Producir ignorancia: la médula de una guerra silenciosa, la cognitiva
La expansión de ciertas narrativas a través de los distintos medios de comunicación, y el uso estratégico de la información, la tecnología y la psicología, ha dado vida a una peligrosa herramienta. Hay un despliegue táctico especial para poner una fecha de vencimiento a la política, previamente debilitada tanto por la demonización aplicada en el transcurso del neoliberalismo como por la extrema mercantilización actual.
- Política
- Por Alejandro Maidana
- Ene 8, 2026
La disputa narrativa no es un fenómeno superficial, no se trata de una moda impuesta o una percepción de la realidad, el control de la narrativa es un hecho tan importante como concreto. El incesante bombardeo informativo proveniente de las redes sociales, donde la deformación de la realidad es una incisiva punta de lanza, tiene como botín de guerra el apoderamiento de los sentidos.
Bajo estas reglas de juego, la verdad queda relegada y la sociedad se convierte en mera espectadora de una guerra de percepciones que amenaza con vaciar de contenido el debate democrático. Apunten al individuo, fuego. Una aceitada maquinaria de manipulación que tiene como objetivo coquetear con narcisistas, ególatras, desprevenidos, perezosos mentales y todo aquel o aquella que este dispuesto a consumir lo masticado sin necesidad alguna de reflexionar sobre lo vertido.
Las protestas, los partidos políticos, las organizaciones libres del pueblo, la democracia representativa reflejada en las urnas, flaquean una y otra vez a la hora de contrarrestar un discurso cuidadosamente construido para calar hondo en lo cognitivo ¿Cómo se puede fortalecer una contranarrativa? Sin los alfiles de la democracia antes mencionados, la conducción hacia un camino de lucidez reflexiva suena a utopía, al menos a corto o mediano plazo.
En tiempos de posverdad, no importa lo que puedas probar, sino aquello que puedas hacerles creer a las mayorías. La “mentira emotiva” implica la distorsión deliberada de una realidad en la que priman las emociones y las creencias personales frente a los hechos objetivos y las proyecciones colectivas ¿Cuál es el fin? Sencillo, crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales.
Como sostendría el gran José Luis Sampedro, escritor y humanista español, «la opinión pública está influida por los medios de comunicación, y los medios están en manos de quienes mandan, y los que mandan favorecen a los que dicen lo que a ellos les conviene y borran todo lo que no les conviene. Así que la opinión pública es, sobre todo, opinión mediática. Y el ciudadano acepta porque el trabajador llega a casa cansado y no se pone a reflexionar sobre cuestiones de política internacional, por ejemplo«.
Claramente esta narrativa impuesta por los oligopolios informativos, se les suma aquello que proviene desde las redes sociales, aquellas que han disparado el debate de lo que se debe controlar, y lo que no. Atacar desde lo comunicacional como un partido político, y defenderse con el esmerilado argumento de la libertad de expresión, sigue siendo la moneda de cambio de aquello que brota incesantemente desde la contundencia de un reel de Instagram, un video de Tik Tok o un posteo en X.
Apelar a las emociones, a los matices de la individualidad, alimentar los odios, responsabilizar a otros de mis deseos inconclusos, manipular voluntades, generar confianza, en definitiva, un compendio de corruptos e inmorales dando cátedra de ética y moral desde un espacio que no requiere comprobación, veracidad ni autenticidad, sino una rápida aprobación, consumo y propalación.
Claro, a todo este arsenal informativo y de los otros, debemos ineludiblemente poner en relieve la IA. Los fraudes con inteligencia artificial consisten en el uso de algoritmos de generación audiovisual para suplantar identidades, difundir noticias falsas o extorsionar víctimas. A diferencia de los montajes tradicionales, estos contenidos se producen mediante modelos de aprendizaje automático capaces de replicar expresiones, gestos y tonos de voz humanos.
El multiverso informativo avanza a pasos agigantados, no hay manera de poder descifrar con antelación cuales serán sus objetivos, y a quiénes servirán los mismos. Todo está fríamente calculado, diría un antihéroe vestido de rojo y de corazón amarillo. La disputa de sentidos fue puesta en marcha hace muchísimo tiempo atrás, pero hoy, la variedad y contundencia del armamento tecnológico utilizado, nos muestra que la guerra cognitiva suma perdedores a las filas de las enormes mayorías, incluyendo a quienes hasta hace muy poco tiempo, se creían intocables.
El Lingüista y filósofo estadounidense Noam Chomsky sostiene que “la idea básica que atraviesa la historia moderna y el liberalismo moderno es que el público debe ser marginado. El público en general, es visto no más que como excluidos ignorantes que interfieren, como ganado desorientado”.
Por el lado de la socióloga ecuatoriana Irene León, investigadora de la guerra cognitiva, argumenta que «el campo de la información, donde las noticias falsas o la difusión de datos apócrifos se han posicionado como una forma de hacer comunicación. Los avances de la Inteligencia Artificial y el aprendizaje automático facilitan el proceso. En el recurso del individualismo se espera consumar el desinterés en lo colectivo, principalmente en la política, pero también en lo social e incluso en las expresiones culturales que no se organizan desde el mercado. Hay un despliegue táctico especial para poner una fecha de vencimiento a la política, previamente debilitada tanto por la demonización aplicada en el transcurso del neoliberalismo como por la extrema mercantilización actual”.
Para llevar a cabo esos propósitos desestabilizadores de la mente y los comportamientos, esta guerra acude a un enfoque multidisciplinario donde intervienen la comunicación, la neurociencia, la sociología y una diversidad de componentes de tipo no cinético. “Aquí podemos enfocarnos en operaciones psicológicas, operaciones de información y operaciones cibernéticas. De este entorno multidisciplinario han surgido incluso nuevas disciplinas, por ejemplo, la agnotología, que es la ciencia de la producción de la ignorancia que, en sentido opuesto a las pedagogías para propiciar la universalidad de la alfabetización, estudia los medios para propagar la ignorancia en un objetivo de manipulación del espíritu”.
En fin, estamos inmersos en una despiadada puja por el nuevo orden mundial, y para todo nuevo orden, el desorden previo funciona como combustible. La guerra cognitiva esta en marcha, el control de las narrativas comenzó mucho tiempo antes. Desde la antigüedad, el propósito de la guerra no es la derrota militar del adversario en sí misma, ni siquiera su destrucción, sino la aceptación de la preeminencia propia por parte del enemigo y su sometimiento.

