Una vez más el Arroyo Ludueña sigue siendo castigado por agentes contaminantes
Días atrás la estación elevadora que se encuentra sobre el puente que divide Rosario de Funes desbordó de residuos cloacales. Si bien desde Aguas Santafesinas (ASSA) sostuvieron que fue reparada, hoy volvió a derramar líquidos pestilentes.
- Ecología
- Por Alejandro Maidana
- Ago 20, 2025
En la ciudad de Rosario existen dos arroyos acorralados por una incesante contaminación que golpea con el poder de los jinetes del apocalipsis. Tanto el Saladillo como el Ludueña, no ocultan el dolor que cargan sobre sus aguas, dolor naturalizado por muchos, pero no por aquella minoría consciente que no se resigna a seguir peregrinando por distintas oficinas públicas exigiendo que el estado actúe para ponerle fin al ecocidio.
Muchos son los discursos edulcorados que provienen desde la verba de distintos funcionarios, pero lamentablemente contrasta contundentemente con la realidad que atraviesa este devastado curso de agua. El pasado 10 de agosto un vecino del lugar se tomó el tiempo de filmar y fotografiar lo que ni por asomo se podía asemejar a la Fontana Di Trevi.
La Estación Elevadora de Aguas Santafesinas dejaría ver como de manera explícita desbordaba de desechos cloacales. Una contundente fuente de pestilencias que generó que el aire se tornase irrespirable, destacando que aquello que se derramaba, continuaba con su camino a través del curso de agua del Arroyo.
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Si bien la empresa se hizo eco del reclamo, argumentando que se hicieron trabajos durante dos días para sanear la fuga, realizando al unísono trabajos de cloración. La necesidad de llevar adelante una obra que le ponga fin a este recurrente escenario, cuenta con la promesa de Aguas Santafesinas.
Pero claro, cuando hablamos de parches, sabes que a la corta la problemática vuelve y con más ferocidad. Este miércoles la Estación Elevadora volvió a fallar generando nuevamente una puesta en escena dantesca. Mientras se discute la nueva constitución provincial, donde el ambiente sigue oficiando de último orejón del tarro, la demostración cabal que en la agenda política hay problemáticas que suelen ser invisibilizadas, sigue su curso contaminante.

