Primera exortación de León XIV: “Dilexi te” el amor al servicio por los pobres
La carta solemne que dirige el sumo pontífice a todos los obispos y fieles del orbe católico, se publica el día en que la Iglesia conmemora a San Francisco de Asís.
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- Oct 9, 2025
Se ha publicado la primera exhortación apostólica de Robert Francis Prevost, este un trabajo iniciado por el papa Francisco sobre el tema del servicio a los pobres, en cuyo rostro encontramos el sufrimiento de los inocentes. El Papa León IV denuncia, la economía que mata, la falta de equidad, la violencia contra las mujeres, la desnutrición y la emergencia educativa.
León XIV firma su primera encíclica apostólica, Dilexi te, un texto de 121 puntos que brota del Evangelio del Hijo de Dios, que se hizo pobre desde su entrada en el mundo y que relanza el Magisterio de la Iglesia sobre los pobres en los últimos ciento cincuenta años. Una auténtica fuente de enseñanzas.
Dilexi te, «Te he amado», el amor de Cristo que se hace carne en el amor a los pobres, entendido como cuidado de los enfermos; lucha contra la esclavitud; defensa de las mujeres que sufren exclusión y violencia; derecho a la educación; acompañamiento a los migrantes; limosna que es justicia restaurada, no un gesto de paternalismo, equidad, cuya falta es “raíz de los males sociales”.
Siguiendo mandatos de antecesores
Con este documento firmado el 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís, el Pontífice agustino siguió los pasos de sus predecesores: Juan XXIII, con su llamamiento a los países ricos en Mater et Magistra para que no permanecieran indiferentes ante los países oprimidos por el hambre y la miseria.
Por su parte, Pablo VI, con la Populorum progressio y su intervención en la Organicación de las Naciones Unidas (ONU), “como abogado de los pueblos pobres”; Juan Pablo II, que consolidó doctrinalmente “la relación preferencial de la Iglesia con los pobres”; Benedicto XVI y la Caritas in Veritate, con su lectura, que se hace más marcadamente política de las crisis del tercer milenio. Por último, Francisco, que ha hecho del cuidado por los pobres uno de los pilares de su pontificado.
Una obra iniciada por Francisco y retomada por León IV
Fue precisamente Francisco quien, en los meses previos a su muerte, había comenzado a trabajar en la exhortación apostólica. Al igual que con la Lumen Fidei de Benedicto XVI, retomada en 2013 por Jorge Mario Bergoglio, también en esta ocasión es el sucesor quien completa la obra, que representa una continuación de la Dilexit nos, la última encíclica del Papa argentino sobre el Corazón de Jesús.
«Porque es fuerte el vínculo entre el amor de Dios y el amor a los pobres: a través de ellos, Dios, sigue teniendo algo que decirnos”, afirma el Papa León. Y recuerda el tema de la “opción preferencial” por los pobres, expresión nacida en América Latina no para indicar un exclusivismo o una discriminación hacia otros grupos, sino “la acción de Dios que se compadece ante la pobreza y la debilidad de toda la humanidad”. “En el rostro herido de los pobres encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo”, según el Papa.
Los rostros de la pobreza
Son numerosos los motivos de reflexión y los impulsos a la acción en la exhortación de Robert Francis Prevost, en la que se analizan los “rostros” de la pobreza. La pobreza de los que no tienen medios de sustento material”, “del que está marginado socialmente y no tiene instrumentos para dar voz a su dignidad y a sus capacidades, la pobreza, moral, espiritual, cultural; la pobreza del que no tiene derechos, ni espacio, ni libertad”.
Las mujeres víctimas de violencia y exclusión
El Sucesor de Pedro se refiere luego a la actualidad, signada por miles de personas que mueren cada día “por causas vinculadas a la malnutrición”. Doblemente pobres, añade, son “las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos”.
En uno de sus líneas analiza la proyección social de este compromiso, destacando la Doctrina Social de la Iglesia y el impulso del Concilio Vaticano II. Allí, denuncia las estructuras que generan desigualdad y propone valorar la experiencia y sabiduría de los pobres como un don para toda la comunidad eclesial.
El último capítulo, concluye con una llamada a la conversión personal y comunitaria. Recuerda que el cuidado de los pobres es una tarea permanente y cotidiana, y que los gestos concretos de ayuda y cercanía, por pequeños que sean, son expresión viva del Evangelio en el mundo actual.


