SáBADO, 20 DE JUN.

El Renacido

Manuel Adorni no se termina de morir, pero no deja vivir a nadie. En el gobierno dicen que su ratificación es temporal y está vinculada a lo que decida la justicia.

 

Manuel Adorni se convirtió en un lastre insoportable para el gobierno, como aquel personaje sensacional de Leonardo di Caprio al que atacó un oso y lo dejó casi muerto, pero vivo, obligando a sus compañeros a cargarlo en medio de tormentas de nieve, ríos helados, indios asesinos, franceses degenerados y precipicios abismales. Adorni no se termina de morir, pero no deja vivir a nadie. Exige tantos cuidados que es imposible hacer o pensar en otra cosa y las fuerzas empiezan a flaquear.

Pero la principal víctima del garrón interminable del jefe de Gabinete es el presidente Milei, que quedó atrapado en un chicken game, arriba de un fitito destartalado con Adorni de copiloto. Milei está convencido que si echa a su jefe de Gabinete, pierde frente a la oposición, los medios, los empresaurios, Macri, sus propios ministros, Bullrich, los odiados periodistas y los kukas, que aunque no parezca, todavía existen.

Capturado por su ego, Milei parece decidido a evitar con fiereza que le manejen los tiempos, pero perdió la capacidad de analizar lo más evidente: ¿Vale la pena gastar semejante capital político en Adorni? ¿Su permanencia es tan imprescindible para el éxito del gobierno libertario? ¿No sería más prudente guardarse ese bono que todavía le queda en parte de la sociedad, para que le aguanten los costos del ajuste en marcha o visto desde su óptica, para pedir paciencia hasta que lleguen a todos, los maravillosos frutos del modelo libertario que ya se perciben en la macro?

En su clásico equilibrio desequilibrado, Milei le intervino la vocería a Adorni luego de una inédita reunión de seis horas, de la que salió «confirmado». El joven economista y diputado Adrián Ravier es el nuevo vocero. Cercano a las Fuerzas del Cielo de Santiago Caputo, pero de buen diálogo con Karina Milei y mal diálogo con Lule Menem, con quien se peleó porque los riojanos se le metieron en el armado de La Pampa, su provincia.

Perdieron Karina y los Menem, las Fuerzas del Cielo recuperaron la comunicación presidencial. Pero lo más interesante es que se esforzaron en aclarar que el nuevo vocero no será arrogante ni chicanero. Se ve que la experiencia Adorni dejó algunas enseñanzas.

Los pampeanos son gente seria, previsible y educada, casi parecen suizos sin Alpes. Algo de esa flema le aplicó Ravier a Milei, que pasó de llamarlo «mierda humana» a ungirlo candidato a diputado libertario y ahora vocero presidencial.

La amputación presidencial de la única -módica- utilidad que hasta ahora había deplegado Adorni, que se sabe no es un fanático de las jornadas laborales extensas, confirma que como el sufrido cazador de pieles Di Caprio, el jefe de Gabinete se ubica en una borrosa dimensión política, deambula casi muerto, con la mirada en el más allá, pero molestando mucho acá.

En el gobierno aseguran que su ratificación en el cargo es «temporal», pero nadie logra definir con certeza el plazo de esa temporalidad. Cerca del jefe de Gabinete creen que seguirá en el cargo hasta que la justicia se pronuncie en su contra, se entiende que esto sería un procesamiento. Por las dudas, el juez Lijo ya dejó trascender que no piensa procesarlo: ¿Para qué hacerle ese favor a Milei?

Una situación similar se vive en el Senado. El gobernador salteño Gustavo Sánez fue el primero en argumentar que no había que destituir a Adorni, que debía ser Milei quien cargue con el costo político de echarlo, que si el Senado votaba la moción de censura contra un jefe de Gabinete por primera vez en su historia, le dejaba en bandeja al Presidente la victimización, la remanida denuncia del golpe.

Pareció el típico argumento seudo opositor pero funcional al gobierno de los gobernadores peronistas del Norte, que por momentos no son dialoguistas sino oficialistas derecho nomás. Pero la política argentina es tan especial que tal vez Sáenz tenga un punto y los peronistas duros de Mayans terminen haciéndole un favor a Milei, si en dos semanas logran derribar al jefe de Gabinete.

Milei viene arrastrando con esfuerzo admirable la camilla de su jefe de Gabinete, enterrada bajo dos metros de nieve. Cortar la soga que lo ata a su ex vocero puede ser liberador para el Presidente. En un sentido.

Pero en otro sentido es una formidable derrota cultural. La némesis de los periodistas cayó miserablemente, arruinado a niveles inimaginables, imposibilitado de circular por la calle, convertido en meme, objeto de burla hasta de La Llama que Llama. «Adorni quedó como un chorro con la gente y como un boludo con la política, no sirve más», confesó descorazonado un dirigente libertario que conoce bien a «Manuel».

En el gobierno prometen mas cambios en el gabinete, pero nadie se atreve a incluir en ese menú a Adorni. Si sigue Adorni y cambian a otros funcionarios, sería como cambiar a toda la conducción de la AFA, pero dejar a Tapia y Toviggino. Un gatopardismo al revés, que nada cambie para que nada cambie.

En algunas encuestas Milei pasó del quinto al séptimo puesto, por eso el peronismo ruega que sea candidato a su reelección, que fracase la operación del establishment para reemplazarlo por Macri o Bullrich, en la idea que ofrecen más garantías para una continuidad del actual modelo económico.

Milei se burla de esas encuestas: «Me chupan un huevo, yo después recupero», afirma. Tiene un punto, pero opinado. Le pasó antes, ¿por qué no podría pasarle de nuevo?

Es curioso como se dan las cosas: en el preciso momento que casi todo lo que dijo Milei que iba a pasar en la macro empieza a ocurrir -la micro en la que viven los seres humanos nunca fue su preocupación-, decidió incinerar su capital político en una defensa que nadie entiende y mucho menos puede explicar.

La diputada Marcela Pagano, con un talento natural para la insidia, afirmó que Adorni consultó a su abogado los pasos para convertirse en testigo arrepentido. Reforzó así la hipótesis mayoritaria que revelan las encuestas: Milei no lo suelta porque teme que hable. De Libra y otras cosas. Pagano sacude una interna que conoce bien.

El peronismo, que no le hizo caso a Perón y está más desorganizado que nunca, no sabe muy bien que hacer con las carpetas que les acercan de uno y otro lado de la grieta libertaria. «No tenemos experiencia en política de patrullero», reconoce un diputado peronista, que se limita a girar a periodistas amigos las «denuncias» que le acercan desde el gobierno.

Adorni no reemplaza la falta de rumbo del peronismo, pero los ayuda muchísimo a pasar silbando bajo estos meses de consolidación del modelo libertario.

El año que viene, como siempre en la Argentina, será otra historia.

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