Cosechando artistas: la historia del Semillero de la Gurru, un festival de teatro sembrado en una escuela rosarina
El Festival del Semillero es una muestra de teatro que se realiza anualmente en la Escuela de Educación Técnica 394, del complejo Francisco de Gurruchaga de Rosario, en el que participan diversos elencos y cuyo único requisito es que algún integrante de dichos elencos sea ex alumno del Colegio. En entrevista con Conclusión, el actor Lautaro Lamas cuenta cómo se gestó esta historia y el origen de "estas primeras semillas, que derivó en este semillero, que ya es una selva".
- Cultura
- Por Gisela Gentile-Florencia Vizzi
- Sep 18, 2026
Plantar una semilla es, tal vez, una de las metáforas más usadas en la narrativa oral y escrita. Pero es que la potencia de su significado es absoluta, quien planta una semilla es porque espera que algo crezca, que florezca, es porque cree en que algo surgirá de ello, porque mira hacia el futuro y lo hace con el convencimiento de que el valor está en el gesto, en el intento, aún a riesgo de que esa semilla no prospere. Pero, hay lugares en donde las semillas prosperan, por el amor, la esperanza, la dedicación con las que se las siembra, y por el certidumbre de que algo quedará en la cosecha. Así podría describirse al Semillero de la Gurru, como todos lo llaman.
El Festival del Semillero se realiza anualmente en la Escuela de Educación Técnica 394, del Complejo Francisco de Gurruchaga de Rosario y que comenzó en septiembre y se extenderá hasta octubre. «Esta es la edición número 11 del Semillero, y en las obras participan ex alumnos o ex alumnas del colegio», contó en entrevista con Conclusión el actor Lautaro Lamas, ex alumno de la escuela y miembro del equipo de producción. Y detalló: «Puede ser dentro de lo que es la actuación, la dirección, la puesta en escena, en cualquiera de las áreas de la obra tiene que haber un ex alumno de la Gurru y, o sea, salidos del Semillero de la Gurruchaga, ese es el único requisito».
El festival, que es autogestivo, se hace generalmente en el mes de septiembre, a diferencia de otros que son dentro de un marco de tiempo cerrado, este es a lo largo de todo el mes. «Se presenta una obra por semana, cada viernes hay una distinta. Y, todos los años, cierra la puesta en escena, el elenco estable de la escuela».
Sobre el colegio, Lamas contó: «Cabe señalar que la Gurruchaga es una escuela secundaria que, en su momento, fue una escuela piloto, porque a la mañana o a la tarde, dependiendo el turno al que ibas, tenías las materias normales y en contraturno, tenías un montón de otras materias como teatro -no talleres-, con la misma exigencia que cualquier otra tradicional. También estaba periodismo, imagen, agro, huerta, etcétera. Fue, una escuela piloto, una prueba que resultó totalmente favorable».
«Además de tener el teatro como materia, existía la posibilidad de ser parte de un elenco estable que, eso sí, ya estaba fuera de la currícula y del horario escolar. El que era parte, se quedaba, después de hora, a hacer obras de teatro. Y bueno, así muchos y muchas nos dedicamos a este oficio, u otro oficio artístico, por esa influencia que tuvimos en la Gurruchaga».
El primer festival se realizó en el año 2013. «Con algunos compañeros nos acercamos a quien, en ese momento, era el coordinador del área expresiva y director del elenco, Pablo Copa y le planteamos que teníamos obras de teatro y queríamos hacerlas en la escuela».
Así, según cuenta Lamas, se fueron acercando más chicos con esa inquietud y se terminó armando todo de manera más orgánica. «Pero se trató de eso, de las ganas de mostrar nuestro trabajo en nuestra ex escuela. Ese fue el origen de la primera semilla de este festival».
Una característica fundamental del Semillero, que remarca Lamas es que el festival es autogestivo económicamente. «Se sostiene con las entradas y se reparten partes iguales en todos los elencos, y eso, al contrario de disminuirlo, lo potencia, ya que no dependemos de que haya fondos para que se haga o no».
La autogestión garantiza que el Semillero tenga continuidad e independencia y, en se sentido, Lautaro pone el énfasis en ese punto. «Aunque muchas veces decimos que lindo sería poder hacerlo con plata, es justamente esa independencia lo que asegura que se haga todos los años de manera, repito, muy orgánica».
Con este planteo, el Semillero se constituye en parte del circuito cultural y artístico de la ciudad, «porque muchas de esas obras, en general, ya vienen de un recorrido o, lo que es mucho más fascinante, comienzan en ese escenario un recorrido que luego continúa en otros teatros o circuitos. A lo largo de estas once ediciones se han presentado entre 50 y 52 obras teatrales».
Todos forman parte
El Semillero tiene su espacio en el Centro Cultural de la escuela secundaria Francisco de Gurruchaga, ubicado en calle Catamarca 3442 (entre Cafferata e Iriondo). Arranca en el mes de septiembre y las presentaciones son los viernes a las 20. 30 con entradas a 10.000 pesos. Normalmente se extiende a lo largo de ese mes aunque, en algunas ediciones, se ha extendido varias semanas más, como ocurrió cuando cumplió su décimo aniversario, que duró dos meses.
Una de las particularidades más atractivas que destaca el actor e integrante de la producción, es que la directora del actual elenco de la escuela y coordinadora del área, Delfina Navarro, desde hace varios años invita a los alumnos de la escuela a participar del armado.
«Estoy hablando de alumnos, no ex, que forman parte del armado de las puestas de cada función, o sea, las luces, el escenario, las sillas para el público, la boletería. También reciben a la gente o se ocupan de presentar, cosas que antes hacíamos nosotros… Bueno, ahora se ocupan los chicos y chicas, y esto les da una experiencia formidable, porque con 15, 16 años están aprendiendo a poner luces, o por lo menos viendo cómo se ponen las mismas, estás aprendiendo todas estas cosas que después, cuando te dedicas al oficio, ya las tenés incorporadas y experimentadas».
Sobre esto, Lamas reflexionó en la importancia de estos espacios para los jóvenes, ante la creciente preocupación por el uso indiscriminado de pantallas y se mostró optimista. «Justamente, son estos espacios los que le ganan a todas estas cosas, y cada vez se buscan más». «Cada vez nos damos cuenta que en realidad es una trampita, que le vamos sacando la cascara y nos vamos dando cuenta… las generaciones jóvenes más todavía. Al contrario de lo que se cree que sólo hacen eso. Yo creo que no, por ejemplo esto que ahora se critica tanto, de que van a «farmear aura»… pero son pibes sin celulares, sin nada, volviendo a la plaza, disfrutando, encontrándose, teniendo vínculos, cero pantalla. El teatro, la música, los deportes, esas cosas que son milenarias…las bibliotecas, yo actúo con mis obras mucho en bibliotecas, por todo el país, por los pueblos, en bibliotecas centenarias, y a esas cosas que son tan tradicionales, las tecnologías no le ganan«.
Lautaro recuerda cuando se hablaba de que los videoclubs iban a matar a los libros y ese tipo de cosas. «Pero eso ha ido pasando y lo que queda, muchas veces, son estas cosas más tradicionales, más humanas, más despegados de lo tecnológico, no hay que creer eso de que la tecnología ya nos ganó y que va a dominar el mundo, es todo un chamullo que nos quieren meter.
«El otro día que veía a todos los pibes, en un momento había más de 20 chicos armando en la previa, y no había ninguno, con la ansiedad o mirando el teléfono, eran todo presencia… y bueno, es hermoso cuando suceden esas cosas y son naturales. No es nada impuesto, no les prohíben entrar con el celular, lo hacen porque lo sienten, porque están bien ahí».
Actuando de local
En la primera función del Semillero de este año, el pasado viernes, Lautaro Lamas presentó la pieza teatral en la que actualmente trabaja, Relatos Sudamericanos. «Es una obra que actúo yo, trabajo con Noelia Naboni, que es mi compañera, ella está en la asistencia técnica y estética. Son cuentos actuados, cuentos propios, parte de un libro que tengo que se llama Relatos Sudamericanos, y son historias que viajan a través del tiempo y el espacio sudamericano, indagando en la memoria, en la cosmovisión y en la cultura de América del Sur a través de cuentos que no son narrados, no es sólo narración oral, sino que están actuados».
Y sobre eso, Lamas cuenta sobre la profunda emoción de actuar en ese lugar donde dio sus primeros pasos, donde fue alumno, aprendiz y donde encontró la vocación que marcó sus vida. «Fue una función maravillosa, porque fue actuar muy de local, porque es el primer escenario, y no sólo para mí, para todos los que van a actuar. Todos lo dicen, cada vez que vuelven. Yo suelo estar todos los años por ser parte de la organización. Pero para los que no han vuelto por muchos años, regresar a ese escenario, que fue el primero donde actuaste, que además sigue siendo el mismo, tiene sus retoquecitos, pero es el mismo con los telones, con su formato, en ese galpón hermoso que tiene la Gurruchaga… Y después juega lo emotivo, porque claro, a uno ahí lo han ido a ver los abuelos, los amigos de la adolescencia, los familiares más cercanos, obviamente los padres».
Se encuentran con ese recuerdo emotivo, «te vuelve sí o sí, porque es estar presente en ese espacio sagrado, ese teatro. No es solo una sensación mía, sino de cada uno y cada una que va a actuar… y poder hacerlo de vuelta con tu propia actualidad es como mezclar el presente con el pasado y se arma algo muy hermoso».
Lautaro también insiste en la impronta y la intensidad de la experiencia. Porque si bien el festival es abierto al público, hay una gran cantidad de alumnos que son adolescentes que se expresan con intensidad, aplauden con ganas, disfrutan con ganas. «¡Entonces la experiencia es tan viva! Hay mucha intensidad pero también un gran respeto al trabajo, al laburo del otro, a la expresión del otro».
Y también resalta que hay una formación dentro de lo que es el mundo teatro. «Es una materia. Y no es que vos decías, bueno… vamos a hacer una obrita. No, de entrada vos vas aprendiendo que va en serio. Y la maestra que te toque te lo hace notar claramente. Yo tengo amigos que han repetido por llevarse teatro. Y cuando vos te lo marcan así, después te lo tomás en serio».
En relación a ello, recordó a su primera profesora y a quien, en cierta forma, es una de las que plantó las primeras semillas. «Todo esto es gracias a la primera maestra de teatro que originó todo esto, que es Marisa Buso. Fue la primera docente de teatro de la Gurru y la primera directora del elenco. Fue la gestora de todo esto. Fue la que sembró estas primeras semillas, que derivó en este semillero, que ya es una selva».
Así, añadió que fue su gran maestra, «mía y de muchos y muchas otras, ella fue la gestora de todo esto. Y como docente de teatro en primer año, era muy exigente y esa exigencia era muy fuerte. Yo nunca había hecho teatro, era difícil, incómodo, daba vergüenza, y bueno, ella lo hacía con mucha exigencia, con rigor, con mucha seriedad, con mucho amor, con mucha dedicación, y hacía que uno después se tome las cosas así, y que luego se tome el oficio así».
El actor culminó con una fuerte y profunda reflexión: «Por eso hay tanta gente en el mundo del teatro rosarino, o de las artes rosarinas, aunque no vivan en Rosario, porque muchos también viven afuera, surgidos del semillero de la Gurru».
Programa completo
????✨ ¡El Semillero vuelve a llenar de teatro a La Gurru!
¡A partir de septiembre el Centro Cultural Gurruchaga abre sus puertas a una programación llena de historias, actuacion, danza, humor y muchísimas propuestas! ????
✨️Vie 4/9: «Relatos Sudamericanos»
✨️Vie 18/9: «La Chanza»
✨️ Vie 25/9: Noche de Teatro Breve:
● «Esto es danza, pero podría no serlo»
●»Lady Mariana»
●»S.O.S. Maestra» Jardinera.
● «Sin decir ni mú»
✨️Vie 2/10: «La excepción»
✨️Vie 9/10: «El lugar en el que fui feliz»
???? Catamarca 3442
???? Todas las funciones: 20:30 hs – Por orden de llegada –
????️ Entrada general: $10.000
????️ Alumnxs de La Gurru: $5.000
???? Info: @semillerogurruchaga
¡Vení a disfrutar del teatro rosarino! ????????

