada del radio céntrico!) la casa de Eloy Palacios para instalar la primera sede del Colegio del Sagrado Corazón, hoy convertida en los Tribunales Federales.

El mismo bulevar que veía pasear en elegantes carruajes a lo más granado de la sociedad rosarina y el que tenía las mansiones más espléndidas habitadas por la élite y su servidumbre.

Nicasio Oroño podría ser la “frutilla” de nuestra historia, no sólo por su origen corondino…

“No soy un advenedizo. En 40 años de vida pública he desempeñado altos puestos, en los que el hombre se revela cómo es, y he llegado al último tercio de mi existencia sin más fortuna que la estimación de las personas honradas y la conciencia de haber cumplido patrióticamente con mi deber”, escribía en la Estancia “La Joaquina”, acorralado por infames persecuciones políticas que le quitaron todo.

Resumir su apasionante historia en 4.000 caracteres es dura tarea. Por fortuna, las bibliotecas facilitan todo el saber y satisfacen a los espíritus curiosos.

¡Qué gran oportunidad se perdió hoy la ciudad de vestir de gala uno de los más lindos bulevares que tiene, para conmemorar, con un gran desfile de carrozas temáticas, el bicentenario del nacimiento de uno de los mejores amigos del Rosario: Nicasio Oroño!

Si Nicasio hubiera estado vivo, seguro que, como Lord Mayor del Rosario, habría liberado el transporte público, incluidas las bicicletas, para incentivar que los ciudadanos pudieran acercarse a saludar a amigos más allá del cómodo emoticón virtual que va “produciendo grasa” en el cuerpo, el cerebro y las emociones. Sería algo así como… ¿empatía cívica para vivir en una ciudad amigable?

Tenía apenas 16 años cuando ya acompañaba a su padre, Santiago, oficial de las milicias del brigadier Estanislao López, por las campañas de Entre Ríos, Corrientes, Brasil y los Estados Orientales, como él mismo lo dijo: “purgando el delito de ambicionar la libertad de la Patria”.

Admira a cuantos lo lean, ¡imperdibles sus escritos!, tanta energía y talento para cambiar el statu quo en Rosario, fue su primer Jefe Político; en la provincia, como gobernador, y en el país, siendo diputado y senador nacional.

“Hoy que se ha hecho una ciudad de importancia, que su población e intereses crecen de un modo asombroso, que marcha a convertirse en un emporio de riqueza nacional, hoy que su puerto y aduana son nacionales, debiendo venir a proveerse de mercaderías las provincias interiores de la Confederación, y que esta ciudad es también asiento de la principal sucursal del Banco Nacional, es un delirio que pueda continuar el antiguo orden de cosas en la parte gubernamental, económica de ese Departamento”, le escribió a Justo José de Urquiza, y a los pocos días, a Rosario se la declaró Ciudad.

Claro, también es bueno recordar que fue su mano derecha en el Saladero “Santa Cándida”, propiedad del entrerriano al que le atribuyen la paternidad de entre 105 y 114 hijos, y que, con el apoyo del presidente de la Confederación, propulsó la creación del Banco Comercial de Rosario e integró el Tribunal de Comercio.

Fue “pionner”, tal cual como le dijera Juana Manso en una carta, al idear una ciudad con avenidas y plazas: “En el futuro, el crecimiento poblacional lo hará dificultoso y muy costoso”.

Pionero, sin dudas, al proponer la distribución equitativa de las tierras: “La tierra inculta, sin el auxilio del capital y del trabajo del hombre, es un valor muerto, es una materia prima que nada vale, aunque pueda valer…»

Pionero en crear también la primera ley de matrimonio civil del país, y la de cementerios, jurisdicción exclusiva por entonces de la iglesia, que hasta le costó un pedido de excomulgación, al grito vivo en las calles de “¡Mueran los masones!” cuando propagaba ideas liberales, la cultura del pueblo, la instrucción de las masas.

Fue el primero en disponer la obligatoriedad de la escuela laica: “La libertad de conciencia es la independencia de la razón que constituye la soberanía del Hombre”.

Claro, había leído a Montesquieu, Tocqueville, Plutarco, Voltaire, el Quijote ¡y hasta las cartas de Santa Teresa!

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San Lorenzo y Villa Constitución se trazaron a su impulso, así como decenas de colonias en la provincia de Santa Fe, no sólo con inmigrantes, sino y especialmente, con gauchos e indígenas.

Puentes, caminos, ferrocarriles, escuelas, bibliotecas, bancos, legislación de contenido social, todo lo que fuera comunicación, crecimiento y desarrollo lo desveló: “Extender el cultivo de la inteligencia es ampliar los beneficios de la libertad”.

Al terminar de leer esta nota, ya no será lo mismo caminar por el bulevar Oroño, una de las concurridas arterias recreativas de los domingos, tan cerquita en su comienzo norte del “Monumental Biociclo”, esa magnífica obra realizada con ruedas de trilladora, inaugurada un 10 de junio, en 2012, ¡justo el Día de la Seguridad Vial!, que memora aquel de 1945 en el que los argentinos cambiamos la ubicación del volante en el automóvil y empezamos a “andar por la derecha”.

Caminar hoy por el viejo bulevar será la excusa perfecta para celebrar el Día de la Amistad con nuestra historia y “cosechar”, pedaleándola a diario, los mejores frutos de sus secretos.

Hoy, a doscientos años del nacimiento de uno de los mejores amigos de Rosario, sino el mejor, recordamos que Oroño fue el primer intendente al que se le ocurrió desagotar la Laguna de Sánchez. Sí, esa extensión de agua de alrededor de siete manzanas, llegando incluso en época de lluvias hasta calle Rioja, con islotes de plantas acuáticas en su interior.

Dos de las siete manzanas fueron expropiadas por Oroño y en ellas hoy encontramos la plaza Sarmiento, la que Gabriel Carrasco consignara en su plano de 1886 como Plaza Urquiza, al norte, e Iriondo, al Sur, la primera de las cuales pasó a llamarse Santa Rosa por su cercanía a la parroquia que honra a la advocación peruana nacida en Lima.

A esa laguna iban los pibes rosarinos a cazar patos y ranas y fue allí, durante los carnavales de 1879, cuando los vecinos más divertidos colocaron el cartel que decía “Grandes Regatas en la Laguna” e instalaron en las inmediaciones una reproducción del Arca de Noé.

Rellenado el lugar porque se había convertido en un foco de contaminación en el que tiraban hasta caballos muertos, el proyecto de levantar un monumento a Urquiza no prosperó y, en su lugar, se puso una fuente que, al erigir la efigie de Sarmiento, se trasladó a la Plaza Buratovich.

El paseo público fue creciendo y la Municipalidad cedió terrenos, en 1866, para la instalación de la primera Escuela Normal de Maestros «Nicolás Avellaneda, que se concluyó en 1897 que, se anda diciendo por ahí, Sarmiento mandó construir “dándole la espalda” a la Santa Rosa.

Pero volvamos a Nicasio Severino Oroño. Fue durante su gestión que se inauguró el hospital de la Caridad, hoy Provincial, ubicado en Alem (la calle que alguna vez se llamó Manuel Belgrano) y 9 de Julio.

Fue en su administración que se estableció el servicio de serenos en la ciudad y se erigió el Monumento a la Constitución en la Plaza 25 de Mayo.

La ley provincial de educación obligatoria lleva su firma. Fue un precursor insoslayable en la seguridad social, respecto al tratamiento de las jubilaciones en la Argentina, tema tan vulnerable y vulnerado en nuestros días.

En un año tan especial como este en el que se va a reformar la Constitución de la provincia de Santa Fe, cuán altamente recomendable sería que los 69 elegidos lean y se interesen por las ideas de este auténtico precursor del federalismo auténtico para permitir construir una Nación con todas sus garantías.

Conocer su pensamiento es arrojar luz sobre mucha incertidumbre.

A 200 años del nacimiento de Oroño, en el Tricentenario del Rosario, elevamos preces para que, uno de los tantos proyectos presentados por la Asociación Amigos del Museo de la Ciudad “Wladimir Mikielievich”, ubicado justamente al 2300 del emblemático bulevar, donde alguna vez funcionó la Casa de los Jardineros, se convierta en realidad y sea una “flor de noticia” el ingreso de unidades de transporte público para un más óptimo acceso de la ciudadanía al más exquisito paisaje urbano diseñado por el ingeniero Héctor Thedy, otro ejemplo de funcionario que marcó un claro legado en la obra pública, junto a los intendentes Alberto J. Paz, Luis Lamas, Santiago Pinasco y Nicasio Vila que también, ¡bienvenida Providencia!, inició su mandato un día como hoy, 20 de julio, en 1906, dos años después que falleciera su tocayo Oroño, a quien desde esta Columna recordamos con admiración y respeto en el Bicentenario de su nacimiento.

Y ahora, a manera de “bonus track”, un regalito para los fieles lectores de esta Columna en este domingo especial!

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