DOMINGO, 19 DE JUL.

Cosmeticorexia: cada vez más niñas son afectadas por la obsesión de buscar la perfección de belleza

El "skincare" o cuidado de la piel, es una práctica normalizada principalmente por mujeres, que incluye a adultas, adolescentes y niñas muy pequeñas que comienzan a realizarse tratamientos faciales, entre muchos otros rituales de belleza que, desde la publicidad y las redes sociales, se tildan de "imprescindibles" y calan muy profundo, sobre todo, en las infancias. "Nos van instalando, desde temprana edad, la idea de que la femineidad está vinculada y asociada a la belleza" expresó Esther Pineda G., doctora en Ciencias Sociales, escritora y activista feminista, en diálogo con Conclusión .

 

Cada vez son más las niñas que utilizan rutinas de «skincare» o «cuidado de la piel». Este concepto, que podrá parecerle relativamente nuevo a muchos, es una preocupante tendencia, cada vez más instalada entre personas de muy corta edad.  En determinados casos, llega a límites casi extremos, y está liderada por influencers y tiktokers. Dicha tendencia no es inocente, esta fomentada y sostenida, principalmente, por la multimillonaria industria de la cosmética y por determinados sectores sociales. De este manera sutil y aprarentemente «inofensiva», se van creando hábitos, conceptos y una dura presión disfrazada de «autocuidado», que moldean comportamientos y fomentan estereotipos inalcanzables.

«La generación alfa, a muy temprana edad, parece estar extremadamente preocupada por el cuidado de la piel y la belleza. Tal es así, que para divertirse utilizan productos para el cuidado de la piel o celebran cumpleaños simulando estar en un spa, utilizando productos de belleza indicados para mujeres mayores de 30 o 50 años» adelantó Valeria Vaccaro de la Oficina del Consumidor de Rosario.

En este sentido, el objetivo principal que se  transmite en las redes sociales es claro: tener una piel bonita y joven. Pero, con una importante salvedad, «antes la publicidad y los productos eran apuntados a las mujeres con más de 40 años. Hoy, son las más jóvenes o niñas que comienzan a realizarse diferentes procedimientos de ‘cuidado de la piel’ no recomendable en edades tan tempranas» enfatizó Vaccaro.

Para abordar esta peligrosa tendencia, el ciclo Consumidores en Acción entrevistó a Esther Pineda G., doctora en Ciencias Sociales, escritora, poeta y activista feminista, que expresó que existe una problemática que no es nueva en estos tiempos, «que es la demanda, la exigencia, la presión social que existe sobre las niñas y mujeres para alcanzar un ideal de belleza que nos ha llevado a consumir los productos y servicios que ofrece la industria de la belleza».

Esta industria tan redituable como cruel se compone de la industria cosmética, la farmacéutica y la quirúrgica apuntó la doctora. La particularidad de la misma radica en la presión, demanda y bombardeo del consumo de estos productos y servicios. «Antes, la publicidad se hacía únicamente a través de los medios tradicionales, pero en la actualidad se suman las redes sociales. Allí,  los influencers promocionan este tipo de productos y servicios sin ningún tipo de información certificada, sin advertir sobre los riesgos que esto conlleva» alertó.

Al no existir regulación al respecto, «te pueden ofrecer un producto que puede parecer inofensivo, que no es dañino, pero también promocionan algunos con un alcance mayor. Productos y servicios mas severos, de gran riesgo para la salud, incluso para la vida».

En este sentido, ha llamado la atención el uso innecesario de muchos de estos productos que no están en el rango de edad en el que se necesitan. «Justo allí es donde notamos la cadena de consumo. La industria de la belleza está estructurada por la industria cosmética, la farmacéutica y la quirúrgica, porque crea una dependencia en el acceso y consumo de estos productos y servicios que nunca termina» agregó Vaccaro.

La aplicación de productos cosméticos a edades muy tempranas y de forma obsesiva y excesiva se lo denomina cosmeticorexia. Esta condición puede generar lesiones cutáneas que reaparecerán y exigirán, no solo el consumo de más productos cosméticos para intentar disimular el daño que empieza a producirse, sino también posteriormente el consumo de productos de la industria farmacéutica, lo que en muchos casos llevará al consumo de productos de la industria quirúrgica.

Pineda definió la «violencia estética» como el conjunto de representaciones, prácticas, narrativas y de instituciones sociales que presionan a niñas y mujeres para amoldarse o acercarse a esos parámetros de belleza. «Nos van instalando, desde temprana edad, la idea de que la femineidad está vinculada y asociada a la belleza».

Hay un punto que no se aborda en torno a esta problemática, que tiene que ver con la ‘supuesta falta de autoestima’. «Muchas veces argumentan que esto tiene que ver con la autoestima de cada una, pero claramente que no lo es, y tampoco está ligado a la autoayuda, porque con eso no basta» sentenció la profesional.

«Tiene que ver con una estructura que crea las condiciones necesarias para que ‘este malestar’ sea permanente y recurrente. Con el objetivo de que las personas sean objeto recurrente de discriminación y maltrato en diferentes espacios».

Pero esto no solo ocurre con productos y servicios de la industria cosmética, sino que cada vez surgen nuevos productos y servicios orientados al ideal de belleza, pero que tienen una duración muy corta y que conllevan y requieren el consumo permanente de dichos servicios.

El ideal de belleza no es una sola cosa, «es la articulación de varias variables, incluido el sexismo». Siempre resalto que cualquiera puede experimentar violencia estética, pero recae principalmente en las mujeres, que están bajo presión constante desde diferentes ámbitos de la vida para cumplir con el ideal de belleza. Sin embargo, también es racista porque las mujeres indígenas, afrodescendientes no encajan en ese ideal de belleza y es por eso que se les presiona para aclarar su piel, para alisar su cabello, lo cual también se ha estudiado y demostrado que tiene consecuencias para la salud».

Tenemos que tener una mirada crítica de todo lo que recibimos de los medios de comunicación y redes sociales, entendiendo que no debemos creer de inmediato aquello que se publicita ya que no debemos perder de vista que te están vendiendo algo y necesitan de tu malestar y disconformidad para que consumas estos productos y servicio».

 

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