¿Qué sucederá durante el ascenso y el reinado del Anticristo?
En un análisis del padre Castellani sobre el reinado del Anticristo, basado en el último libro de la Biblia, el apocalipsis advierte que pasaremos por un tiempo de ocaso casi total de la fe.
- Religión y espiritualidad
- Mar 27, 2025
Un análisis del padre Castellani sobre el reinado del Anticristo, basado en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, nos indica que pasaremos por un tiempo de ocaso casi total de la fe. Según el sacerdote, este período será marcado por la desaparición casi total de la creencia y la moral cristiana, lo que llevará al reinado del Anticristo, quien dominará toda la tierra. Durante este tiempo, los pocos cristianos verdaderos que no apostataron serán perseguidos con gran ferocidad.
Afortunadamente, el padre Castellani también ofrece una nota de esperanza: este período de oscuridad será acortado, pues, de lo contrario, nadie podría resistir la intensidad de la persecución y el sufrimiento. Este tiempo culminará con la inminente Segunda Venida de Cristo, que traerá la justicia y el fin del reinado del mal.
Para profundizar en este análisis basada en las reflexiones del padre Alfredo Sáenz SJ, quien se apoya en las ponencias del padre Leonardo Castellani. Además, con las enseñanzas de San Vicente Ferrer sobre el final de los tiempos, cuyas palabras siguen resonando en el contexto actual sobre este sombrío pero esperanzador panorama.
El Apocalipsis, último libro de la Biblia, nos recuerda que este mundo tiene un fin. Sin embargo, dicho término será precedido por una gran tribulación y una apostasía generalizada. Tras estos eventos, ocurrirá el advenimiento de Cristo y el establecimiento de su Reino, un Reino que no tendrá fin.

La llegada del Señor será precedida por cataclismos, principalmente cósmicos. En su Discurso Escatológico, Jesús describe que “habrá en diversos lugares hambres y terremotos… el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo” (Mt 24:7.29). En la Escritura, el sol a menudo simboliza la verdad religiosa, la luna representa la ciencia humana y las estrellas son una figura de los sabios y doctores. Los exégetas se preguntan si estos “signos en el cielo” serán físicos o metafóricos. El padre Castellani considera que podrían ser ambas cosas, ya que el universo físico no está separado del universo espiritual.
A pesar de los cataclismos y señales en el cielo y la tierra, Cristo dio tres signos fundamentales para la inminencia de su Segunda Venida: la predicación del Evangelio en todo el mundo (cf. Mt 24:14), el término del vasallaje de Jerusalén en manos de los Gentiles (cf. Lc 21:24) y un período de “guerras y rumores de guerras” (Mt 24:6).
Estos tres signos parecen haberse cumplido. El Evangelio fue traducido a todas las lenguas y los misioneros recorrieron todos los continentes. Jerusalén ha regresado a manos de los judíos con la instauración del Estado de Israel. Además, las guerras, como señaló el Papa Benedicto XV en 1919, parecen haberse convertido en una institución permanente en la humanidad.
Estos síntomas parecen estar preludiando el fin, que culminará con el Reinado Universal del Anticristo, quien perseguirá a todo aquel que crea genuinamente en Dios, hasta ser finalmente vencido por Cristo.
El padre Castellani reflexiona sobre la falsedad del concepto de un “progreso indefinido”, que se opone directamente a la enseñanza de Cristo sobre un final catastrófico. Los defensores de esta idea afirman que, dado que el mundo existe durante cientos de millones de años, puede continuar existiendo por siglos más. La Ciencia y la Civilización convertirán al mundo en un Edén para el Hombre Emancipado.
Según Castellani, “la última herejía será optimista y eufórica, ‘mesiánica’”. Esta visión del mundo se convertirá en un resumen de todas las herejías anteriores. La enfermedad mental específica del mundo moderno es la creencia de que Cristo “no volverá más”. En este contexto, el mundo declara que el cristianismo ha fracasado y crea sistemas para resolver todos los problemas, nuevas Torres de Babel para intentar alcanzar el cielo, negando así explícitamente la Segunda Venida de Cristo.

El mundo, al negar la Segunda Venida de Cristo, termina falsificando el cristianismo, transformándolo en una adoración del hombre. Como Castellani señala, “todos los cristianos que no creen en la Segunda Venida de Cristo se plegarán a ella, y ella les hará creer en la venida del Otro”, es decir, el Anticristo, quien será recibido como un salvador.
El mundo no continuará su desarrollo indefinidamente, ni se acabará por azar o por un choque cósmico. El fin de los tiempos será una intervención directa del Creador. “El Universo no es un proceso natural, como piensan los evolucionistas o naturalistas –escribe Castellani–, sino que es un poema gigantesco, un poema dramático cuyo inicio, nudo y desenlace están reservados por Dios”. El dogma de la Segunda Venida de Cristo, o Parusía, es tan importante como el de su Primera Venida, o Encarnación.
Como señala Castellani, “la señal más cierta de la aproximación del Anticristo será cuando la Iglesia no quiera ocuparse de él”. Para entender los signos del Apocalipsis, es esencial desentrañar quiénes son y qué papel juegan los actores principales en esta narrativa, pues son ellos quienes nos revelan el camino hacia el cumplimiento de las profecías bíblicas.

El Apocalipsis nos presenta el drama de la lucha secular entre el bien y el mal, una batalla que ahora alcanza su culminación y se radicaliza. En este contexto, es esencial detenernos a considerar los principales personajes que actúan en la narrativa, muchos de los cuales se presentan bajo la forma de símbolos.
En el telón de fondo del Apocalipsis, encontramos a los dos grandes protagonistas: Cristo y el Dragón. Cristo, el Señor de la Historia, es el Cordero que abre el libro sellado, demostrando así su dominio absoluto sobre los eventos históricos. Frente a Él, aparece el Dragón, que representa al demonio, el abanderado de las fuerzas del mal. Junto a él, se encuentran dos auxiliares: la Bestia del Mar, que dominará en el plano político, y la Bestia de la Tierra, que llevará a cabo la falsificación del cristianismo. La tierra, en la Escritura, es el símbolo de la religión, mientras que el mar simboliza el orden temporal. Ambas Bestias están estrechamente conectadas y aliadas en su lucha contra el bien.
La Primera Bestia, el Anticristo, es uno de los personajes clave en este drama. A lo largo de la historia, muchos han intentado identificar al Anticristo con figuras concretas. Los primeros en ser señalados fueron los emperadores romanos, quienes persiguieron a los cristianos. En el bajo Medioevo, algunos pensaron que Mahoma representaba al Anticristo. Hoy, algunos autores, como Belloc, sugieren que el Islam podría resurgir como un Imperio Anticristiano más poderoso que antes. Con la llegada del Protestantismo, la figura del Anticristo también fue vinculada al Papado, especialmente por Martín Lutero, quien vio en el Papa la figura de la Gran Ramera mencionada en el Apocalipsis.

El padre Castellani ofrece una interpretación gradual del Anticristo, sugiriendo que las Siete Trompetas del Apocalipsis simbolizan siete grandes herejías en la historia de la Iglesia. Estas herejías serían precursores del último Anticristo, que prepara el terreno para su llegada. A medida que las herejías crecen en fuerza y malignidad, se acercan más al «Hombre de Pecado».
Las Trompetas representarían lo siguiente: el arrianismo, el Islam, el Cisma Griego, el Protestantismo, la Revolución Francesa, y las guerras entre continentes. Finalmente, llegamos al fin de los tiempos, cuando el Anticristo se manifestará y atacará directamente el primer mandamiento, con un odio formal hacia Dios.
Antes de la manifestación del Anticristo, según San Pablo, debe ser removido un misterioso obstáculo que retiene su aparición. Este obstáculo, denominado «katéjon» por San Pablo, se refiere a algo o alguien que impide la llegada del Anticristo. Algunos Padres de la Iglesia pensaron que este obstáculo era el Imperio Romano cristianizado. En el siglo XIII, Santo Tomás vio en la Cristiandad medieval la continuación de dicho Imperio. Según esta interpretación, las estructuras residuales de este Imperio impiden la manifestación del Anticristo, quien eventualmente restaurará el Imperio, pero a su manera.
Algunos autores, como San Justino y San Victorino, creían que la Iglesia misma era el obstáculo, ya que su presencia detenía la llegada del Anticristo. La Iglesia, en este caso, se vería reducida a la oscuridad, perdiendo su influencia sobre el orden social. Castellani, en su obra, menciona que la Iglesia puede entenderse en tres sentidos: la Iglesia como el proyecto de Dios, la Iglesia terrenal con sus fieles y la Iglesia visible, representada por el Vaticano, que mantiene una relación estrecha con el mundo. Es en este último sentido que la Iglesia puede perder influencia antes de la manifestación del Anticristo.
La figura del Anticristo fue sido interpretada de diversas maneras. Inicialmente, los Padres de la Iglesia consideraron que se trataba de una persona concreta e individual. Sin embargo, con el Renacimiento surgió la idea de un Anticristo colectivo e impersonal. Ambas interpretaciones son válidas, ya que el Anticristo será un espíritu de apostasía que se respira en el ambiente, pero también será una figura humana. San Pablo lo describe como «el hombre impío», «el inicuo», «el hijo de la perdición».
El nombre «Anticristo» fue introducido por San Juan, mientras que San Pablo lo llamó «Ánomos» (el sin ley), y Cristo lo denominó «el Otro». El Apocalipsis menciona que la cifra del Anticristo será 666. En griego, la palabra «Bestia» (theríon) tiene un valor numérico que suma 666, lo que fue interpretado como una referencia al Anticristo. La identidad del Anticristo fue sido objeto de especulación: algunos lo han imaginado como ruso, norteamericano o incluso judío, para emular a Cristo. Sin embargo, la figura del Anticristo no será necesariamente siniestra en su apariencia. De hecho, se presentará como un humanitario, fingiendo ser virtuoso mientras oculta su crueldad, soberbia y mentira.
El Anticristo aparecerá inicialmente de manera modesta, pero su poder se expandirá rápidamente. Según algunos escritores antiguos, en los tiempos finales, habrá diez reyes, a quienes se les llama «los diez cuernos». El Anticristo será el undécimo rey, un «cuerno pequeño», que emergerá de una lucha entre otros reyes. A partir de ahí, dominará el mundo, estableciendo un reino que reunirá a todos los adversarios del cristianismo, tanto del Oriente como del Occidente, incluyendo un contubernio entre el capitalismo y el comunismo.
El Anticristo ofrecerá una paz «benéfica» a los ojos del mundo, aunque será una paz sacrílega y engañosa. Resolverá los problemas económicos y sociales, ofreciendo abundancia e igualdad, pero a costa de la libertad y la dignidad humana. Su obra será una falsificación del Reino de Cristo. No solo destruirá lo que queda de la Cristiandad, sino que sustituirá a los profetas de Dios por falsos profetas. En su teología, se autopromoverá como el salvador de la humanidad, negando que Cristo es el Salvador y el Dios verdadero.
El misterio de iniquidad que el Anticristo representa se resume en el odio a Dios y la adoración del hombre. Castellani observa cómo los tiempos modernos propagan la idolatría del hombre, y cómo el Anticristo aprovechará esta corriente para consolidar su poder sobre el mundo.
Un aspecto crucial relacionado con la Primera Bestia es la cuestión de la sede y el ámbito de su gobierno. Castellani sugiere que este poder podría tener su centro en Europa, Norteamérica y Rusia, regiones que podrían constituir una urbe concreta o un conjunto de urbes que han logrado conquistar el poder mundial.

En el Apocalipsis, se menciona que «la mujer que has visto es la Gran Ciudad, la que tiene soberanía sobre todos los Reyes de la tierra» (Ap 17: 18), lo que señala la centralidad de una gran metrópoli en el dominio del Anticristo.
San Juan, al describir la visión de esta ciudad, observa que está escrita en su frente la palabra «misterio» (cf. Ap 17: 5), un término que indica que esta ciudad personifica el Misterio de Iniquidad, simbolizando una urbe moderna, desacralizada y laicista. Será la capital de un imperio sacro falsificado, un imperio basado en el imperialismo y el materialismo, con una economía centrada en el consumo y el comercio.
San Juan la describe como una ciudad tecnocrática, brillante por el resplandor de sus luces, adornada con oro y joyas, y llena de comerciantes que representan el materialismo y la corrupción. Lo más destacable de Babilonia es su proyecto de «carnalizar» la religión, legalizando y promoviendo los planes del Anticristo, transformando la espiritualidad en una mera herramienta de control.
En cuanto a la duración de su gobierno, la mayoría de los comentaristas coinciden en que el reinado del Anticristo durará tres años y medio, un período de tiempo que parece insinuar el profeta Daniel (cf. 7: 25) y que el Apocalipsis confirma al decir que «se le dio poder de actuar durante cuarenta y dos meses» (Ap 13: 5; cf. también 11: 2).
Al final de este tiempo, la Gran Babilonia caerá de manera abrupta, con un desplome estrepitoso que provocará el llanto de «los mercaderes de la tierra» (Ap 18: 11), testigos de la ruina de la ciudad que una vez ostentó el poder.
Junto al Anticristo, el Apocalipsis nos presenta a otro personaje crucial: el Pseudoprofeta, la Segunda Bestia, que actúa como el brazo derecho del Anticristo en su intento de corrupción universal. Este personaje también buscará asemejarse a Cristo, como se describe en el Apocalipsis: “Hablaba como el Dragón, pero tenía dos cuernos como de cordero” (Ap 13: 11).

Mientras que la Primera Bestia surge del mar, simbolizando el ámbito político, la Segunda Bestia emerge de la tierra, es decir, del ámbito religioso, cuyo propósito será que todos adoren al Anticristo: “Hizo que toda la tierra y sus habitantes adoraran a la Primera Bestia” (Ap 13: 12). Dotado de poderes taumatúrgicos, este falso profeta realizará «grandes portentos» (Ap 13: 13), aunque estos no serán milagros genuinos, sino meras ilusiones.
La principal labor del Pseudoprofeta será la adulteración de la religión. Las Dos Bestias representan el poder político y el instinto religioso del hombre, ambos convertidos en fuerzas malignas contra Dios. Castellani sostiene que, cuando la Iglesia pierda la efusión del Espíritu y la religión sea corrompida, aparecerán tanto el Anticristo como el Falso Profeta. Aunque no se trata de una pérdida total de la fe, la Iglesia se verá gravemente afectada.

El demonio no se enfoca en matar, sino en «corromper, envenenar, falsificar». Para Castellani, el mundo ya está suficientemente preparado para recibir al Pseudoprofeta, cuya misión será transformar la Iglesia en una institución más centrada en lo terrenal, buscando poder y riquezas. Así, el falso profeta organizará una adoración colectiva de la Primera Bestia, realizará prodigios en su nombre, como hacer llover fuego del cielo, e incluso inventará una resurrección amañada del Anticristo (cf. Ap 13: 3, 12).
Todo esto será posible gracias al apoyo de un sector de la Iglesia corrompido, dispuesto a seguir la agenda del Anticristo, concretando la adulteración del cristianismo en una versión de fe completamente vacía y manipulada.

