MIéRCOLES, 03 DE JUN.

Vecinos del Arroyo Ludueña exigen que se investigue el origen de su sistemática contaminación

La naturalización de su proceso contaminante sigue encontrando una férrea resistencia por parte de aquellos que no se resignan. “Claramente esto sucede por el marcado desinterés político que decanta en la falta de controles”, indicaron los vecinos.

Los cursos de agua sieguen siendo el blanco predilecto para aquellos que encuentran los mismos una oportunidad manifiesta a la hora de arrojar desechos “anónimos”. Una agresión silenciosa e impiadosa que sigue adelante con su deleznable camino contaminante ante la imperturbable vista de las mayorías.

Podríamos animarnos a comparar lo que viene sucediendo en el Ludueña, con la taquillera película “El día de la marmota”. S bien se trata de la ciudad de Rosario y no de un pequeño pueblo de Pennsylvania, y lejos está de ser una película de ficción, parece ser que el arroyo está condenado a revivir, una y otra vez, el mismo día. Todo se repite, excepto la seguridad de que, lo que sucede en cada momento, ya se ha vivido en repetidas oportunidades.

La degradación ambiental en nombre del progreso, un axioma un tanto incongruente que parece no tener freno y menos aún, equilibrio. La educación ambiental, el respeto por la naturaleza, por los bienes comunes y el futuro de nuestra especie y de tantas otras, parece ocupar el último lugar de una agenda que prioriza negocios y relatos edulcorados.

El Arroyo Ludueña y el color de sus aguas que recuerdan a las de Chernobyl

Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo”. El artículo 41 de la Constitución Nacional es medularmente claro a la hora de posicionarse ante los hechos que empujasen a que la cotidianeidad de aquellos que habitan suelo argentino, se viese alterados producto de una ilegalidad.

Pero claro, el 41 es tan solo uno de los muchísimos artículos que son desechados por aquellos que a través de la función pública deberían oficiar de garantes. Una y otra vez, en repetidas y calcadas ocasiones, los vecinos del Arroyo Ludueña, aquellos que crecieron gozando de las bondades de sus aguas, alzan sus voces denunciando la agresión incesante e impiadosa que padecen las aguas de un curso de agua que parece haberse convertido en una inmensa cloaca.

Te levantas por la mañana y contemplas como las aguas del arroyo se encuentran blanquecinas y con un fuerte olor a excremento. Esto sucede sistemáticamente y lo venimos denunciando hace largos años sin encontrar respuesta alguna por parte del estado”, sostuvieron vecinos del barrio Stella Maris en dialogo con Conclusión.

Quienes habitan en cercanía del Ludueña, no dudan en comparar “simpáticamente” el color del arroyo con aquel que supo aparecer en uno de los capítulos de los Simpson. Solo faltarían los peces con tres ojos y otros tantos fosforescentes. “Desde el 23 de diciembre a esta parte, las aguas se muestran con este color y con un olor sumamente fétido. Pasado el mediodía las mismas se limpian y vuelven a tornarse claras, no hay duda que arrojan sustancias o desechos por la madrugada”.

Las hipótesis son tantas como contundentes, desagües pluviales de barrios privados, algunos de ellos que vienen acompañados con desechos cloacales como el que aparece en escena a la altura de la huerta municipal y descarga de camiones atmosféricos. “Si los caños son pluviales, son pluviales, no pueden existir conexiones clandestinas para la descarga cloacal. Claramente esto sucede por el marcado desinterés político que decanta en la falta de controles”, indicaron los vecinos.

En la ciudad de Rosario existen dos arroyos acorralados por una incesante contaminación que golpea con el poder de los jinetes del apocalipsis. Tanto el Saladillo como el Ludueña, no ocultan el dolor que cargan sobre sus aguas, dolor naturalizado por muchos, pero no por aquella minoría consciente que no se resigna a seguir peregrinando por distintas oficinas públicas exigiendo que el estado actúe para ponerle fin al ecocidio.

Ayer y hoy la temperatura fue moderada y la lluvia ocupó su espacio, pero lamentablemente el arroyo siguió mostrándose igual, con su agua color morten y el pestilente olor a cadáver. Si fueran algas u hongos producto del calor, hoy debería haber estado limpio. Si fuera así, no creemos que las algas o los hongos vengan bajando de sur a norte, ya que deberían salir en toda la cuenca a la misma vez. El día que se dignen a investigar, van a encontrar que hay gato encerrado. Si el intendente se hubiera casado a las orillas del arroyo, con seguridad el mismo estaría limpio”, concluyeron.

 

 

Últimas Noticias