Rosario Sin Secretos: “Quien conoce su aldea, conoce el Universo”. ¡A por ello!
En el aniversario del natalicio de uno de los pioneros de la fabricación de cerveza en el Rosario, Federico Strasser, saludamos a todos sus descendientes y, en el último día de Oktoberfest, brindamos para que nuestra amada ciudad tenga siempre muchas buenas noticias para celebrar con alegría. ¡Salud! O ¡“prost”! si queremos decirlo en su idioma original alemán.
- Ciudad
- Por Graciela Molina
- Nov 1, 2025
Hacía muy poco tiempo que los suizos habían fundado la Colonia Bernstad, que así se llamaba porque la mayoría de los que habían llegado a este lugar tan cerca del Rosario provenían de Berna, Suiza.
Lo hicieron acompañados de alemanes y franceses traídos a este paraíso de promesas por la Compañía de Tierras del Ferrocarril Central Argentino que ya comenzaba a tender las venas férreas que unirían mediante los trenes, la inmensa y próspera región.
Ahora, a esa ciudad, la conocemos como Roldán, llamada alguna vez “La Capital del Aire Puro”, y tiene el honor de atesorar, en una de sus más apreciadas entidades fundada por el presbítero José Luis Torres Pardo, el Instituto Cristo Rey, una imagen de lo que se cree fue la primera honrada en la capilla del Pago de los Arroyos de Nuestra Señora del Rosario, tallada por los aborígenes, que fue sustituida por la que llegó de Cádiz en 1773 y vio Belgrano con sus propios ojos, cuando anduvo por estos lares en 1812 para hacernos Cuna de la Bandera.
Muy cerquita, en San Jerónimo Sud, se había planteado en 1870 un pequeño conflicto pues los franceses querían llamarla Colonia Francesa y los suizos, Colonia Suiza. Finalmente, acercaron posiciones y terminaron poniéndole el nombre de un santo, Jerónimo, agregándole Sud para diferenciarlo del ya instalado en el departamento Las Colonias, San Jerónimo Norte.
Fue justamente ese año cuando Federico Strasser llega con sus padres desde Suiza a Roldán con apenas 14 años. Y es él mismo quien deja escrito que el 24 de enero de 1874, antes de cumplir los 18, ya estaba trabajando en el restaurante de E. Serrot, con un sueldo de 5 bolivianos. Al poquito tiempo, exactamente el 23 de mayo de ese mismo año, entró a trabajar a la licorería de Eugenio Müller por el mismo sueldo, aunque con el agregado de la ropa.
Cuenta también que el 10 de julio de 1875 bautizaron a su hermano menor Ernesto y que había sido designado ¡su padrino!
En febrero de 1876 seguía trabajando con el licorero Müller, quien le había aumentado el sueldo a ¡12 pesos moneda nacional! Y al año, otro licorería lo convoca por su buena predisposición y excelentes recomendaciones, la de Luis Costa.
Ahora bien, no sólo era un trabajador responsable Federico Strasser. Tuvo una activa participación cívica integrando el primer Cuerpo de Bomberos Voluntarios que hubo en el país, con sede en Rosario, anterior incluso del que se formó en el barrio porteño La Boca y del que se dice que fue pionero, sin dudas, con más marketing que el rosarino.
Existe un libro, celosamente custodiado durante muchos años por Anneris, una de sus cuatro hijos, en el que Federico detalla los incendios de casas y negocios de los que participó desde 1883 junto a dos de sus hermanos que también conformaban el cuerpo de servidores públicos, e incluso, hasta cuando tuvieron que correr a apagar el ropero prendido fuego de aquel inquilinato.
No hubo entidad helvética que no contara con él y fue un entusiasta impulsor de la naciente Unión Cívica Radical.
Llegó su tiempo empresarial cuando decidió asociarse a Carlos Schlau para comenzar a fabricar la tradicional cerveza a base de cebada, lúpulo y agua, la que ya había arrancado con Federico Pommerenke en la esquina de Catamarca (“Calle de los Alemanes”) y Entre Ríos, que luego prosiguió Fernando Magdelín.
Hoy allí se levanta un edificio que en su planta baja tiene un café que promete “il migliore espresso di Rosario”, muy lejos de la espumosa cerveza…

No ocurrió de todo en paz la sociedad con Schlau, y no precisamente por él, así que al tiempo se abrió para comprar la Cervecería Santa Rosa, de Costa y Falcone, en Entre Ríos al 1100, a la que le cambió el nombre por su origen luterano y pasó a llamarse Cervecería Strasser.
Algunas litografías de Ferrazzini, entre otros, así mostraban las etiquetas del elixir dorado, junto a la firma de quien hoy estamos evocando en el aniversario de su nacimiento.

¿Cómo llegamos a conocer todo esto? La Providencia hizo lo suyo.
En la charla organizada por la Asociación Amigos del Museo de la Ciudad “Vladimir Mikilievich” sobre el aragonés Pedro Tuella, a cargo de Susana Valiente, conocimos a Alicia, la encantadora sobrina nieta de Federico Strasser, con quien departimos acerca de este tío abuelo que conoció siendo una niña muy pequeña y de quien no olvida su profunda mirada de color celeste, cuando lo iba a ver, junto a su abuelo, Juan Roberto, en los altos del bulevar Argentino al 300, donde vivía, justo frente al centenario Bar Blanco que hace esquina con Alem, calle que alguna vez se llamó Manuel Belgrano porque se creía que por allí pasó el creador de la Bandera, y en otros tiempos, San Nicolás, por ser el camino que hasta aquella localidad conducía.
Hoy, en su planta baja, existe una cervecería más de la avenida Pellegrini, a cuyos parroquianos les contamos tan bella historia, que celebraron con un brindis de sus sendos vasos.

Graficamos nuestra portada con una antigua imagen de 1895 en la que vemos a Federico Strasser sentado a la izquierda de la mesa brindando con sus empleados delante de las grandes cubas en las que se maceraba la apetecible bebida.
Llegaría una epidemia en 1900 que le arrebataría a sus hijos Carlos, Amanda y Argelino, lo que lo sumo en una profunda depresión y la quiebra de su negocio, que terminan adquiriendo los hermanos Wiedenbürg, cambiándole el nombre por el de Cervecería Germania.
Aún así, su entereza y espíritu de resiliencia lo acompaña hasta hacerle conseguir un modesto trabajo como cobrador domiciliario en la Compañía de Electricidad, ¡con 91 años de edad!
En esos menesteres se encontraba cuando, en la esquina de Rioja y Balcarce, sufre un accidente con una bicicleta. Algunas fuentes señalan que la iba conduciendo y se cayó, y otra dicen que un ciclista lo atropelló. No sabemos cuál es la verdadera por eso señalamos las dos.
Poco tiempo después, moriría a causa de ese suceso.
Dice una leyenda que conservó hasta sus últimos días su buen humor y bonhomía, pues hay quien relata que supo decir a un nieto en su lecho de muerte: “¡Qué vergüenza morir a causa de una bicicleta, si por lo menos me hubiera chocado un Studebaker!”

