MARTES, 20 DE OCT.

Algo sobre el éxito

El éxito, un estado que se alcanza con compromiso, fe y perseverancia

 

José Ingenieros dejó algunas enseñanzas ciertamente magistrales, superiores incluso a muchos famosos filósofos de todos los tiempos y todas las latitudes del planeta. Recuerdo hoy esa frase del extraordinario argentino que dice:  “Sólo pueden mirar el sol de frente quienes osan clavar su pupila sin temor a la ceguera”. Ciertamente que puede aplicarse esta idea a muchos aspectos de la vida. En sí misma encierra un convite al desafío. Y por cierto que la frase encierra el concepto de éxito. Nadie es exitoso en la vida si no se atreve, si no se compromete, si no se reviste de fe, de autoestima, de perseverancia, de esfuerzo y de perseverancia a pesar de los obstáculos.
El éxito sólo está reservado para aquellos que se atreven, para los que no temen acometer una empresa, para los que tienen una férrea fe y una incontrastable voluntad de lograr lo que desean. Pero detrás de este primer mensaje hay un segundo que no por estar luego es menos profundo: el éxito no es para quien atreviéndose a mirar la potente luz, queda enceguecido por la misma y pierde el rumbo en la vida, se echa a perder, o se apoltrona vencido y entregado.
Segúne el diccionario, éxito es el “resultado feliz de un negocio o actuación”. Sí, también podría decirse que es el resultado feliz al realizarse el balance general y esencial.
El éxito es benigno y necesario y está presente como meta en todo ámbito de la existencia humana: en el amor, en la familia, en el trabajo, en la profesión, en el deporte. En fin, que en todo aquello que haga el ser humano el ser humano aspira al éxito.
El éxito, por lo demás, comprende al fracaso. ¿Cómo puede ser eso? ¿No son cuestiones encontradas? En la creación todo es dualidad y oposición, pues de otro modo no sería creación, así pues no puede haber éxito si no hay fracaso, pues precisamente por lo general los grandes éxitos se sustentan en grandes o pequeños fracasos.
Es habitual que el ser humano se sienta frustrado ante los fracasos y esto es un error, porque precisamente son las adversidades, los parciales resultados infelices los que van preparando el camino para que se logre el éxito. El fracaso, podría decirse, trae consigo la experiencia y,  si la persona tiene una dosis justa de amor propio, robustece la voluntad y el esfuerzo coadyuvando al triunfo. De manera que sería una buena medida no frustrarse ante los fracasos, sino buscar en ellos las enseñanzas que dejan y que ayudan a conseguir el éxito.
Dicho esto, es menester referirnos, finalmente, al gran concepto de éxito, es decir a la gran meta que debe lograr el hombre para considerarse exitoso. Claro, porque un ser humano puede ser un exitoso deportista, un exitoso artista, un exitoso abogado, pero al mismo tiempo haber terminado su vida en el más rotundo de los fracaso como persona. ¿Cuándo sucede esto? Cuando a pesar de todos los logros el ser umano siente que no se ha completado, que una parte de su ser está vacía y que a medida que avanza el tiempo y se acercan los postreros días ese vacío se agiganta y todo lo demás desaparece quedando en su existencia sólo esa suerte de “nada” como una realidad única y angustiante. No hay casa por lujosa que sea, ni auto, ni acciones, ni cuentas bancarias, ni efímeros amantes que puedan llenar ese vacío. Ese es un abismo producido por la ausencia del más grande éxito que puede alcanzar el ser humano: amarse para amar en la verdadera dimensión del sentimiento que lo eleva y lo completa.
Alguien decía que “la verdadera medida de nuestra valía se compone de todos los beneficios que lo demás han obtenido de nuestro éxito”. En la medida que los éxitos parciales (sus resultados) no son ofrendados, al menos en parte, a quien está al lado,  entonces tales éxitos no producirán ningún fruto, todo será efímero y al final vano. Un ejemplo siempre vigente es el de aquel ejecutivo o profesional que en aras del éxito, y aun logrado éste, se olvida de lo esencial: su pareja, su esposa, sus hijos, sus hermanos, sus amigos, sus subordinados.
Por eso es bueno recordar, para salir un poco de la filosofía formal y circunspecta, el consejo del padre del soul, James Brown, quien solía decir: “Pregúntate si lo que estás haciendo hoy te acerca al lugar en el que quieres estar mañana”.

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