MARTES, 20 DE OCT.

Rosario Sin Secretos: ya voy Savoy. ¿Adónde? ¡Al cruce de peatonales!

Corría (no sabemos hacia dónde) el año 1910. Centenario de la Revolución de Mayo y una ciudad ferroviaria y portuaria en pleno y floreciente desarrollo económico. Lo más granado de la sociedad se reunía en un evento social sin precedentes: la inauguración del Hotel Savoy.

 

Desde departamentos para familias enteras hasta habitaciones para hombres solos… Todo era esplendor y lujo incomparable y afrancesado en la esquina de San Martín (ya había dejado de ser calle del Puerto) y su intersección con la siempre denominada San Lorenzo, esa calle oblicua que respondía al trazado de lonjas del santiagueño Luis Montenegro, el fletero que criaba ganado y regenteaba una pulpería.

¿Quieren saber dónde estaba esa pulpería? En Córdoba y hoy 1º de Mayo, la zona en la que luego el doctor Bartolomé Vasallo instaló su mansión, donada con cargo a la ciudad para que fuera Museo, y se terminó convirtiendo en la sede del Concejo Deliberante donde habitualmente se encuentran quienes no son precisamente “figuras de cera” ni piezas de museo, sino que conforman el cuerpo político primario de la democracia que representa los intereses de los ciudadanos.

Sin dudas que Montenegro fue el primer urbanizador, y Vasallo un generoso y altruista ciudadano que quería a la ciudad que le permitió progresar.

El Hotel Savoy, hoy con otro nombre, fue inaugurado apenas dos años después a imagen y semejanza del construido en la cosmopolita Buenos Aires, ese fastuoso edificio diseñado por el arquitecto italiano Gerónimo Agostini, ubicado a pocos metros del Congreso que alojó tanto a Lisandro de la Torre, Eva Duarte y Arturo Illia, como al mismísimo Albert Einstein.

 

El estilo neoclásico francés elegido -que hacía furor en la época- , la suntuosidad de los elementos que hacían a la ornamentación del lugar, la magnífica cúpula de 30 metros, las lámparas art nouveau, los detalles art decó de sus galerías, las guirnaldas, la majestuosa iluminación, los vanotorys esmaltados, la marquetería en cedro y caoba, las mayólicas y los mosaicos traídos de Europa, las sillas Thonet lujosamente tapizadas en elegante terciopelo, todo estuvo fina y exclusivamente elegido para el Savoy local, que disponía hasta de un coqueto y moderno cinematógrafo.

¿Quiénes fueron sus responsables? Los inmigrantes suizo italianos en los que primaba la cultura del trabajo, Aquiles Chiesa y Alejandro Máspoli, sobre un proyecto de Conder y Follet, y planos delineados por Fausto Galacchi y el arquitecto inglés Herbert Boyd Walker.

¿Cómo no iban a parar allí cuando llegaban a la esplendorosa Rosario de principios del siglo pasado, el granadino y malogrado genial Federico García Lorca, el mismísimo Carlos Gardel y hasta Freddie Mercury, la figura que se honra en imágenes del bar internacional que hoy ocupa el espacio de la otrora refinada confitería?

“Cada maestrito con su librito”, dice el refrán, y en aras de la modernización, los medios locales decían que la instalación de esta empresa multinacional le daría vida a un alicaído microcentro, y allí fue a parar el negocio gastronómico que había estado alguna vez en Córdoba y Moreno, la mansión construida para sus padres por el arquitecto trebolense Ermete De Lorenzi, que también funcionó como sede del Comando Radioeléctrico y hoy aloja al Museo de la Memoria.

Esos suntuosos elementos, incluido el piano, fueron a parar a la confitería que se instaló en la galería Victoria Mall, ubicada en el cruce de las peatonales Córdoba y San Martín, que alguna vez contuvo a las grandes tiendas La Buena Vista y a Gath & Chavez.

 

Cambia, todo cambia, diría la canción. Lo bueno es ejercitar la memoria.

Como por ejemplo, recordar que De Lorenzi fue quien construyó el edificio de la Comercial Rosarina en la esquina de Oroño y Córdoba; los sanatorios Británico y Plaza, el edificio del gran taller metalúrgico de Chaina y Compañía ubicado en Córdoba la 3050 (donde la Municipalidad instaló una de las cámaras para fotomultas) y fue director de Obras Públicas de la provincia, miembro de la Dirección de Cultura de la municipalidad, cuando a quienes se elegía como funcionario tenía probados antecedentes como para ocupar el cargo, y también fue uno de los fundadores de la Cultural Lírica, el Foto Club de Rosario y hasta del Centro de la Tradición El Hornero, que nació como escisión del Martín Fierro, en 1944, un año después que este último.

Su estudio de arquitectura estuvo en Cochabamba 2010 hasta 1945, y luego pasó a ser el lugar donde otro grandioso artista rosarino, Julio Vanzo, forjó sus más grandiosas creaciones.

El Savoy, que había dejado de funcionar en 2007, fue reinaugurado por una cadena hotelera internacional en abril del 2009, bajo un nombre tan esplendoroso como el anterior.

Por fortuna, conserva el cartel (bien clarito en la foto de portada) que se luce en esa esquina desde 1910, para faro de los turistas que arriban a la ciudad y orgullo de sus habitantes

El juego de palabras utilizado en el título de este Rosario Sin Secretos es un mero truco mnemotécnico para no olvidar que el esplendor de su mobiliario sólo trasladó su locación, porque aún podemos disfrutarlo cuando nuestros pasos acierten a pasar por el cruce de las peatonales Córdoba y San Martín, y subir allí a la planta alta.

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