Rosario Sin Secretos: ¡tanti auguri, caro ospedale “Garibaldi”!
Entre el sueño anhelado de casi la mitad de los habitantes del Rosario en 1881 y el año de su inauguración, ocurrida en 1892, se erigiría un templo de la caridad: el Hospital Italiano.
- Ciudad
- Por Graciela Molina
- Ene 11, 2026
Miles, cientos de miles de historias, han pasado en estos 145 años transcurridos desde aquel día anterior a la primavera (en este hemisferio) de 1881, cuando un conspicuo grupo de italianos y descendientes de la península itálica, liderados por el cavaliere Giovanni Colli Tibaldi, se reunieran en el Rosario para conmemorar un nuevo aniversario de aquel otoño de la unificación en Roma, conocido como “el Risorgimento”.
Aquella “Brecha de Porta Pía” de 1870 en la muralla aureliana diseñada por Miguel Ángel, fecha que luego Benito Mussolini hundió en el olvido y que, con el tiempo, diera origen al Día Mundial de la Libertad de Expresión del Pensamiento, ocurría justo cuando por estos lares transcurrían los últimos días de la vergonzosa Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay. El levantamiento de López Jordán en Entre Ríos, tras el asesinato de Urquiza, anticipaba también el “final de los enfrentamientos” entre unitarios y federales.
Ya en 1881, con el gobierno nacional del tucumano Alejo Julio Argentino Roca, y a poco más de un mes antes de que naciera en Málaga uno de los artistas más influyentes del siglo XX, Pablo Picasso, los italianos, en su conjunto, aunaron fuerzas y “molto soldi” en el Rosario.
¿Cuál fue una de las propuestas pergeñadas en ese momento, con visos de sueño pero potencialidad de realidad? Fundar un hospital italiano, que llevara el nombre de Giuseppe Garibaldi, para la colectividad italiana que, por esos años, representaba casi el 50% de los 100.000 habitantes que poblaban el Rosario.
Y, ¡Madonna Santa que lo lograron!
Así fue como se inauguró aquel 10 de enero de 1892 el monumental edificio, proyecto del arquitecto Francesco Tamburini -el mismo que había diseñado originalmente el Teatro Colón y las terminaciones de la Casa Rosada en Buenos Aires-, en la manzana comprendida entre las calles Virasoro, Mitre (por ese entonces, Progreso), Rueda (en esa época, América) y Entre Ríos, que tuvimos oportunidad de visitar el mismo día de su 134º aniversario, gracias a la amable predisposición de tres jóvenes que nos atendieron en la nueva y moderna Sala de Guardia, Luciana, Mauricio y Valeria.
Edificio este que continuó expandiéndose hasta tener que construir un túnel bajo la calle Entre Ríos para comunicarse con su continuación, el Policlínico, ubicado en la manzana aledaña al oeste de la primigenia y colosal obra de arquitectura.
Ya el arquitecto Tamburini había estado mostrando y demostrando su propio estilo en el diseño que le fuera encargado para construir la Escuela Normal Nº 1 “Nicolás Avellaneda” que levantara en la hoy Plaza Sarmiento de la que, justo en ese mismo año 1881, había egresado su primera camada de maestras de la mano de unas de las 75 “teachers” que Sarmiento había “importado” de los Estados Unidos, Isabel B. de Coodlige.
Aquella reunión pre primavera de 1881 contó con toda la fuerza institucional, económica y social para ir a la búsqueda de la concreción del sueño, porque allí se había reunido lo más granado y poderoso del empresariado italiano que ya empezaba a vislumbrar y a disfrutar un futuro prominente y progresista en una ciudad que crecía sin prisa pero sin pausa, a fuerza de tesón y de trabajo. Había que recaudar fondos y nada mejor, entonces, que constituir la Sociedad de Beneficencia que en 1889 puso la piedra basal del edificio que se inauguró, en 1892, con la presencia, entre otros, del ministro de Italia en Buenos Aires, Giuseppe Anfora, y el cónsul Ludovico Gioa.
La Providencia tiene sus designios inexcrutables. El mismo día que acá el cónsul Palumbo ofrecía la sede del Consulado para la primera asamblea de la colectividad italiana con el propósito de concretar el proyecto, el 23 de enero de 1885, en una lejana aldea de la Liguria, en Loano, Diócesis de Génova, Ana María Rubatto, que desde entonces pasaría a llamarse María Francisca de Jesús, fundó y se convirtió en la madre superiora del Instituto de las Terciarias Capuchinas, Congregación religiosa que sería llamada para hacerse cargo de la asistencia de los enfermos así como de su atención espiritual.
¿Algunos nombres de aquel encuentro? Luis Fidanza, Benedicto Castagnino, Angelo Muzzio, Stefano Frugoni, Angelo Luraschi, Luis Pinasco, Natale Ricardone, Francesco Torlasco, Giuseppe Vitale… Como para dar una idea del nivel social de los integrantes de esa asamblea, baste con decir que la fabulosa mansión ubicada en Córdoba e Italia, en la actualidad sede del Rectorado de la Universidad Nacional de Rosario, pertenecía a la familia de Luis Pinasco, que fue quien propuso, en ese momento, designar una comisión para redactar un reglamento de la sociedad constituida, nombrándose a Palumbo, Mongiardini, Muzzio, Clérici y Pellicioni.
Una segunda asamblea realizada un año después sería la encargada de nombrar un “Comitato per l’erezione dell Ospedale Italiano de Rosario”. ¿Repasamos los nombre de sus principales integrantes? Natale Ricardone, presidente; Giovanni Battista Costa, vice; Giuseppe Bobone, secretario y Francisco Torlasco, tesorero.
Vendrían luego las fabulosas fiestas de beneficencia, la suscripción de socios, la solicitud de ayuda a las autoridades públicas, y todas las demás gestiones tendientes a lograr el sueño concebido, de las que no estuvieron ausentes, claro está, las importantes donaciones de los particulares, que competían por ser, cada quién, los mejores mecenas para la obra. ¡Cómo se extrañan esos gloriosos tiempos!
En necesario y curioso recorrido como parte de la investigación urbana, nos encontramos con la cortada Ricardone, entre las calles San Luis y La Rioja (Rioja, para nosotros), que corre entre las de Mitre y Corrientes.
La ordenanza Nº 3 le impuso ese nombre en 1905. Confesamos que no pudimos obtener información acerca de si la nomenclatura había tenido en cuenta a Natale Ricardone (padre) que aparece como el primer presidente del Hospital Italiano o se debe a Natalio Ricardone (hijo), que fue diputado por la Liga del Sur, impulsada por Lisandro de la Torre, y trabajó también luego con él en el Partido Demócrata Progresista. Durante sus funciones como legislador provincial, realizó gestiones para fundar la localidad que hoy lleva su nombre, en el departamento San Lorenzo. Fue intendente de Rosario durante algo más de un mes, del 1 de octubre al 5 de noviembre de 1920; menos de un mes, del 16 de noviembre al 6 de diciembre ese mismo año, y por tan sólo 4 días, del 16 al 19 de enero de 1938. ¿Extraño, no?
La casa de la familia Ricardone estaba ubicada en la ochava noroeste de Mitre y la cortada, frente al teatro La Comedia, y fue demolida para dar paso, en 1973, a la construcción de la sucursal Rosario del Banco de Londres y América del Sud, luego Lloyds Bank y ahora Patagonia. Este impactante edificio con hormigón a la vista fue diseñado por el Estudio SEPRA, integrado por los arquitectos Santiago Sánchez Elía, Federico Peralta Ramos y Alfredo Agostini, y la ejecución de obra del arquitecto Noguerol y el ingeniero Brebbia, responsables, entre otros, de la construcción del primer rascacielos de 21 pisos, en los años 60, en bulevar Oroño y Córdoba, la Torre Mentor y, junto a Rodríguez Nielsen, de la Galería César, a la que los rosarinos acudían en masa cuando existía el recordado bar Remember, de Roberto Andrenacci, para comerse las mejores “picadas” servidas en las décadas de los años 70 y 80.
Cuatro veces más la Santísima Providencia dice presente en este relato: el inefable y talentosísimo escultor Erminio Blotta, autor del torso de Giuseppe Garibaldi que en la actualidad podemos encontrar en el centro de uno de los patios del Hospital Italiano y que grafica nuestra portada, nació en la comuna de Morano Cálabro, provincia de Cosenza, región de Calabria, en 1892, justo el mismo año que se inauguró hace 134 años el nosocomio; falleció un 23 de enero, en 1976, exactamente el día en el que se cumplían 91 años de aquella primera asamblea del Italiano y de la creación, en su tierra natal, de la Congregación de las Hermanas Capuchinas, y la propia madre del proficuo artista que arrancó modelando arcilla cuando entró a trabajar como aprendiz en el Ferrocarril Central Argentino, Anna Filomena Mainieri, había nacido en Loano, cuna del Instituto fundado por María Francisca de Jesús, que tanto tuvo que ver con el desarrollo del apostolado de la piadosa obra asistencial, que se habilitó a la comunidad… ¡el 23 de enero de 1893!
¡Elegimos creer! No es buen día para reventar…








