JUEVES, 04 DE JUN.

Un venerable honrado en Catedral en el aniversario de su nacimiento

La Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa de Rosario, celebró en la Iglesia Catedral Nuestra Señora del Rosario, con una misa en acción de gracias, el aniversario del nacimiento de Enrique Shaw, el primer empresario Venerable Siervo de Dios de la historia.

Nacido en París, Francia, un día como hoy de 1921, del matrimonio integrado por Sara Tornquist y Alejandro Shaw, Enrique Shaw es considerado venerable desde el 2021, a cien años de su nacimiento, y el 18 de diciembre del año pasado, el Papa León XIV aprobó el decreto que confirmó el milagro que se produjo al pedir su intercesión, ya camino a su beatificación.

Fue una curación -inexplicable para la ciencia- de un niño de seis años que había sido pateado en la cabeza, con violencia, por un caballo y resultó con una gravísima lesión craneana. Tras haber estado 45 días en estado crítico y haber sido sometido a cinco cirugías cerebrales para drenar el líquido acumulado por la hipertensión intracraneana, no se había podido lograr su estabilización.

Sus padres, vinculados a la ACDE, rogaron con devoción la intercesión de Shaw y antes de implantársele al niño una válvula de drenaje permanente en el cerebro, el pequeño se recuperó de manera totalmente inesperada, volviendo a su vida normal.

Este empresario y marino, esposo y padre de nueve hijos, dijo alguna vez: “Hay que remediar las injusticias. Considerar como deber de Estado el ser eficientes; para poder distribuir más hay que producir más. Es necesario formar empresarios cristianos y darles un estilo de vida: contribuir a un mundo mejor, principalmente mediante la acción de cada empresario cristiano en su propia esfera. Esta es una misión de religión y vida; tratar de santificarnos a través de la profesión y de santificar la profesión”.

Alumno de la Escuela La Salle de Buenos Aires, con notas sobresalientes, ingresó luego en la Escuela Naval Militar donde dio extraordinarios testimonios de fe, y fue en los mares del sur donde desarrolló una comprometida labor apostólica.

Fundador y primer presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas, manifestó siempre su amor por la clase obrera tanto en nuestro país como en otros países de América Latina.

La amplia cultura humanística de Shaw y su postura ante la vida lo convirtió en alguien que supo demostrar que también se puede hacer el camino de la Santidad siendo laico, simplemente siendo un empresario comprometido con la gente y, muy especialmente, con sus empleados.

“El empresario -solía decir- debe encarnar a Cristo en la empresa. La forma de hacerlo es aplicando sus enseñanzas. Aplicar la doctrina cristiana, el mensaje de Cristo, a problemas concretos de la función del empresario. Hacer que la gente participe”.

Tras casarse con Cecilia Bunge, quien le dio nueve hijos, vivió en el marco familiar de un hogar profundamente cristiano, y a pesar de querer dedicarse a ser obrero por su vocación apostólica y social, finalmente un sacerdote lo convenció de llevar el Evangelio al mundo empresarial, llegando a ser director delegado en Cristalerías Rigolleu, la emblemática cristalería nacida en 1882, origen -con los años- del famoso producto Pyrex que las abuelas conocieron tan bien, especialmente utilizadas en las inolvidables fuentes que se utilizaban en los hornos de las cocinas.

Uno de los más entusiastas impulsores de la causa beatífica fue el entonces cardenal Jorge Bergoglio, luego el primer Papa argentino, Francisco, quien supo resaltar de Enrique Shaw que “vivió de modo heroico sus virtudes cotidianas”.

Los libros de los que fue autor: Y dominad la Tierra, Peldaños en el amor a Dios, la Misión de los Dirigentes de Empresas, La Empresa: su naturaleza, objetivos y el desarrollo económico; Eucaristía y vida empresaria y Ética del marketing y su proyección social, hablan a las claras de su compromiso con la Doctrina Social de la Iglesia que hoy lidera y pone en valor, nuevamente, el actual pontífice de la iglesia católica, Papa León XIV.

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