Economías regionales y atraso cambiario
Por Esteban Guida
- Opiniones
- Jun 12, 2016
Buena parte de los reclamos a la política económica del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner estaban relacionados con el estado de situación de las economías regionales y la competitividad de algunos sectores productivos con perfil exportador.
En general, estos reclamos tenían su fundamento en un contexto internacional con caída de precios y disminución del comercio exterior, al mismo tiempo que la economía doméstica presentaba fuertes tensiones distributivas que se reflejaban en el conjunto de precios de la economía.
El coro monotemático de los pro-devaluadores , insistía con la vieja y conocida receta de modificar el tipo de cambio como factor principal y decisivo para ganar competitividad y recuperar mercados. Se sobredimensionó el efecto de las políticas cambiarias y se soslayó el problema externo (con la posibilidad inminente de que Brasil profundice su crisis económica), cargando las tintas sobre la política económica del entonces ministro Axel Kicillof.
Como se mencionó, no hay que olvidar que se trataba de una economía con tensiones inflacionarias que padecía los efectos distorsivos sobre la estructura de precios relativos generados a partir de la devaluación de enero de 2014.
Si se buscaba contener la inflación (principal reclamo de todos los sectores oficialistas y opositores) era lógico que se dilatara una nueva devaluación puesto que significaba ir en contra de ese propósito. Esa puede ser una de las explicaciones del por qué la gestión de CFK terminó con un dólar a $9.70, lo que explica en parte que aun poniendo como prioridad el sosteniendo del poder adquisitivo de los salarios, la inflación del año 2015 (medida por cualquier de los índices en oferta) presentó una tendencia a la baja.
Con estos hechos, gran parte del electorado vinculado con las economías regionales votó la propuesta de Cambiemos, con la expectativa de que una devaluación mejorara su competitividad, al mismo tiempo que se esperaba un shock de confianza para el nuevo gobierno que atrajera inversiones externas y frenara la especulación… Cosas que hasta el momento no han sucedido.
Después de 6 meses ocurrió lo que la lógica aseguraba. El golpe devaluatorio llegó apenas asumido el gobierno de Macri, alcanzando un fenomenal y abrupto 60%, situación que los formadores de precios ya habían comenzaron a descontar, incluso antes de la segunda vuelta electoral en vista de la previsibilidad del escenario con Cambiemos al gobierno.
Además del impacto de la devaluación sobre el precio interno de los insumos importados y las materias primas de origen extranjero, se sumó un conjunto de medidas que afectaron fuertemente algunos rubros que componen el costo de las empresas, como lo son: Logística y transporte (por el aumento en combustibles), energía y servicios (por el tarifazo) y los costos financiero (por la fuerte suba de tasas que impulsó el BCRA).
Con un dólar en 14 pesos y una inflación anual superior al 40%, las empresas orientadas al comercio exterior no están lejos de reeditar el viejo y conocido reclamo de atraso cambiario. En rigor, si la inflación persiste y el tipo de cambio sigue su leve tendencia a la baja, cuando se terminen de aplicar los aumentos salariales pactados (en muchos casos de forma escalonada), algunas economías regionales verán que la situación ha empeorado respecto al año anterior. No se trata de ser pesimistas, sino de analizar que si los precios internacionales caen mientras que los precios internos suben, el tipo de cambio real volverá a descender. Pero ahora, con una economía en recesión y fuerte contracción de la demanda, el mercado interno ha dejado de ser el factor contra cíclico que ayude a morigerar los efectos de una crisis.
Una situación real de atraso cambiario es insostenible, en vista de que el saldo neto de la balanza comercial es el ingreso genuino de recursos que tiene un país con relación al resto del mundo. No va a pasar mucho hasta que los sectores exportadores vuelvan a reclamar un ajuste en el tipo de cambio para mejorar su posición externa (el tipo de cambio real), argumentando que los aumentos salariales generan atraso cambiario en vista de que empujan el nivel general de precios, más allá de la variación del tipo de cambio nominal (el viejo y querido “costo argentino”).
Ya se saben los efectos de este círculo viciosos de la economía nacional: concentración de la riqueza, inflación y fuga de divisas. La realidad está demostrando que en este contexto la suerte de las economías regionales no será por demás auspiciosa.

