Silvina Garrido, hija de crianza de la partera acusada de robo y venta de bebés: “Delinquía en su casa, en mi hogar»
La mujer denunció a su propia madre de crianza por apropiación. Es uno de los siete casos que permanecen en la justicia contra la obstetra que se desempeñaba en el hospital Roque Sáenz Peña. Además, en diálogo con Conclusión, reveló que “los militares venían a buscarla para que realizara los partos a las mujeres secuestradas en el Batallón 121”.
- Ciudad
- Por Guido Brunet
- Sep 22, 2026
A los 15 años Silvina Garrido se enteró por boca de su madre que era adoptada. Pero eso era tan solo una pequeña parte de la historia. Hoy, Dolly Viale de Garrido, quien la crió como su hija, se encuentra acusada de robo y venta de bebés durante los años 1968 y 1980 en la ciudad de Rosario.
“Cuando llegó la democracia, en el 83, mi madre me dijo que no me había tenido en su panza, que me tenía en su corazón, pero no sé si tiene corazón esta señora”, lanza Silvina Garrido en diálogo con Conclusión.
La señora, de hoy 88 años y médica de profesión, trabajó como partera durante varias décadas en el Roque Sáenz Peña, nosocomio de referencia de la zona sur rosarina. Fue imputada días atrás a raíz de un caso de 1970, en el que acreditó en un acta de nacimiento que E.A.Q. y A.T.B. -ambos ya fallecidos- eran los padres biológicos de una niña (Carmen Q.), quien a sus 42 años comprobó que no existía lazo sanguíneo.
El caso de la propia hija adoptiva de Dolly es similar. En su acta de nacimiento figura como descendiente biológica de ella y su marido. Pero hay sospechas de que se trató de una de las apropiaciones ilegales de bebés por las que se la acusa. Para determinar si hay parentesco, el juez Eduardo Gonzales Da Cruz solicitó una extracción compulsiva de ADN. También dispuso medidas para evitar la salida del país de la anciana y su presentación periódica ante los tribunales.
Las de Carmen Q. y Silvina Garrido no son las únicas denuncias. Existen otras cinco, con las mismas características. Los casos abarcan un plazo de doce años, lapso entre el nacimiento más antiguo (el de Silvina) y el más cercano en el tiempo, pero podría hacer muchas más víctimas.
Al menos una de ellas, Roberto Fargioni, refiere que sus padres putativos lo fueron a buscar a Lamadrid y Ayacucho, frente al Batallón 121, donde vivía Dolly con esposo y sus tres hijos. “Con el tiempo entendí a qué se dedicaba, que no era solamente el hospital, sino que también delinquía en su propia casa, en mi hogar”, cuenta la mujer, que por esos años era una niña.
“Dolly hacía todo esto de manera privada, buscaba bebés para venderlos a distintas personas”, asegura quien fuera criada como hija de la partera. “Publicaba avisos en el diario buscando chicas embarazadas para trabajar como empleadas domésticas, así llegaban a mi casa y cuando tenían que dar a la luz no las veíamos más. Supongo que se quedaba con esos bebés”, declara.
Aunque sí notaba permanente movimiento y visitas en su domicilio, “nunca vi bebés”, afirma Silvina, quien para comienzos de los 80 tenía 12 años. La ‘labor’ de la partera no se limitaba al interior del hospital, también operaba por fuera , donde -de acuerdo a los testimonios de víctimas- entregaba niños a parejas a cambio de dinero.
“Pagaba un alquiler en otros lugares y allí cometía los delitos por los cuales hoy está juzgada”, revela Silvina, quien pone de manifiesto un nuevo elemento: “También practicaba abortos”. Por esta situación, hace más de 30 años, Dolly permaneció varios días tras las rejas señalada por una joven que había pasado por esa intervención. “Ella estuvo detenida, pagó una fianza y la liberaron”, contó la mujer. “Siempre estuvo muy bien conectada…”, agregó.
Militares en la casa
“Los militares tocaban el timbre a toda hora”, recuerda Silvina. “Venían a buscarla para que ella le realizara los partos a mujeres secuestradas en el Batallón 121”, denuncia, al tiempo que recuerda que desde la terraza de su casa podía observar el patio del predio que funcionó como centro clandestino de detención.
Los años de presunta operatoria de Dolly Viale de Garrido coinciden con los de apropiación de bebés por parte de los represores. Sin embargo, aún no se demostró que alguno de los denunciantes sea hijo de desaparecidos.
“La conexión con los militares era que la protegían y le permitían delinquir, pero los bebés de los detenidos ilegalmente se los quedaban entre ellos, no se los daban a Dolly”, indica Silvina. “Mi mamá estaba cubierta por los militares, por eso cuando empieza la democracia lo primero que hace es contarme que era adoptada, porque la verdad se podía saber”, completa.
La única imputada por el momento es Dolly Viale de Garrido por supresión y alteración del estado civil y de la identidad de un menor de diez años y falsedad ideológica de instrumento público, aunque ya existen dos denuncias contra su hermana Silvia Viale (también partera del Roque Sáenz Peña). Se presume, por lo tanto, que ‘trabajan’ juntas. Sobre esto, Silvina comenta: “Hay dos partidas firmadas por Silvia. Supongo que Dolly le pagaba para firmar”.
Silencio
Hace unos años, los otros denunciantes de su madre se contactaron con Silvina y todos juntos llevan adelante la acusación contra la partera. “Siempre estuve predispuesta a contar quién era Dolly, pero que no esperen nada de ella porque para ella los bebés eran un número, un signo pesos”, avisa la hija.
Con respecto a su relación actual con la persona que la crió, manifiesta: “No tengo relación ni quiero, no la quiero ver nunca más. Para hacer lo que hacía tenés que tener la sangre muy fría. Tampoco fue buena madre”.
Silvina no se muestra esperanzada en conocer la verdad por medio de la propia imputada: “A mí no me allanó el camino para que pudiera buscar mis orígenes. Siempre le pregunté pero me respondía con historias diferentes. Si no me dijo la verdad a mí, mucho menos al resto”.
“Le caben más años de lo que presume la fiscal me parece (Soledad García, titular de la Oficina de Criminalidad Económica y Trata de Personas). Son muchos delitos. Con mi ADN se va a comprobar que ella se apropió de mí”.
“Ni aunque la condenen me diría cómo me obtuvo. Creo que va a ser un secreto que se va a llevar a la tumba”, cierra Silvina. Mientras tanto, siete personas esperan que la Justicia pueda poner algo de luz en una historia que permaneció en penumbras por más de 50 años.



