La Iglesia Católica celebró este 6 de enero la solemnidad de la Epifanía del Señor, en la que se recuerdan tres manifestaciones: Jesucristo, en Belén como Jesús Niño, al ser adorado por los magos; en el río Jordán, bautizado por Juan El Bautista; y en Caná de Galilea, al hacer patente su gloria transformando el agua en vino en las bodas.

Mientras en Oriente la Epifanía es la fiesta de la Encarnación, en Occidente la celebración del 6 de enero gira en torno a la adoración a la que fue sujeto el Niño Jesús por parte de los tres Reyes Magos, como símbolo del reconocimiento del mundo pagano de que Cristo es el salvador de toda la humanidad.

De acuerdo con la tradición de la Iglesia del siglo I, se relaciona a estos magos como hombres poderosos y sabios, posiblemente reyes de naciones al oriente del Mediterráneo.

Hombres que por su cultura y espiritualidad cultivaban su conocimiento de hombre y de la naturaleza esforzándose especialmente por mantener un contacto con Dios.

Del pasaje bíblico se sabe que son magos, que llegaron a Belén de Oriente y que como regalo portaban incienso, oro y mirra; de la tradición de los primeros siglos se dice que fueron tres reyes sabios: Melchor, Gaspar y Baltazar.

Hasta el año 474, sus restos estuvieron en Constantinopla, la capital cristiana más importante en Oriente; luego fueron trasladados a la catedral de Milán (Italia) y en 1164 fueron llevados a la ciudad de Colonia (Alemania), donde permanecen hasta la actualidad, según la agencia Aci Prensa.

El hacer regalos a los niños el día 6 de enero corresponde a la conmemoración de la generosidad que estos magos tuvieron al adorar al Niño Jesús y hacerle regalos tomando en cuenta que “lo que hicieres con uno de estos pequeños, a Mí me lo hacéis” (Mateo 25, 40).