LUNES, 20 DE JUL.

Rosario Sin Secretos: un duende escritor, poeta y dramaturgo, por las calles rosarinas

Ni siquiera se había aprobado la construcción del Monumento a la Bandera cuando, en 1933, dos años antes de su asesinato en España, por “homosexual, masón y socialista”, Federico del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca, visitaba lugares emblemáticos de una Rosario pujante.

 

Fue por estos días que, 92 años atrás, Federico García Lorca, con apenas 34 años, había llegado a esta ciudad, en la cúspide de su vida artística.

Lo hacía en plena consagración de su “Bodas de Sangre”, estrenada en Madrid con todo éxito en marzo de 1933; en julio, en una fulgurante Buenos Aires, y en septiembre, en esta Rosario que estaba en el apogeo de su crecimiento social, económico y cultural.

A pesar de la canícula y los días de celebración navideña, seguimos tras sus huellas, captando imágenes en un safari fotográfico que nos sumerge en nuestra propia historia, y nos permite navegar, más que en el ciberespacio, en un océano de emociones que nos invita a reflexionar.

Los invitamos para que nos acompañen en este viaje al pasado imaginario, visitando lugares que aún existen, otros a punto de desaparecer y algunos perdidos para siempre.

A García Lorca lo habían traído para que diera una conferencia con el título “Juego y teoría del duende”, en lo que alguna vez fue el Teatro Colón de Rosario, un gigante arquitectónico de exquisita factura erguido en Corrientes casi Urquiza, que sucumbió a “la picota y la piqueta del progreso”.

Este teatro, construido entre 1895 y 1904, iniciado por Gaetano Rezzara y concluido por Augusto Plou, concentró, hasta 1958, año de su demolición, el deseo de inmigrantes italianos de volver a escuchar y disfrutar de óperas, y los españoles, sus zarzuelas.

Así, en una época en la que no llegábamos a ser 150.000 los habitantes de Rosario y casi la mitad, extranjeros, hubo quienes como David Gianelli o Alfredo Rouillón, junto a cientos de entusiastas olvidados, se pusieron al hombro la ejecución de enormes legados, algunos de los cuales, como el Colón, fue lamentable y tristemente suplantado por un “moderno” edificio.

 

El libro del investigador y actor Daniel Feliu, nacido en Marcos Juárez, Córdoba, pero radicado en Rosario, a quien contactamos gracias a la intercesión de la inefable Susana Valiente, seguramente nos hablará de aquella gloriosa conferencia del gran poeta y dramaturgo granadino al que la noche, la luna y la muerte, nunca abandonaron como eterna musa.

Prometemos más detalles, en un futuro capítulo de Rosario Sin Secretos, luego de una entrevista a Feliu quien, entre muchas otras valiosas actividades en el mundo artístico, integró el equipo de investigación de estudio del teatro argentino e iberoamericano coordinado por la profesora Clide Tello.

¿Dónde se alojó García Lorca cuando llegó a Rosario? Pues donde también lo hizo Carlitos Gardel, el Grand Hotel Italia, ese magnífico edificio propiedad de Albino Pagliano, que fue comprado por la Universidad Nacional de Rosario para instalar su sede, y salvado de la demolición después de su remate en 1987.

La Agrupación Andaluza de Rosario desde septiembre del 2004, recuerda con una placa la visita de García Lorca, quien en sus años mozos había vivido en la misma Residencia de Estudiantes en la que estuvieron Albert Einstein, John Maynard Keynes y Marie Curie, entre otros.

Es fácil imaginar la reacción del poeta al descubrir, luego de subir la regia escalera del Grand Hotel Italia, el magnífico vitral de Salvador Buxadera, que en cualquier lugar del mundo llenaría catálogos de interés turístico y aquí la mayoría de la población desconoce su existencia.

El monumental proyecto de este edificio fue realizado por el arquitecto e ingeniero Ítalo Meliga. Sí, el mismo del diseño del Palacio Santa Inés, residencia de los Castagnino, en la esquina de Maipú y San Juan, y del Hospital Italiano.

Meliga, también director de la Oficina de Ingeniería Municipal, fue quien planificó y construyó junto a Rezzara el Palacio “De los Leones”, así llamado por las dos efigies donadas por Juan Agustín Mazza que anteceden su entrada en calle Buenos Aires casi Santa Fe.

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Perdido para siempre el Teatro Colón, salvado el Grand Hotel Italia, el almuerzo a García Lorca se sirvió en el lujoso Grand Cifré, ese espléndido subsuelo ubicado en la esquina de Sarmiento y Santa Fe, recuperado por la Fundación Estudios Litoral Argentino que comparte solar con el Museo para la Democracia, cerrado en la actualidad y con destino incierto.

 

Pero no se agotó allí el itinerario del contertulio de Juan Ramón Jiménez, Luis Buñuel, Rafael Alberti y Salvador Dalí, sino que fue invitado a escuchar música al Club Español, de Rioja 1052.

Su actual presidente, y director de Colectividades, Gastón Rodrigo Torres, luce en su despacho la foto del día en que llegara al lugar el más importante exponente de la literatura española.

Por la tarde, la cita para tomar el té fue en la más emblemáticas de las tiendas rosarinas, “La Favorita”, alguna vez coptada por capitales chilenos pero afortunadamente recuperada para el patrimonio de la ciudad con su eterno nombre, la de aquella amante “favorita”, allá por 1340, de Alfonso XI de Castilla, inmortalizada en la ópera por Gaetano Donizetti.

¿Qué habrá sentido el escritor al elevar la vista y descubrir desde adentro aquel magnífico techo que le mostraba uno de sus propietarios, Ángel García, quien también lo convidó a conocer otro de los orgullos de la colectividad de la península ibérica, el Hospital Español?

En nuestro recorrido tras las huellas de García Lorca, conocimos algo que él no pudo apreciar, y que allí se encuentra desde diciembre de 1972. La expresión de un verdadero acto de amor. La donación de la señora Sara Martínez Bayo, descendiente del mismísimo Servando Bayo -el fundador del Banco de la Provincia que supo romper con valentía el monopolio del Banco de Londres y por lo cual, si no hubiera sido por Bernardo de Irigoyen, habrían bombardeado Rosario- en memoria de su esposo, el doctor Roberto Agustín Siquot.

Siquot fue médico pediatra de miles de niños rosarinos en el Español, y director del nosocomio en momentos de su muerte, y también uno de los fundadores del Círculo Médico.

La donación de su esposa al Hospital al que dedicó sus más ingentes esfuerzos, está entronizada en uno de sus floridos patios. Se trata de una sublime imagen de María y el Niño, que alguna vez embelleciera el hogar del doctor Siquot, en la bellísima casona de Córdoba al 1900 frente a la plaza San Martín, en el glamoroso Paseo del Siglo.

En otro de los espacios abiertos del hospital que ocupa la gran manzana ubicada entre Libertad (Sarmiento), Virasoro, Rueda y Progreso (Mitre), sí pudimos compartir la emoción y la mirada del poeta, al encontrarnos frente a la imponente fuente y la poderosa y centenaria palmera que la custodia, como símbolo natural y permanente, desde sus propios orígenes.

Que luego del golpe de Estado en España, los franquistas hayan considerado que “ser funcionario de la República, homosexual, masón y socialista” haya sido causa suficiente para su fusilamiento, es sin dudas materia de análisis y reflexión, especialmente en estos días en que vivimos deseándonos paz y felicidad.

Tal vez por eso, alguien escribió en un cartel que se exhibe en la Biblioteca que lleva su nombre y donde se reúne la Asociación Literaria Nosotras que el año próximo estará celebrando sus primeros 90 años: “Lo buscaban en una fosa común de Granada, y lo encontraron vivo en todas las bibliotecas del mundo”.

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